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domingo, 07 de agosto de 2022
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Mira-Mar, una burbuja que escapó al progreso es tapa de un libro nacional

La Pulpería de Urrutia de Bolívar al país.

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Vio la luz ayer en librerías del país Desconocida Buenos Aires. Pulperías y bodegones, de Leandro Vesco, que compila un recorrido por esos sitios, verdaderas burbujas que escaparon al progreso, en la metáfora del propio autor, en el interior bonaerense. La foto de tapa del volumen es de la legendaria pulpería bolivarense Mira-Mar, una de las visitadas por el escritor para este trabajo, el cuarto de una serie que rescata fragmentos vivos de una historia que a su modo también define nuestra identidad.

¿Por qué elegiste la pulpería bolivarense, a la que también dedicás un capítulo, para ilustrar la portada de tu nuevo libro?

Vesco: – Porque resume los valores de una pulpería. Cómo a través de tantos años -es de 1890- ha perdurado y la familia Urrutia ha entendido que a las cosas hay que mantenerlas tal cual, no sólo a la patrimonial sino al valor de ser un pulpero, de darle a la comunidad rural servicios, no únicamente provisiones para la supervivencia sino compañía. La conozco bien, y sentimental y emotivamente es una compañía invaluable para la familia rural.

Al caer la tarde en Mira Mar, o en cualquier reducto así, “uno se encuentra con los personajes queridos del campo: los tamberos, los puesteros, los gauchos”. Y en el caso de la bolivarense, con un “personaje emblemático: el ‘Flaco’ Errasquin”, a quien evoca en su libro y también en la nota sobre Mira-Mar que hace un par de meses publicó en La Nación, donde trabaja, y que viaja por las redes sociales. “Hace cincuenta años que va todos los días a tomar su aperitivo; es el arquetipo del habitante de un paraje rural que llegó a tener casi cien personas, y ahora sólo quedan la escuelita, Urrutia y Errasquin”.

Por las razones enunciadas, Vesco comprendió que si de simbolizar a una pulpería bonaerense se trataba, “no había una mejor que Mira-Mar”, por “lo arquitectónico y lo sentimental”.

Desconocida Buenos Aires compendia un recorrido por casi sesenta pulperías, bodegones y almacenes de ramos generales del interior provincial. Dentro de ese trazado, el legendario local ubicado en el viejo camino real Bolívar-Carlos Casares, a unos treinta kilómetros de aquí, opera como máxima referencia de “un Partenón de pulperías bonaerenses”, aquellas que conservan su fisonomía original del siglo XIX.

“Hay una revalorización enfática de las pulperías”

Toda pulpería es hoy una gota en el mar del tiempo, pero no una gota congelada: se trata de sitios con más actividad y más vida que lo que cree el lugar común, inficionado de la dinámica citadina.

– Ahora hay una revalorización enfática de las pulperías. Es decir, se han convertido en destinos turísticos, y es fundamental entenderlo porque antes la gente tenía el prejuicio de que la pulpería era un lugar oscuro, donde iba el gaucho a tomar su ginebra y a jugar al mus y al truco, pero ahora a eso se le suma una oferta gastronómica, ya que vas a encontrar las comidas de olla, unas buenas pastas o empanadas, las carnes bien hechas, asadas. Una pulpería es una gota en nuestra realidad, una burbuja que se le ha escapado al progreso. Por ejemplo en Mira-Mar no hay señal telefónica, ni mucho menos internet, entonces a mí me gusta definir a un lugar así como una reserva de humanidad. Ahí tenés que hablar, a la manera antigua, compartir, charlar, encontrarte. La pulpería propone eso, y eso hoy es revolucionario. Es lo que está solicitando el hombre de ciudad, que necesita encontrar las raíces que se han perdido en las ciudades, donde se han ido olvidando los sabores nuestros, la esencia. Entonces las pulperías son esa reserva de humanidad: entrás y ya sentís ese frescor de esas paredes que han tenido tanta vida y han soportado vendavales, sequías, inundaciones. Proyectan una energía muy notable, muy argentina. En cuarentena, el vecino bolivarense iba a la pulpería porque era el único lugar al que podía ir, y lo mismo pasó en Mercedes, en Tapalqué. La pandemia nos llevó a un reencuentro con nuestro interior, a un ensimismamiento, y nos permitió recuperar estos espacios que nos interpelan, nos recuerdan que Argentina se formó a través de valores que tienen que ver con el trabajo, la solidaridad y la tradición. Somos hijos de gauchos y de inmigrantes, ellos trabajaron esta tierra y todo ese espíritu está, por ejemplo, dentro de Mira-Mar.

La dicha en lo más simple

Le digo que, desde cierta perspectiva, no desprovista de romanticismo, una pulpería es más el futuro que el pasado. Le interesa la idea, y acota que en un ámbito así, “uno encuentra la fuente, la raíz, y compañía”. Y que le gusta pensar que el mostrador es “la red social: cada gaucho que va postea su anécdota, sus pareceres de la realidad, va preguntándose cosas, avisando otras”. Una red social “tan humana, que llama la atención y atrae. Pienso que el futuro bien puede estar en las pulperías, porque allí nos aseguramos respuestas que no encontramos en las ciudades”.

“Cuando ves las estanterías con bebidas de un siglo o más, las rejas, la madera que ha quedado limada por el paso del tiempo y tiene la suavidad de una piel, la pulpería te posiciona en ese lugar donde podés encontrar respuestas, preguntarte algunas cosas y reflexionar sobre que es posible ser feliz con muy poco. Acaso la felicidad resida en tener tan sólo una tabla con chorizo seco y queso, un aperitivo y un amigo para compartirlo”. Mira-Mar es “un ejemplo capital de que eso es posible”, sostiene el escritor.

Eso acaso “simple y primitivo”, que “obedece a tiempos lentos” contrastantes con el vértigo actual, porta el perfume de la felicidad, piensa en voz alta Vesco. La lógica de una pulpería clásica estilo Mira-Mar, de “sentarte a esperar que Juan Carlos Urrutia te converse primero y después te pregunte qué vas a tomar. Sentarte simplemente a verlo y aguardar que lleguen los habitantes del paraje. Cada vez para más gente, eso es felicidad”. Ese sentimiento de calma que se parece mucho a la felicidad (vale recordar que sólo existen los momentos felices, no la felicidad como un estado permanente), que despiertan estos refugios que se ríen del progreso tecnológico, como si estuvieran esperando a que regrese cansado por un trago de vino, el investigador y escritor cree que está representado en el incremento de venta de sus libros. Es que más allá de las historias que relata, hombres y mujeres del país quieren tener sus obras también por una razón fundamental: contienen una suerte de hoja de ruta para llegar a cada pulpería, una descripción de las características y la oferta del lugar, las escapadas turísticas a las que invita la ciudad de la que forman parte, dónde hospedarse, etc. 

Todo esto se verificará este verano, pronostica el autor: “El turismo de pulperías crecerá muchísimo, porque la gente se aventura cada vez más a los caminos de tierra, no le tiene tanto miedo a quedarse sin señal y hasta espera quedar desconectada, porque eso provoca una adrenalina extra, desconocida por el tipo de ciudad, al que le gusta estar un poco perdido”.

Desconocida Buenos Aires. Pulperías y bodegones es un libro de unas trescientas páginas, que circula desde hoy en librerías del país. El prólogo es del reconocido chef Leandro ‘Lele’ Cristóbal, con restoranes en Buenos Aires y ciclos de televisión sobre cocina. Vio la luz por El Ateneo, y también puede conseguirse online a través de Mercado Libre, Tematika.com y la página web de la editorial que lo publicó. Para enero Vesco proyecta presentarlo en Bolívar, seguramente en Mira-Mar, con un asado y un encuentro con los interesados en las historias que rescata, reconstruye y difunde.   

(La foto de Vesco con Urrutia es de Fabián Marelli.)

Chino Castro

Quién es Vesco

Leandro Vesco nació el 7 de mayo de 1974 en la ciudad de Paraná (Entre Ríos). Es uno de los periodistas más destacados del diario La Nación. Estudió Bellas Artes y Comunicación Social en Rosario. En 2001 fue becado por The Helene Wurlitzer Foundation para realizar una residencia en Taos (New México, Estados Unidos). Desde joven colaboró en medios gráficos como El Litoral de Santa Fe y ha trabajado en El Federal y Sur Capitalino. Como periodista recorre cientos de pueblos, parajes y pulperías de la provincia de Buenos Aires, y de toda Argentina. Fundó y preside la ONG Proyecto Pulpería, que trabaja en la recuperación de los pequeños pueblos, realizó dos campañas de repoblación. Es miembro de la Asociación Amigos del Museo Benito Quinquela Martín de La Boca. Escribió cuatro novelas y las publicó en forma independiente, presentándolas en varios países de Sudamérica en viajes que lo llevaron a transitar por Ushuaia, toda la Patagonia hasta llegar a Colombia. También es autor de tres exitosos libros de viajes: Desconocida Buenos Aires. Secretos de una provincia, Desconocida Buenos Aires. Historias de Frontera y Desconocida Buenos Aires. Escapadas Soñadas. Fue elegido por la Organización Mundial de Periodismo Turístico como uno de los veinticinco periodistas de turismo más influyentes del mundo 2021.

Es consultado permanentemente sobre sobre temas rurales, turísticos y gastronómicos, por medios nacionales e internacionales.

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