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jueves, 03 de junio de 2021
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Murió el hombre, continúa el mito

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Es difícil expresar en estos momentos las sensaciones que a nosotros los futboleros nos genera la desaparición física de Diego Armando Maradona. Para quien escribe, el mejor jugador de todos y también el inspirador de sentimientos y acciones inexplicables.

Es imposible no remontarse en estos momentos a los años de la infancia, donde la figura de Diego tuvo un impacto indescriptible en las personas de mi generación. Esos picados en donde su nombre era el combustible para soñar con esa jugada de todos los tiempos.

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¿Quién te pensás que sos… Maradona?, una invocación obligada tras los excesos de habilidad o la aventura de hacer algo que era imposible. Ese es el gran legado que deja su paso por esta vida. Asociar su nombre a lo mejor, algo que se convirtió en una definición de nuestra cultura popular.

Nacido en una familia humilde, tuvo que padecer la pobreza extrema para construir un futuro mejor para sus seres queridos. Ese Maradona, el de la génesis, el verdadero, es el que deberemos rescatar cada vez que algunos traten de manchar su nombre.

“A mí, me sacaron de Villa Fiorito y me revolearon de una patada en el culo a París, a la torre Eiffel”. Esta frase aparece en su libro “Yo soy el Diego de la gente” y nos sirve para graficar de manera clara lo que fue su vida. Con la preparación que le dio una infancia repleta de carencias y con la premisa de trascender, fue forjando una vida de película, sustentada en las maravillas que sólo él pudo hacer con una pelota.

Los años fueron pasando y la figura tomó más relevancia. A ese magnetismo único se le sumaron triunfos deportivos los cuales generaron que su nombre se transformara en el más conocido del planeta. Una popularidad que llegó con una mochila que fue demasiado pesada para poder sostenerla con mesura.

Generoso, contestatario, estrafalario, desmesurado y sanguíneo pueden ser algunas definiciones que marcaron su personalidad. Sin dudas, Maradona es la figura pública que mejor sintetizó el ADN argentino. Esa similitud con el pueblo hicieron que su nombre sobrepasara con creces el ambiente deportivo. “El Diego”, esa invocación que describe la cercanía que todos nosotros sentimos por este personaje.

No quedan dudas que Maradona fue el único argentino que contó con la aprobación popular en su totalidad. Más allá de derrapes o de declaraciones desafortunadas, su imagen está emparentada con las mayores alegrías que vivimos en materia deportiva. Un país en donde el fútbol es un fenómeno de masas, tuvimos la suerte de contar con el mejor exponente a nivel mundial. Argentina, un lugar en donde nos viven engañando, robando y flagelando, la figura de Maradona toma mayor relevancia, ya que nos hizo sentir ganadores muchas veces.  Esas sensaciones legítimas, de superación, de que alguien que vino del barro puede conquistar el mundo, nunca podrán ser igualadas.

Lamentablemente la droga, el entorno y los excesos le privaron la paz que se merecía en los últimos años. Un sinfín de vividores, esquilmaron los bolsillos de una figura que fue una mina de oro y que hizo lo que pudo con lo que tuvo. Es imposible juzgar a Maradona, nadie sabe lo que significó ser él.

Recuerdo a fines del 2001 cuando se desarrolló su partido homenaje, al cual tuve la oportunidad de concurrir. 25 pesos (una fortuna en esos tiempos) costaba la popular. Tras hacer noche en las afueras de la cancha de Vélez, conseguí el ticket, el cual significó que estaría presente en la última función del más grande. Imposible describir el cariño, la adrenalina, el amor y la fascinación que despertaba en cada participación con la pelota. Sensaciones que me atrevo a decir; nadie podrá emular.

Su legado estará presente en cada potrero, en cada baldío, canchita o en aquel que se atreva a patear una pelota. Se nos fue el máximo icono de nuestros tiempos, el que dio todo sin pedir nada, el que nos hizo sentir ganadores, el que nos hizo emocionar. Descanse en paz maestro!!!           P.L.P.

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