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Noches de carnaval: Un recorrido por algunos carnavales emblemáticos

Escribe: Mario "Chiqui" Cuevas.

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En 1899 las calles de Río de Janeiro enloquecieron bailando la música que inauguró la historia del carnaval carioca.Esa gozadera se llamaba ‘O abre alas’: una invención musical brasileña que se reía de las rígidas danzas de salón.La autora era Chiquinha Gonzaga, compositora desde la infancia.

A los dieciséis años los padres la casaron y a los veinte el marido la obligó a elegir entre el hogar y la música: “No entiendo la vida sin música”, dijo ella, y se fue de la casa.

Entonces su padre proclamó que la honra familiar había sido mancillada, y denunció que Chiquinha había heredado de alguna abuela negra esa tendencia a la perdición.Y la declaró muerta, y prohibió que en su hogar se mencionara el nombre de la descarriada.

Así describe el gran Eduardo Galeano la historia de Chiquinha Gonzaga, compositora, pianista y directora de orquesta, oriunda de Río de Janeiro, y autora de la primera marcha de carnaval en Brasil, país emblemático si hablamos de carnavales.

Chico Buarque es un protagonista ineludible del carnaval brasileño, desfiló más de una vez en homenaje a su escola de samba, Mangueira. En 1992 le puso letra a la música de Tom Jobimpara ‘Piano na Mangueira’. En 1998 participó en la carroza con la Guardia Vieja y produjo su único disco con repertorio íntegro de samba, “Chico Buarque de Mangueira”. Es autor de ‘Carnaval’, recomendamos la versión en español de Soledad Bravo, allí la venezolana canta: “Me estoy guardando para cuando llegue el carnaval, sólo estoy viendo, sabiendo, sintiendo, escuchando y no sé bailar…”

Los Tribalistas, Marisa Monte, Carlinhos Brown y Arnaldo Antunez, también se inspiraron en su carnaval, desde su álbum debut cantan en ‘Carnavalia’, el tema de inicio: “Ven a mi barrio que hoy nuestra escuela va desfilar, ven hacer historia, hoy es día de gloria en este lugar / Ven celebrar sin ofender a nadie, ven y enamórame, voy a enamorarte también / Vamos a la avenida a desfilar la vida y carnavalizar / Siento la batucada aproximarse, estoy ensayando para tocar…”.

La visita al carnaval de Brasil del poeta y periodista salamanquino Juan Mari Montes le inspiró la escritura de ‘Noche de carnaval’, poema que musicalizó bellamente LittoNebbia: “Negros con cutis de tabaco, playas eternas de Janeiro, besos de selva en mis labios, flores de sangre en tu pelo / Voces de asfalto milagroso, dulces caderas de mulata, fiesta de sexo en mis ojos, fiebre creciente en tu mirada / Vente al carnaval conmigo que allí nadie nos conoce, invitemos al instinto a intercambiar piel y nombre…”

Y si hablamos de carnavales emblemáticos hay que citar el uruguayo, considerado el carnaval más largo del mundo (treinta y cinco días de duración).El uruguayo Jaime Roos escribió un ramillete de hermosas canciones con temática carnavalesca, pero tiene una particularmente muy bella, ‘Colombina’, que cuenta la historia de un murguista que mientras se despide del tablado ve, entre varios rostros, la sonrisa de una princesa dirigida a él. “’Cómo te va, dijo el murguista a la muchacha, que lo cortó con su mirada indiferente, le dijo, ‘bien’ y lo de dejó como si nada / Nuevamente la princesa se perdía entre la gente / Que no se apague nunca el eco de los bombos, que no se lleven los muñecos del tablado…”

Y hablando de murgas, una noche de carnaval de 1970 un niño observaba embelesado por primera vez en el escenario del tablado El Payaso, la actuación de una murga, Los Patos Cabreros. Ese niño era Edú Pitufo Lombardo, compositor y cantante montevideano, también integrante de varias murgas uruguayas y autor de ‘Murga madre’, la obra de teatro escrita y protagonizada con Pinocho Routin.

“Una fila de hombres, prostitutas y genios, tristes maricones disfrazadosuna fila de actores, de cínicos y sátiros, ególatras y niños disfrazados / Una fila de negros, otra de ejecutivos, una fila de blancos disfrazados, gordas de enorme vientre desparramadas, flacas el hambre eterna desencajadas / Así señores míos está formado el público que vino a ver el corso,así señores míos está formado el públicoque vino a ver el corso, disfrazado…”, canta Pitufo Lombardo en ‘El corso’.

Cómo no hablar de los carnavales salteños y uno de sus ilustres compositores, Cuchi Leguizamón, renovador del folklore argentino, que compuso ‘Zamba del carnaval’: “Vengo desde el olvido, toro serrano, por ver si mato penas carnavaleando / Me anda faltando plata, chicha, coraje y un empujón del diablo pa’ enamorarte / Bailaremos la zamba los dos solitos para trampearte el alma con mi gualicho / Tu pañuelito blanco busca consuelo, mi corazón lo siguede vuelo en vuelo / Carnavales carperos, la copla y la albahaca llorando en el vino.Los caballos atados vuelven a la luna galope tendido.”

Con su poeta favorito, Manuel J. Castilla, formaron una dupla imbatible en la música popular argentina, y los dos escribieron ‘La pomeña’.

La propia Eulogia Tapia, la pomeña, contó el origen de la canción: “Yo he bajado de mi casa al pueblo para cantar. Ahí armaban carpas durante carnaval y se juntaban todos. Yo llegué con mi caballo blanco, como dice la canción. El Cuchi y Castilla estaban también ahí cantando con sus guitarras. Éramos muchos hasta que empezaron los contrapuntos. La gente se fue yendo y yo me quedé sola con ellos dos en un duelo, hasta que les gané con una última copla que decía:‘Esta noche va a llover / agua que manda la luna / mañana han de amanecer / como pato en la laguna…’ Ellos me preguntaron qué quería por haber ganado y yo les dije que me hicieran un tema.”

Así nació el clásico ‘La pomeña’, que en su estribillo dice: “El sauce de tu casa te está llorando, porque te roban, Eulogia, carnavaleando…”

“Esa Colombina puso en sus ojeras humo de la hoguera de su corazón, aquella marquesa de la risa loca se pintó la boca por besar a un clown / Cruza del palco hasta el coche la serpentina nerviosa y fina como un pintoresco broche sobre la noche del carnaval…”

La letra de ‘Siga el corso’, con música de Anselmo Aieta, escrita por el poeta Francisco García Jiménez, tiene como protagonista principal a una Colombina (palomita en italiano), personaje femenino extraído de la Commediadell’Arte, el género teatral popular que nació a mediados del siglo XVI en Italia. Dice Oscar del Priore que “Colombina y otros personajes son figuras presentes en las letras, en la medida en que fueron disfraces frecuentes en los viejos tiempos del Carnaval porteño. El tango adopta no tanto las máscaras como los caracteres de estos personajes. Las colombinas, en los tangos, son coquetas y por lo menos ligeramente perversas (como ésta de García Jiménez que hace mal con su risa)”.

El tango se estrenó en los bailes del Carnaval de 1926 organizados por el Club Eslava, en los que actuaban dos orquestas: la típica, conducida por Anselmo Aieta, y la de jazz, dirigida por Frederickson.

Carlos Gardel lo grabó ese mismo año, y hay versiones antológicas, la de Leopoldo Federico con Julio Sosa, las de Horacio Salgán con el Polaco Goyeneche y luego con Edmundo Rivero; la del exquisito Luis Cardei y más acá, las de la Negra Varela y Omar Mollo.

Claro que la literatura tanguística le ha cantado profusamente al carnaval, para muestra, hay varios botones: ‘Después del carnaval’ (José Amuchástegui Keen), ‘Siempre es carnaval’ (Emilio y Osvaldo Fresedo), ‘Carnaval de antaño’ (Sebastián Piana y Manuel Romero), ‘Soy un arlequín’ (Enrique Santos Discépolo), ‘Por cuatro días locos’ (Rodolfo Sciammarella). Incluso hay otro tango con el título de ‘Siga el corso’, compuesto en 1915 por Ricardo Brignolo.

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