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jueves, 03 de junio de 2021
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Ni Una Menos se suma a las funciones de El Duelo

En el marco del Mes de la Mujer.

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Doscientos ochenta asistentes (redondeando) en unas quince funciones desde el estreno el 11 de diciembre constituye una cifra que satisface y entusiasma a las hacedoras de El duelo, pero lo que más las estimula es que la obra parece tener cuerda para rato, en Bolívar pero también afuera, donde tras las dos funciones en San Bernardo se añadirán dos más, hoy en Saladillo y el 20 en Pigüé (ver diario del martes).

En Bolívar también tienen previstas otras dos, el jueves 11 y el 18, a las 21 horas y con entradas, que deben reservarse con anticipación, a la gorra. Será en Souvenir patio teatral (Arenales 1134), la ‘casa’ de El duelo. Eso por ahora, la pandemia no permite proyectar más lejos, menos aún si se trata de un espacio al aire libre cuya continuidad en la temporada de otoño-invierno, cuando las temperaturas bajan sensiblemente en esta región, está más que en duda. Por eso es probable que Souvenir cierre puertas dentro de poco, para volver a abrirlas en primavera.

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La novedad es que desde el jueves que viene, este emprendimiento cultural se abrirá a la pintura. Cuando Lorena Mega y Nadia Marchione inauguraron el espacio, anunciaron que no sería para uso exclusivo de ellas y sus productos, ni tampoco sólo para el teatro, sino para otras disciplinas artísticas que se cuecen en la ciudad y por qué no afuera. Ahora lo harán realidad, porque el 11 expondrá sus cuadros Alejandra Santa María, y el 18 Andrea Volpe. Ambas noches habrá función de El duelo.

“Este marzo armamos nuestra agenda en función del mes de la Mujer. Para las presentaciones de los dos jueves se han sumado las chicas del colectivo Ni Una Menos, como una suerte de auspicio o acompañamiento”, adelantó en entrevista con el diario Lorena Mega, que escribió El duelo, la dirige y en estas últimas funciones ha reemplazado a Valentina Laborde, una de las protagonistas, que padece una tendinitis (quizá la releve también hasta fines de marzo). Ni Una Menos repartirá folletería y difundirá los contenidos de su lucha a través de alguna otra intervención, tal vez una recorrida barrial en las horas previas a las funciones.

¿Qué proyectan, más allá de todo esto, que ya es bastante?

– Tenemos una mirada muy de género. Lo que vayamos a incorporar, será siempre protagonizado por mujeres. Pero no sé cuánto más podemos sostener un teatro, un escenario, a cielo abierto. Vamos semana a semana. Si bien El duelo se adapta a espacios no convencionales. De hecho, en San Bernardo actuamos en un almacén convertido en teatro, pero con elementos que denunciaban que allí hubo un almacén. Y nos dimos cuenta de que funcionaba igual que en nuestro patio. A la obra no la vamos a bajar, por más que tengamos otros proyectos.

¿Cuáles?

– Queremos retomar Doberman, que la habíamos empezado a preparar hace tiempo. Usaríamos una cocina de una casa, no un teatro. La obra será protagonizada por Marchione y por mí, que nos auto dirigiremos, pero incorporaremos a alguien para que nos brinde una mirada de ‘afuera’. Doberman fue escrita por Azul Lombardía.

“Me enamoré de este proyecto”

¿Qué mirada tenés sobre el recorrido de El duelo?

– Uno cuando inicia un proyecto siempre tiene un montón de expectativas. El domingo en Saladillo haremos nuestra función número dieciséis. Lo que más me ha llamado la atención es la variedad de público: ha venido gente relacionada al teatro, gente poco vinculada al teatro y personas a las que  uno nunca ha visto  en el teatro. Por su parte las protagonistas se fueron vinculando desde otro lado con la obra, y quizá yo también. La veo y me olvido de que la dirijo, puedo vincularme como espectadora, alejarme. No sé si está bien o mal, es lo que me sucede. Pero me enamoré de este proyecto. El público de San Bernardo nos mostró que funciona para gente joven, feminista, militante, de esta época y contexto. Pibes y pibas sub 30. Y la reacción, el agradecimiento y la manera de ver la obra fueron diferentes en relación a lo que veníamos viendo entre gente de más edad. Por eso las expectativas nuestras van siendo superadas por la realidad del día a día. Sentimos que con la obra ha pasado algo; no sabemos bien qué, pero algo pasó. Además, la vemos crecer: hemos ido agregando texto y realizando cambios en la puesta, que surgen de la intención de jugar con el espacio, de adueñarnos de él para romperlo.

Ritual de lo (que se vuelve) habitual

Por lo demás, la protagonista de Eva, un éxito de Artecon de hace unos pocos años, afirmó que alimenta ese amor que sus compañeras y ella sienten por El duelo, “el ritual” de preparar el espacio cada noche de función, desde acomodar las sillas a ambientar musicalmente el sitio, pasando por cortar el pasto, ingresar a las mascotas y otros menesteres. Y viceversa: querer a la obra las hace sobrellevar con alegría la rutina pre función. Todo lo cual ocurre en su casa, porque en Arenales 1134 está el hogar que Lorena comparte con su compañero, Miguel Gargiulo, y sus hijxs. “Esto es algo muy artesanal y hogareño, porque se hace en casa y además, es mi ‘hijo primogénito artístico’”, incorporó motivos la actriz, directora y autora. Una obra que sólo pudo haber escrito en pandemia, admitió, con más tiempo libre y la obligación de permanecer adentro.

Chino Castro

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