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miércoles, 18 de mayo de 2022
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Los vecinos de Ibarra reclaman y necesitan una solución

Es imperioso implementar la Ordenanza 2749/21 e instalar señalización, limitadores de velocidad y de altura en la calle principal de la localidad.

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La localidad de Ibarra es, sin dudas, una de las más pintorescas y bellas del Partido de Bolívar.
Concebida por idea de los ingleses que explotaban por entonces el ferrocarril, como un lugar de residencia de personal abocado a la actividad ferroviaria, fue diseñada con un criterio estético muy particular.

Sus anchas calles, por ejemplo, llevan el nombre de la especie arbórea elegida para su forestación y las casas fueron construidas, la mayoría de ellas, respondiendo a las necesidades específicas de quienes las iban a ocupar. Así, está la casa del peluquero, del panadero, del herrero, etc., que contemplan, como se dice, los espacios propicios para el desarrollo de tales actividades.

Fue Ibarra en aquellos años fundacionales de este distrito y del país todo un centro de ebullición relacionado con la producción agropecuaria. La estación del ferrocarril era el epicentro concentrador de mercaderías que, desde allí, se disparaban hacia la Capital Federal para cumplir con las demandas de un mercado ávido de todas ellas.

Los cambios que el modernismo siempre traen, por culpa de malas políticas que no saben o no quieren conducirlos hicieron que aquella población creciente, rica, potente, perdiera habitantes hasta transformarse en un pueblo casi sin gente, de casas cerradas y actividad casi nula.

Sin embargo, en los últimos años esa hermosa localidad ha comenzado a cambiar de destino. Elegida como lugar de fin de semana por muchos bolivarenses y otros tantos foráneos, las viviendas comenzaron a reconstruirse y repararse y son numerosas las nuevas construcciones que le dan al pueblo un aire de villa turística.

Por esta razón, especialmente durante los fines de semana y días feriados, todo cobra vida y hay risas de niños y juegos infantiles en sus calles arenosas, como remedo de aquellos tiempos ya pasados y que felizmente parecen reverdecer en estos tiempos.

Pero ocurre que una vez más la imprevisión, la ausencia de criterios tan simples como el de la razonabilidad, por ejemplo, y finalmente el olvido de quienes tienen obligación de hacer las cosas, amenazan con interrumpir esa incipiente onda de crecimiento que tanta falta hace.

Desde que se instaló en el pueblo la planta acopiadora de Cargill, la calle principal de Ibarra se ha transformado en una pista por donde circulan, a toda hora y durante todos los días, impresionantes camiones que van y vienen, precisamente, al y del lugar mencionado. Y, en añadidura, vehículos particulares (camionetas, autos, motos) pasan por ella a velocidades que ponen en riesgo la integridad física de quienes han elegido Ibarra por tranquilidad, especialmente de los niños que, como queda dicho, disfrutan de un lugar que parece hoy haber sido pensado específicamente para sus juegos y alegrías.

Todo ello sucede, simplemente, porque no se cumple con una ordenanza vigente, la Nº 2749/21 que ordena la implementación de reductores de velocidad (lomos de burro), limitadores de altura y señalización adecuada. No parece demasiado solicitar que, de una vez por todas, se implemente esa ordenanza, se cuiden adecuadamente los elementos que se coloquen y se mantengan en correcta forma. Con ese sencillo procedimiento que no tiene un elevado costo y que, por lo demás, hasta la propia empresa Cargill se ha ofrecido a colaborar para ello según informan a este medio vecinos ibarrenses, se aventarían peligros y se recuperaría la tranquilidad de una localidad que no encuentra motivos para perderla.

Hay un grupo de vecinos organizados, algunos de ellos que viven en el lugar y otros que son lugareños no residentes, que piden encarecidamente ser escuchados. Han hecho numerosas presentaciones en el municipio, han mantenido reuniones con la empresa Cargill y hasta están dispuestos a hacer los aportes que sean necesarios. Parece tiempo de que sus reclamos sean tenidos en cuenta.

Cementerio de automóviles

Otro problema que requiere atención y solución es el cementerio de vehículos que, desde hace muchos años, viene creciendo en terrenos que corresponden al destacamento policial y en otros de dueños particulares que, sencillamente, fueron “tomados” para esos fines. Son todos vehículos que responden a secuestros policiales que, además de generar contaminación visual sobre un paisaje que no merece tal macha, también producen otro tipo de contaminaciones entre las que se cuentan las químicas por derrames de ácidos y líquidos y de plagas, ya que tal amontonamiento de chatarra es un verdadero criadero de ratones que pueden verse en grupos caminando por el predio de la escuela, lindera al destacamento mencionado.

Como decimos, hace años que subsiste esta problemática y desde entonces no se ha podido encontrar un solo funcionario, en este caso policial, que se capaz de resolver la cuestión.

Ibarra es un pueblo pequeño y sus habitantes o residentes no permanentes, por lo tanto, no son muchos. Quizás por eso mismo no hacen demasiado ruido con sus planteos, lo que facilita la sordera de oídos que debieran estar dispuestos a escuchar. Pero merecen ser tenidos en cuenta. Por ellos y por una localidad que debe ser “puesta en valor”, como gustan ahora decir algunos políticos aunque esa frase quede solamente en la declamación.

VAC.

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