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sábado, 24 de febrero de 2024
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Pifu aún da la bienvenida en Alcatraz, su esquina de levadura y muzzarella

En el Día Internacional de la Pizza, dialogamos con Guido de Julio.

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Hoy, 9 de febrero, se celebra en todo el mundo el Día Internacional de la Pizza, ese manjar que parece ser el más aceptado por los paladares universales. Sin ninguna duda que la pizza es un símbolo de la gastronomía italiana aunque la propia palabra pizza deriva del griego pēktos que significa sólido o coagulado, razón por la cual algunos historiadores afirman que allí hay que buscar su origen.

Como quiera que sea, en Argentina es un plato que alcanzó máxima popularidad y es hoy tan consumido y apetecido entre nosotros como un buen asado o como la mismísima milanesa, al cabo uno de los bocados de más raigambre argentina.

Bolívar es dueña de una gran tradición pizzera, que suma apellidos históricos como Cortina y Volpe o Delgado, sólo para mencionar a algunos de los que ya no están y dejaron sus improntas. Sin embargo, la mente vuela rápidamente hacia el nombre de Heriberto Oscar De Julio, el “Pifu”, quien nos dejó en el año 2021 pero que, sin dudas, dejó su identidad grabada dentro de los pizzeros bolivarenses. Su local Alcatraz aún permanece abierto y en pleno crecimiento en manos de sus hijos Guido y Gonzalo.

Precisamente por este día y porque el mismo nos disparó el recuerdo de Pifu, a quien caracterizamos alguna vez como uno de los símbolos de la amistad en Bolívar, visitamos hoy a Guido y dialogamos con él, ante todo evocando “al viejo”, cuyo espíritu seguramente está escondido en algún rinconcito abrigado de la esquina de Brown y Venezuela.

“Mi viejo nos dejó todo esto y gracias a él aquí estamos, con mi hermano y mi madre intentando no solamente mantener este negocio abierto sino también intentando mejorar algunas cosas. Afortunadamente la clientela nos responde muy bien. Hay mucha gente que viene aquí y es de la época de mi padre y hay mucha otra que es clientela nueva”, dice Guido quien asume que es la primera entrevista periodística que enfrenta; aunque hay que decir que lo hace muy bien.

Y sigue: “papá hacía la pizza clásica y nosotros empezamos a variar y a sumar otras especialidades, como la de cantimpalo, la especial, etc. Todas cosas que si nos viera seguro “nos mata”, porque sabés cómo era él (risas)”.

Guido tiene la misma sonrisa que Pifu, o al menos quizás quisimos adivinarla así. Junto a Gonzalo, que llegó cuando la charla terminaba y su madre, se han encargado de mantener vivo ese aire de bienvenida que recibe el visitante apenas pasa la puerta de entrada. Es que Alcatraz, a pesar de su nombre que refiere a aquella prisión sórdida y lúgubre, es un lugar acogedor, llano, simple, de esos a los que dan ganas llegar y permanecer.

Una esquina bolivarense con olor a muzzarella y levadura le hace homenaje a la pizza y, de paso, mantiene tibio el recuerdo de Pifu.

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