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jueves, 04 de agosto de 2022
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Pequeños demonios azules, pico y pala para un futuro color de rosa

Melina Cardoso está conforme, pero sabe que la obra puede y va a mejorar.

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Es un caso curioso el de Mélina Cardoso. La actriz admite que hubiese elegido componer el personaje que encarnó Carla Gentile en No puedo imaginar el mañana, o incluso el de Anneris Escalada en Háblame como la lluvia, pero con la misma contundencia enfatiza que terminó encariñándose con el papel que finalmente desempeñó en la obra La marquesa del Detebencil, primera de la cuatro que componen el espectáculo Pequeños demonios azules, que la compañía La Barraca llevó a cabo los fines de semana de junio en el teatro El Mangrullo.

Cardoso encarna a una mujer acosada por las pulgas en el conventillo de mala muerte en el que se desarrolla la obra, que miente una alcurnia que no tiene y termina expulsada del lugar por la regente, la astringente señora Gauna que compone Patricia Galaz. Melina comparte escenas con Leandro Galaz.

Tras la primera serie de seis funciones en la sala de Venezuela 536, su sensación es “muy satisfactoria. De cierta manera se cierra una etapa; haber llegado a esta concreción después de tantos traspiés tranquiliza (el proceso de ensayos sufrió varias interrupciones, básicamente por las restricciones sociales por la pandemia)”, admite la actriz en entrevista con el diario. Pero más que en haber llegado, la satisfacción estriba en el cómo, “en la producción” que La Barraca logró elaborar para un producto artístico que fue muy bien recibido por crítica y público.

“Sentí mucho compromiso grupal, y fue gratificante”

Eso en una mirada general. ¿Y con tu performance estas conforme?

-Ensayamos por separado, y cuando se empezó a unir todo (las cuatro obras) y especialmente durante los ensayos en el propio teatro, yo estaba detrás del telón, haciendo cosas que no se ven pero que son necesarias para que todo funcione. En esa instancia pensaba que qué bueno es estar en un grupo con este compromiso con lo que hace y esta seriedad. No he tenido muchas experiencias de llegar a concretar una obra, pero me ha pasado que el último tiempo antes del estreno se transita con tensiones, incluso entre los propios integrantes del grupo. Ahora no me pasó eso, lo que en cambio sentí fue el fuerte compromiso de todos con producir algo que va mucho más allá de un hobby, regidos por la real intención de que la obra saliera bien. Mucho compromiso grupal percibí, algo así como un ‘qué lindo estar acá, ser parte de esto’. Cuando logramos funcionar como colectivo y todo fue encajando, lo que incluye aportes que no se ven, me resultó gratificante. Yo ahora estuve mucho más detrás de escena que en otras ocasiones (sólo participó en La marquesa del Detebencil).

(Meli no respondió, pero en lugar de volver a la carga opto por preguntarle algo adyacente, que podría verse como una repregunta vestida con otros ropajes.) 

¿El personaje que hiciste es el que preferías, o te hubiese gustado otro?

-En realidad no es el personaje que elegí, pasé por un montón de roles e incluso en un momento no iba a estar en el proyecto, en ningún lugar. Comencé dirigiendo No puedo imaginar el mañana, e iba a interpretar un personaje de una de las obras que finalmente quedaron fuera del espectáculo. Mi compañero fue cambiando, no se pudo concretar y se quitó esa pieza. Al personaje de La marquesa lo iba a componer ‘Calala’ Ané, pero después de un parate en los ensayos se le complicó todo y entonces Gabi (Silva, el director original) me invitó. Yo ya conocía esta obra, del profesorado de Teatro. Pero confieso que no es un personaje que hubiese elegido.

¿Y cuál te gustaba?

-El de Carla (Gentile) en No puedo imaginar el mañana me gusta mucho, y también el de Anneris (Escalada) en Háblame como la lluvia.

Pero terminaste queriendo al personaje que te tocó, supongo.

-Sí. Sí. Se hizo todo un trabajo relacionándolo con otra obra de Tennessee que me gusta mucho, Un tranvía llamado deseo. Ahí encontré todo un sentido, como una historia previa del personaje, que eso no se ve. Entonces le fui encontrando otra cosa, otros matices, y claro que lo terminé queriendo.

¿Se puede mejorar la obra? Seguramente después de un receso tendrán más funciones…

-Sí. De hecho creció mucho, fue creciendo función a función. Pero creo que habrá un replanteo, nos reuniremos a charlar para ver cómo vamos a seguir, porque la idea es llevar la obra a ciudades cercanas y quizá también ofrecer más funciones acá. Después de vista, tal vez hay cosas que no le terminan de cerrar a Ana (Maringer, la directora general), y también el propio ‘Mono’ (Alabart) se replanteó algunas cosas. Sin adelantarte algo que no sé, intuyo que puede haber cambios, incluso grandes cambios. Intuyo. Pero sí es seguro que seguiremos trabajando la obra, porque no hubo tiempo suficiente para ver el producto terminado, sí se trabajó mucho individualmente cada pieza. Teníamos que darle un cierre, pero siento que le faltó más laburo a lo grupal, a la totalidad. Ana, que es muy creativa, se quedó con ganas de introducir más cosas, imágenes, pero se encontraba con que nosotros estábamos tratando de unir todo. Si agregaba, se hubiese producido una sobrecarga pero terrible que nos hubiera impedido llegar con el espectáculo listo a la fecha prevista. Pero sé que ahora, cuando tenga el tiempo disponible para ver el producto completo y empezar a proponer cosas, va a volar (filmaron una función, para analizarla, tarea que acometerán por separado y juntxs).

Por lo que decís y dicen tus compañeros, haber finalizado esta primera serie de funciones es mucho más un punto de partida que de llegada.

-Sí… Creo que todos hace mucho tenemos ganas de salir a otras ciudades, cosa que nunca hemos podido concretar por diferentes razones. Todos tenemos el deseo de esa experiencia, y al menos mi energía está enfocada en hacer eso con esta obra. Por otra parte hay más gente en el grupo, que no participó de este proyecto, con la que me gustaría hacer cosas, como Gabi (Silva). Pero los que estamos haciendo Demonios, tenemos muchísimas ganas de seguir haciéndola y de explotarla más.

Chino Castro

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