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jueves, 04 de agosto de 2022
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Malvinas: el arte para pensar la herida, y para pensarse a través de ella

Entrevista con Ricardo Dubatti, investigador teatral.

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En charla con el diario, Ricardo Dubatti recorrió y describió el hilo temporal del teatro sobre Malvinas, desde el caliente 1983 a un 2022 mucho más reflexivo, cuatro décadas en las que el arte ha ayudado a pensar una de las mayores tragedias sociales argentinas, cuyas esquirlas aún salpican; ayer, luchando contra la desmalvinización, y hoy, convocando a que las nuevas generaciones se interpelen más que sobre lo que pasó, sobre qué hubiesen hecho.

Ricardo Dubatti, que es investigador, historiador y crítico teatral, e hijo de Jorge, quien recorre los mismos caminos profesionales, estuvo en la ciudad el jueves, para el estreno de El fusil de madera, que con nuevo elenco Artecon está poniendo en escena en su sala El Taller. Es la primera obra que escribió Duilio Lanzoni, director de la puesta actual, que por primera vez es representada en El Taller, treinta y siete años después de las únicas tres funciones que se ofrecieron en Bolívar en 1985, en el Coliseo.

Dubatti escribió tres volúmenes recopilatarios del teatro y Malvinas, a partir de la investigación que realizó para su tesis doctoral. En el tercero aparece la obra del bolivarense.

El jueves, antes del estreno del nuevo El Fusil y del micromonólogo Chumbo, de Lanzoni y protagonizado por ‘Chamaco’ Valdez, el también músico y dramaturgo brindó una charla en la que retomó y amplió conceptos y miradas vertidas horas antes en entrevista exclusiva con este diario.

¿Hay mucho escrito sobre Malvinas para teatro, o poco? ¿Qué encontraste en la investigación que realizaste para tu tesis doctoral?

-Yo empecé en 2017, con treinta obras para trabajar, de 1982 a 2017. En principio dudaba sobre si me iba alcanzar ese material para la tesis, entonces surgió la necesidad de construir el corpus: rastrear esos textos, buscar materiales, clasificar lo que tenía. Y ahí me pasó que fui hallando cada vez más material, y ahora acumulo en mi listado de obras más de ciento diez. O sea, hay mucho.

¿Y cómo se distribuyen esos textos, en qué períodos?

-Bastantes repartidos están, hasta más o menos 2007. Y a partir de ahí y especialmente desde 2013, empieza a multiplicarse el corpus de una manera fenomenal.

¿Es decir que hoy se está escribiendo mucho sobre Malvinas?

-Sí, mucho. Tiene mucho que ver con que es una fecha redonda, cuarenta años de la guerra. De hecho, de esas ciento diez obras, para la tesis tomé el período 1982-2007, que incluye cuarenta y seis. El resto son de esa fecha para acá.

Seguramente algunas de esas piezas se escribieron pronto. El fusil de madera, por caso, es de 1983.

-Hay algunas que están muy cerca de la finalización de la guerra. Hay una de Abelardo Castillo, que se hace en el Salón Dorado del Teatro Colón en 1982; está la obra Del sol naciente, de Griselda Gambaro, que la escribe en el ’83 y la estrena en el ’84; está El fusil; hay una obra platense llamada Laureles, del grupo Teatro Rambla, que es estrenada en dictadura, antes de las elecciones del ’83, y de hecho los autores la llevan a tablas por primera vez con seudónimos; hay una rosarina, adaptación de Arthur Miller, escrita por Antonio Germano.

El arte y otras formas de pensar la guerra: “El teatro posibilita explorar los afectos”

Hubo en esos años post guerra y post dictadura una ‘invitación’ a la sociedad a desmalvinizarse, como si fuera posible borrar la historia, olvidar sucesos tan dolorosos casi como si no hubiesen ocurrido, negar los hechos y sus implicancias políticas. Seguramente ese nefasto convite llegó al teatro, pero se ve que hubo gente que se rebeló y salió a fundar memoria allí donde le pedían instaurar la lápida del olvido.

-Exacto. Malvinas sufre mucho, como dice Federico Lorenz, el coletazo del colapso definitivo de la dictadura. Malvinas queda arrastrada como un acontecimiento de la dictadura, en principio se lo usa para señalar los horrores de la dictadura pero en un punto queda atrapada en esa zona. A mí me gusta pensar Malvinas como en el medio entre la dictadura y la reivindicación histórica vinculada con la larga disputa por la soberanía de las islas, que viene de mucho antes, y que tiene que ver con el apoyo que recibe la guerra al comienzo, con cómo hay ciertos imaginarios sociales que trascendían lo que era la dictadura. Eso provocó que mucha gente saliera a apoyar.

De hecho, los dictadores fueron muy astutos al pulsar esa tecla. Por algo hubo una plaza llena vivando la decisión de salir a recuperar lo nuestro.

-Exacto. Y al mismo tiempo, para la población argentina era la posibilidad de volver a tomar las calles. Pensándolo entre esas dos grandes lecturas, que son las más comunes en las historias sobre Malvinas, lo interesante de cruzar ambas es que se revelan un poco más los aspectos problemáticos de la guerra, como por ejemplo las conexiones entre represores y superiores en el combate, el hecho de cómo la dictadura capitaliza una causa justa. Aparecen un montón de cuestiones interesantes que nos permiten entender mejor por qué Malvinas sigue vigente y por qué hay tantas partes, todavía hoy, problemáticas para pensar. Me gustaba la idea de pensar desde el teatro, en este caso. Pero justamente por ser arte, muchas veces la gente lo toma menos en serio. En este sentido: si vamos a discutir la soberanía, es un tema delicado; si vamos a hablar de diplomacia internacional, es algo muy serio.

Como si para hablar de esos temas hubiera que remitirse exclusivamente a volúmenes de historia, ensayos y documentales, no, también, a películas de ficción, obras de teatro, canciones y novelas.

-Así es. Y lo que a mí me gusta mucho del arte y en particular del teatro, es que puede aportar formas de pensar sobre la guerra que quizá uno no se permitiría si partiera de estos lugares se seriedad o solemnidad. El teatro te da la posibilidad de explorar los afectos, explorar cómo se debe haber sentido un soldado. Si bien no podemos acceder a la experiencia completa, sí nos es posible acercarnos a la situación de un soldado en la trinchera, o a la situación de la madre, una imagen que aparece mucho en el teatro sobre Malvinas. La madre es la que pone criterio, el padre aparece como la figura que impone una visión de mundo y alienta la guerra, y en contraste se ubica a la madre como la que señala que hay algo raro ahí, en un perfil contenedor y de cuidado. El teatro, a partir del cuerpo y del convivio, de que nos encontremos en una misma sala, nos permite justamente pensar muchas cosas que quizá no podríamos de otra manera; nos permite retomar ciertos acontecimientos históricos, replantearnos la experiencia de la gente que estuvo esperando a novios, hermanos, hijos, amigos, o pensar situaciones del frente de batalla. Nos permite imaginar y reimaginar la guerra, cosa muy interesante porque activa la memoria y, a la vez, acompaña su reescritura.

“Mucha variedad”

¿Encontraste variedad en estas ciento diez obras? Variedad de estilos, de enfoques.

-Eso es algo que me gusta del corpus de Malvinas en el teatro: hay mucha variedad, no sólo de estéticas, de cómo se construyen las obras, sino de qué situaciones se eligen para trabajar, qué miradas aparecen en juego a la hora de invitar al espectador a reflexionar sobre la guerra. Muchas obras trabajan con el juego de involucrar al espectador: dejan deliberadamente cosas sin resolver, entonces uno tiene que tomar ciertas decisiones: qué pasó con el soldado; qué fue de la familia; qué ocurre luego con los compañeros. Una imagen muy bella que aparece mucho en las obras es el vínculo entre compañeros que se vuelven hermanos a partir de la experiencia de la guerra. Hay mucha variedad de estéticas pero también de lecturas, muchas obras que trabajan con la perspectiva no de cerrar la memoria sino de abrirla, al hablar de cosas que se consideran valiosas. Si bien hoy quizá los dramaturgos no piensen tanto en desmalvinización, como ocurría entre 1982 y 1992.

Ves que los autores actuales ya no construyen su teatro contra la desmalvinización.

-Claro. Hoy quizá aparece más como la posibilidad de pensar uno a través del teatro. Eso pasa mucho con los dramaturgos que nacieron luego de la guerra y escriben sobre Malvinas. Ellos plantean que el teatro es una puerta de entrada para pensar situaciones que ellos podrían haber llegado a vivir pero no les tocaron. El teatro les sirve para tratar de entender un poco más qué pasó y cómo hubiesen respondido ellos.  Aparece una mirada más problemática, no tanto relativa a que hay que recordar esto y lo otro, sino en pos de un teatro más de estímulo, de que el espectador se vaya con más preguntas que respuestas.

Chino Castro

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