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jueves, 01 de diciembre de 2022
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Ni olvido ni Roca

Valko disertará el viernes sobre Desmemoria o la noble igualdad.

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En el marco de los diez años del colectivo Mujer Originaria, el historiador Marcelo Valko volverá a Bolívar, esta vez para una conferencia titulada Desmemoria o la noble igualdad, el viernes a las 19.30 en La Cultural, con entrada libre. Un tópico será la plaza Pueblos Originarios, donde, inconmovible, permanece en el centro la estatua de Julio Argentino Roca. “Lo dejan domesticando, derramando sentido, porque la estatuaria no cesa de expresar, aunque nadie la mire todos saben que está ahí; es modélica”, expresó uno de los socios del recordado Osvaldo Bayer en exclusiva con el diario. “Los concejales quizá no han advertido que quedó ahí. Si no, ese decreto (cambiando el nombre de la plaza ubicada frente a la terminal de micros) carece de sentido porque es, como mínimo, esquizoide”, disparó, acerca de un sitio público local que se ha convertido en “un monumento a la grieta: se llama Pueblos Originarios, pero dejaron al general, no es ni una cosa ni la otra”.

El título de tu conferencia es Desmemoria o la noble igualdad. ¿Qué me podés adelantar sobre el contenido?

-La desmemoria es la obra maestra de la historia oficial, de esa historia canónica, y la noble igualdad es lo que está del otro lado, es la Revolución de Mayo, es la verdad. La Revolución de Mayo que decreta nuestro himno, en la Asamblea del XIII, en donde dice clarísimamente esa frase, la mejor de todo el texto: ved en trono a la noble igualdad. Quiere decir que nos gobierna la noble igualdad, que todos los ciudadanos somos iguales, que nadie vale más que nadie. Entonces esta charla va a mostrar, con imágenes, pruebas que fueron inclusive tiradas por la borda, la búsqueda de la noble igualdad, dejando atrás la desmemoria. Lo plantearemos con un mix de los catorce libros que tengo. No creo que logre hablar de todos pero sí de unos cuantos, para mostrar cómo nuestro país hace un culto del olvido, y un catecismo de la amnesia.

Y mostraré lo que pasa en Bolívar: el año anterior a la pandemia, cambiaron el nombre de la plaza Roca por el de Pueblos Originarios. Los concejales, en algo que me pone tan feliz, votaron por unanimidad el cambio, pero cuando fui a la ciudad el día en que se descubría la placa, se habían olvidado en medio del lugar a don Julio Roca. Eso muestra una conducta esquizoide. Yo en el fondo soy psicólogo, no lo puedo evitar. Es una solución de compromiso: cambiamos Plaza Roca por Plaza Pueblos Originarios y lo dejamos a Roca en el medio. Es una solución que molesta a los defensores del general, porque le modificaron el nombre a la plaza, y a los de pueblos originarios también, porque se olvidaron al general en el medio.

“El nuestro es un país inconcluso”

Como una suerte, o desgracia, de gatopardismo: cambiar algo para que nada cambie, porque en definitiva Roca continúa en el centro de la plaza, como presidiéndola él y no Olga Garay.

-Claro, por ejemplo. O que no esté Olga Garay, pero tampoco Roca. Nuestro país está cruzado de ese tipo de cosas, de ese gatopardismo, como acabás de señalar. Es un país inconcluso. Así como la Revolución de Mayo fue inconclusa. Nació con el mejor de los sentidos, la Asamblea del XIII, que quemó los instrumentos de tortura y decretó la libertad de vientres, algo que Estados Unidos tardó cincuenta años más para conseguir, y necesitó una guerra civil con un millón de muertos. Nuestro país está inconcluso en un montón de cosas, y los ciudadanos tienen que advertir eso, porque todos andamos, cruzamos, pasamos por estos sitios inconclusos, sea esta plaza bolivarense o tantos otros, o cosas económicas. Los argentinos tenemos que empezar a ocuparnos de las cosas, a terminarlas, no puede estar el país atado con alambre y decir ‘el plan B’, no, tenemos que tratar de que el plan A funcione, de sacar el alambre y que las cosas queden, no pegadas así nomás.

Digamos que quienes trabajan por la desmemoria, es decir a favor de que el país permanezca inconcluso, no descansan, nunca una vacación ni un finde largo.

-No. Hace doscientos años no se toman vacaciones, pero en muchísimos casos gente bienintencionada no advierte el tema, porque estoy seguro de que los concejales bolivarenses que votaron el cambio de nombre para la plaza, no tuviera mala intención, por ahí no repararon en que en el medio quedaba Roca. Cuando fui ese día que me invitaron, yo planteé que cómo se habían olvidado al general. Me dijeron ‘y bueno, qué querésValko que hagamos’. La estatuaria es tan peligrosa que se enmascara, se mimetiza; de pronto nadie la ve pero la estatua está ahí, derramando sentido, significación, domesticándonos, y los concejales quizá no han advertido que quedó ahí. Si no, ese decreto carece de sentido porque es, como mínimo, esquizoide.

Al dejar la estatua ahí, de algún modo Roca sigue gobernando el sentido común de los bolivarenses, ganando una batalla crucial.

-Claro. Si no cambiaban el nombre me parecería lógico que Julio Roca siguiera ahí, presidiendo su plaza.

Es una metáfora del país, por aquello de lo inconcluso que señalabas.

-Y como ese ejemplo, hay tantísimos otros que mostraré el viernes en La Cultural. Acá no importa lo que digo yo, sino esas cosas concretas, ciertas. La plaza bolivarense se convirtió en un monumento a la grieta: se llama Pueblos Originarios pero dejaron al general, no es ni una cosa ni la otra y la batalla simbólica está dada ahí. Pero no estamos para batallas entre argentinos, sino que tenemos que advertir que mucha gente que está en los pedestales tal vez merezca prontuarios. Y esos nombres siguen derramando sentido.

Esa plaza es emblemática, porque es lo primero que ven quienes vienen Bolívar, al bajar del bondi. Y que se llame Pueblos Originarios pero mantenga la estatua de Roca no implica una suerte de empate entre ambas posiciones, sino que seguramente gana la batalla del sentido común lo que está ‘desde siempre’, es decir el monumento al general.

-Pero claro, no es ningún empate, dijiste el término preciso.

Y quizá hasta se fortalezca Roca, lo que representa, al resistir el embate del cambio. Se le terminaría haciendo el favor a aquello que se quiere desterrar.

-Justamente, justamente. Y por eso yo digo que este país está inconcluso. Esa tarea de los concejales de Bolívar, si la hicieron con un sentido amplio, fraterno e inclusivo para desterrar ese nombre, ha quedado inconclusa al dejar al general ahí, alto allá arriba. Lo dejan domesticando, derramando sentido, porque la estatuaria no cesa de expresar, aunque nadie la mire todos saben que está ahí. La estatuaria es modélica; la gente dice ‘por algo el estado lo puso ahí, algo bueno hizo’.

Roca como un pedagogo omnisciente, en este caso.

-Pero por supuesto. Los antiguos egipcios decían que el escultor es el que otorga vida. Por eso la estatua de un sujeto tiende a ser lo más parecida físicamente, para que esa personalidad se derrame en el bronce, el granito, el mármol. El escultor da vida a esa piedra. Las estatuas son peligrosas, porque parecen invisibles pero están ahí, presidiendo nuestro día, nuestra vida, y parece que son más eternas que nosotros.

Chino Castro

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