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martes, 02 de agosto de 2022
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Los diamantes son eternos: La huella musical de Los Diamantes Rojos 

Escribe: Mario "Chiqui" Cuevas.

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Corre el año 1964, en Argentina gobierna Humberto Illia, había asumido a la presidencia un año antes en unas elecciones con el peronismo proscripto; en un accidente automovilístico muere Julio Sosa, ‘el varón del tango’, una multitud asiste a su entierro; Independiente gana la Copa Libertadores, venciendo a Nacional de Uruguay, y pierde la Copa Intercontinental ante el Inter de Italia; y se publica por primera vez la Mafalda de Quino en el diario Primera Plana.

En Bolívar también pasaban cosas en ese1964: se formaba la agrupación Ritmo Juvenil, dirigida por Carlos Santini y su acordeón, que contaba entre sus filas a Mario Moya, también en acordeón, y a Rodolfo Felice en batería. Habían debutado el 8 de septiembre de ese año en la celebración de las bodas de oro de la familia Villacorta, luego se sumarían Lorenzo Moreno en bandoneón y Elvio Moreno en guitarra y “Gatillo” en contrabajo.La Orquesta Ritmo Juvenil no perduró mucho, pero parte de sus integrantes formaron otra banda, Los Diamantes Rojos: allí estabanMoya, que cambió el acordeón por la guitarra eléctrica, Moreno en bajo y voz, Felice en batería, y José Paz en segunda guitarra.

“Empezamos a tocar en algunos clubes, con el correr del tiempo logramos cierta repercusión, a la gente le empezamos a gustar y comenzamos a tocar en los bailes más importantes, en los clubes Independiente, Empleados de Comercio y El Fortín, y localidades como Unzué y Hale – cuenta Mario Moya – Los 31 de diciembre ya eran un clásico para nosotros, tocábamos en el baile de fin de año en Ibarra. A la medianoche brindábamos con nuestras familias y arrancábamos para Ibarra, allí se armaban unos bailes espectaculares, terminaban a las seis de la mañana”.

Los Diamantes se manejaban con un frondoso repertorio: Sandro (Rosa Rosa, Así, Penumbras, Tengo), Los Iracundos (La lluvia terminó, Yo no vivo en este mundo, Hace frío ya, El triunfador, Fatalidad), La Joven Guardia (El extraño de pelo largo), Nicola Di Bari (Zíngara, Lisa de ojos azules), Alan Barriere (Tu voz); y versiones instrumentales de Obladí Obladá (Beatles), Brazil (Ary Barroso), Tristeza (Sergio Mendes) y Sugar Sugar (The Archies).

“Los temas lo hacíamos sencillos, dentro de lo que sabíamos le agregábamos alguna cosita más que se nos ocurría, teníamos un repertorio que le gustaba a la gente porque era bailable”, dice Mario Moya, que conserva cuatro temas de Los Diamantes Rojos, registrados en un grabador Geloso, dos en mal estado: Si esta calle fuera mía y Lisa de ojos azules; y dos ‘radiables’: Tristeza y Azúcar, Azúcar.

Con la disolución de Los Diabólicos, Aldo Barrio ingresó a Los Diamantes como vocalista y tecladista. “Con Aldo salieron muchos temas, tenía una voz hermosa y mucho gusto para cantar, el grupo mejoró con su incorporación – reconoce Moya – Los Diamantes Rojos estuvimos ocho años en actividad, en una época hacíamos carnavales que no nos alcanzaban los días para cubrir las presentaciones. Hacíamos dos carnavales en 9 de Julio, veníamos a Bolívar, tocábamos en Independiente, volvíamos a 9 de Julio, regresábamos a Independiente y así estuvimos más de una semana haciendo los bailes de carnaval entre las dos ciudades”.

En esos viajes en auto se cosechaban muchas anécdotas. Oscar Mancinelli los transportaba en su Falcon amarillo y negro, los clásicos colores de taxi en esa época; también hacían viajes en un enorme Chevrolet 1951, color negro, cuyo dueño era Laucha Álvarez. En uno de los viajesa 9 de Julio perdieron el bombo de la batería que lo llevaban arriba del techo, esa noche el baterista tuvo que ingeniárselas para tocar sin el bombo. Al poco tiempo el bombo regresó a su dueño, lo habían encontrado otro grupo musical en el camino.

“Una vez se hizo una carrera de autos, se le llamó El Triángulo del Oeste, se corría entre Bolívar, 9 de Julio y Carlos Casares, y nos contrataron para tocar en las tres ciudades – cuenta Mario -.En otra oportunidad fuimos a un campo cerca de Pirovano, habían armado una carpa, y había un muchacho de Bolívar bailando con una chica de alláque se estaba haciendo de novios, y el muchacho nos hacía seña para que tocáramos los temas lentos y se formó la pareja, y todavía hoy son un matrimonio.

Teníamos mucho trabajo, y estábamos bien redituados, lo habíamos tomado muy en serio. Ensayábamos de martes a viernes, y los martes comenzábamos haciendo un tema nuevo, nuestra premisa era estrenar una versión de una canción para el próximo baile”.

Los Diamantes Rojos fueron teloneros de Los Iracundos y Los Wawancó en 9 de Julio; de Leo Dan en el Club Independiente; y de Los Iracundos y Los Gatos en el Club Empleados. En esos días Los Diamantes ya habían incorporado a su repertorio La Balsa, Ayer nomás y Viento dile a la lluvia, temas cantado por Barrio.

“Los plomos que armaban los equipos, viendo la admiración con que mirábamos esos instrumentos, me ofrecieron tocar la Fender y fue el único momento que pude acariciar esa joya, fueron unos instantes, pero para mí fue maravilloso – recuerda Mario -. Con el paso del tiempo comenzaron a surgir las confiterías bailables, así se les llamaba. La primera creo que fue Epsilon, una en la calle Mitre, después Casablanca. La gente se volcó a esas confiterías, allí se bailaba con disco, para los dueños les era más redituable que pagarle a una orquesta, además nosotros casi que estábamos cumpliendo un ciclo. Elvio Moreno se fue a Buenos Aires y prácticamente quedó el grupo desarmado, estábamos cansados y ya habíamos cumplido. Estuvimos activos ocho años”.

Jorge Cabrerizo fue el último presentador de Los Diamantes Rojos, anteriormente había estado Carlos Palou, el Flaco, también un chico apellidado Comin.

Le preguntamos a Jorge Cabrerizo sobre su papel en Los Diamantes Rojos: “Esa función comenzamos a copiarla de algunos grupos semi-profesionales, en aquellos años no había boliches bailables, los bailes se hacían en los clubes o en salones. A veces, en la apertura de esos bailes se notaba cierta frialdad, había que romper ese hielo entre escenario y público, por eso es que haciendo mi función ayudaba, haciendo la presentación de los músicos y los temas que se iban tocando. Después fui agregando algunas cositas, comencé a hacer coros, tocar la pandereta, copiado de Los Beatles. Hay que decir que todos los grupos hacían covers porque la función del grupo era animar un baile, y había que tocar temas conocidos que se difundían a través de la radio.

Aprovechando que mi trabajo privado me permitía viajar, me presentaba en los clubes y así comencé también a hacer de manager, encargado de hacer los contratos. Eso nos permitió viajar mucho por la zona, recuerdo los carnavales del año 67, acá los históricos eran los del Club Independiente, Club Empleados de Comercio y los bailes que organizaba la Municipalidad. Musicalmente, el líder fue Mario Moya, era el encargado de elegir el repertorio. Cuando ingresó Aldo Barrio en voz y teclados y tuvimos una mejora musical muy importante. Aldo le puso su impronta, cantaba muy bien y hacía pequeños arreglos dónde la daba otra tónica.

Cuando yo vuelvo del servicio militar en 1969 Elvio ya estaba buscando nuevos horizontes, se va con Moura a Buenos Aires y el grupo comenzó a disgregarse, nunca hubo un final con fecha cierta, ni tampoco una pelea”.

En 1971, mientras Los Diamantes Rojos seguían vigentes, se estrenaba el film Los Diamantes son eternos, con Sean Connery protagonizando a James Bond. Nos gusta creer que toda la gente que escuchó y bailó junto a Los Diamantes Rojos, llevan eternamente en su corazón la huella musical de Mario Moya, José Paz, Elvio Moreno, Rodolfo Felice y Aldo Barrio.

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