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jueves, 09 de diciembre de 2021
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Melina Cardoso: Sé lo que quiero y lo quiero ya

Melina se decidió a cumplir su sueño de piba.

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En su nueva vida, la que como un cielo se abrió tras cursar el profesorado de Teatro (CePEAC), la también contadora Melina Cardoso por fin encontró un trabajo que disfruta casi tanto como actuar: dar clases: “Probé, y descubrí que me encanta”. Actriz y docente, las dos caras de una moneda para labrar un camino con un norte claro, al timón de su deseo y no como hojita al viento gris de los mandatos del statu quo. El querer ser, más que el deber ser.

Tu colega Ana Laura Maringer tiene claro que el Profesorado de Teatro le sirvió para adquirir herramientas como actriz, que es lo que le interesa. ¿Te pasa igual, o querés dar clases?

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– Iba ser una tecnicatura en actuación, no un profesorado. Yo me anoté y me di de baja, porque no me interesaba ser docente. Comencé para ganar herramientas como actriz, pero en el medio pasaron cosas y ahora estoy dando clases. Probé, tomé como un desafío el estar al frente de un grupo, tenía bastantes temores, pero descubrí que me encanta. Toda la vida quise un trabajo que disfrutara, pasé por un montón de carreras y de repente un buen día me vi disfrutando. O sea que en mi caso el profesorado sirvió para las dos cosas.

¿Dónde ha quedado tu vocación de actriz, frente al entusiasmo que te produce enseñar?

– Ambas cosas van de la mano. Lo que más amo es actuar. El proceso creativo, de ensayos, es lo que más disfruto hacer en la vida, hasta el momento. Pero el compartir todo eso que uno ama con otra gente, es hermoso y enriquecedor. Van de la mano. Primero, actriz, aunque te aclaro que me cuesta verme así porque no tengo una gran experiencia. Ahí está mi foco, después viene el compartirlo.

Son las dos caras de una moneda, en tu visión. Quizá nunca tengas que elegir entre ambos oficios, pero llegado el caso escogerías actriz.

– Sí (se ríe con ganas). Sos malo, ¿por qué me hacés elegir? Pero sí, claramente primero va la actriz.

Un proceso “heavy”

Tu vocación por enseñar teatro la descubriste en el camino, la de actriz viene de bastante antes. ¿Cuándo y cómo ocurrió ese despertar?

– Fue un proceso heavy, en realidad. Siendo muy chica, cuando me preguntaban qué quería ser de grande decía actriz y cantante. Pero después la vida fue pasando… Mi papá está en la rama del arte, es músico (Roberto Cardoso, frontman del grupo Cristal), pero yo no veía al arte como una posibilidad para mí. Sentía que tenía que cumplir con otras cosas antes, una estructura, un mandato. De hecho, soy contadora pública, fíjate dónde me fui. Sin embargo en la adolescencia hice mi primer taller de teatro, con ‘Chamaco’ Valdez, y comprobé que amaba eso. Me decían la muda, porque no paraba de dar órdenes y coordinar (se ‘mata’ de risa). Después dejé, y retomé mientras estudiaba la carrera de contador. Cada vez que hacía teatro pasaba algo. Hoy pienso que quizá si no se hubiera abierto el profesorado, lo mío como actriz hubiera quedado en nada. O no, quién sabe. Pero ese profesorado provocó que reafirmara mi deseo y viera que por ahí iba mi camino. De hecho, mi vida dio un vuelco muy grande a partir de entonces.

No te lo pudiste ‘negar’ más, ya no podías ahogar tu deseo bajo los papeles de la contadora que cumple con los mandatos del statu quo, que sólo piensa en realizaciones económicas. Por algo las cosas pasan.

– Tal cual. Todo decantó solo. Hoy trabajo como docente de teatro, como actriz lo mío es vocacional, no percibo ingresos por eso. Y creo que sólo podría ser docente si es de teatro, sólo así me veo en ese rol. De hecho, he recibido ofertas para dar horas de contabilidad y he dicho que no, que ni loca. A todo lo vinculado con lo contable fui abandonándolo, fui dejando todos mis trabajos. Pertenecen a mi vida anterior.

“No sé lo que quiero, pero lo quiero ya”, proclamaba Sumo en Banderitas y globos (1987, el año de su adiós), mientras su líder, Luca Prodan, se prendía fuego y a la vez iba apagándose. Melina Cardoso si sabe lo que quiere, lo quería desde niña y un bendito día, ya de grande pero a tiempo, lo quiso ya. Y ya.

Chino Castro

“Alucinada” con El Chavo: “Rompen con todo, son geniales” ¿Cómo actriz te interesa más un género?

– Me gusta siempre experimentar, los desafíos me motivan. Si me preguntás en qué me siento más cómoda, qué creo que va más naturalmente conmigo, te diría que el drama. Pero cuando he hecho comedia lo he disfrutado terriblemente. He realizado talleres de clown y me han encantado. Me gustaría no encasillarme, hacer cada cosa que fuera presentándose, probarme y experimentar.

¿Qué actrices o actores te gustan, y por qué? A esta misma pregunta, tu colega Ana Laura Maringer respondió con un retumbante Melina Cardoso.

– La amo tanto… Me hizo llorar cuando leí eso (ahora se ríe con estrépito, podría decirse que estalla al otro lado del teléfono). Te menciono algunos hoy, si bien capaz que me olvido de otros, que podría incorporar mañana. En principio, siento una gran admiración por mis compañeros del profesorado. Vi el proceso de cada uno, su crecimiento. Observás y vivenciás la transformación de algo que empieza chiquitito, y a través de una construcción artesanal se convierte en lo que vemos como producto final. En la obra Bernarda Alba, que hicimos juntos, pude apreciar cómo cada cual fue transformándose, dejándose atravesar por las sugerencias del director y de los propios compañeros.

Teatro no he visto demasiado, no he tenido la chance. De cine y tele, me he quedado deslumbrada con Joaquín Furriel, con Francella también. Y siempre me han apasionado los personajes del Chavo del 8, todo ese elenco.

Primero, me flashea la versatilidad que tiene un actor o actriz, estoy pensando en Furriel. Lo ves en un lugar, después en algo totalmente distinto, y nunca ves a Furriel sino su creación. De Francella lo que admiro fuertemente es su capacidad de hacerme reír y llorar, y casi al mismo tiempo. Me parece muy difícil de lograr, no lo veo en cualquier actor. En cuanto al Chavo, me resulta desopilante el trabajo corporal de ellos, ese salirse de lo cotidiano. Llorar como lloran, el vivir en un barril, cosas que tienen todo un sentido y una simbología de indubitable anclaje en lo social. Siempre me gustaron, pero después de haber hecho el profesorado digo ‘guau, qué genios son’. Rompen con todo, eso me alucina.

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