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viernes, 28 de enero de 2022
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La vuelta al mundo en ochenta ayudas

Entrevista a Sebastián Traficante, de Médicos sin Fronteras.

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Yemen, país de la península arábiga con un conflicto armado que se desató en 2015 y ha ido agravándose, fue de fines de abril a principios de noviembre el destino del Sebastián Traficante (38 años), en el marco de su labor en Médicos Sin Fronteras. El urdampilletense es contador público e ingresó a la organización luego de una crisis existencial mientras trabajaba para una multinacional petrolera.

El foco del enfrentamiento es complejo, y tiene sus raíces en las pertenencias religiosas a las distintas vertientes del islam, y también se vincula con la vieja división del país entre norte y sur, que no se ha resuelto con la unificación. “Existen varias ramas del islam, las más conocidas son chiitas y suníes, pero hay también clanes”, puntualizó el entrevistado, que un rato después partía rumbo a CABA a descansar, escala previa a un viaje por el norte argentino con el que proyecta agasajarse hasta volver a ser convocado para una nueva misión.

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El conflicto en cuestión es arduo de explicar acá, pero digamos que “el norte siguió perteneciendo más a la parte islámica, musulmán, mientras que los hutíes fueron tomando el poder, con una escuela e influencias de Irán. Pero cuando comenzaron a expandirse, el gobierno oficial fue apoyado por la coalición, encabezada por Arabia Saudita. Entonces Yemen es un país relativamente pobre con un conflicto fogueado por dos potencias: Irán y Arabia Saudita”, resumió Traficante, cuyo rol dentro del programa en la lejana nación fue el de coordinador de terreno.

¿Qué te tocó hacer?

– MSF trabaja en hospitales y a nivel comunitario, en salud. El hospital en que estuve abrió a finales de 2020. Terminamos de iniciar la maternidad y la neonatología, estuvimos construyendo una sala de operaciones para las cesáreas y las intervenciones obstétricas, y empezábamos un proyecto para montar una pediatría, que atienda a niños desde un mes hasta los 15 años. Y también un centro de nutrición, para niños con problemas agudos.

“La curiosidad y el coraje me han llevado a diferentes actividades” ¿Qué pasa por tu cabeza cuando pensás en que sos contador, hiciste un recorrido en grandes empresas y hoy asistís a desahuciados muy lejos de casa?

Primero, me considero muy afortunado de haber podido llevar a cabo las metas que me he propuesto. Cada cosa por la que he ido pasando, desde trabajar en el sector privado para pequeñas y para grandes empresas, y luego ingresar al trabajo humanitario, considero que ha sido un paso necesario para el siguiente. La curiosidad y un poco de coraje me han llevado a hacer diferentes actividades. Lo que hago hoy, me apasiona. Me siento afortunado de poder trabajar en lugares a los que me gusta ir para aprender, y encima con la posibilidad de apoyar en algo. No lo siento como una carga, cumplo el sueño que quizás todos hayamos tenido alguna vez de vivir de algo que nos apasione hacer. Pero lo principal, el mayor capital es el compartir con las poblaciones más afectadas por determinadas situaciones, estar con ellos, aprender.

No es un lugar común decir que se aprende.

No. Uno aprende mucho más de lo que da. Ves las cosas en primera persona, vivís con ellos y buscás soluciones acerca de situaciones que antes te describían por la tv.

Me imagino que, inevitablemente, vas cargado con tus prejuicios, y en un rato de estar ahí toda esa mochila se desordena y desarma.

Sí, sí sí. Uno lo primero que piensa, desde la construcción occidental, es: musulmanes, con la manera de vestirse y armas, son todos terroristas. Y resulta que son la población más amable, receptiva y humilde que he visto. Tienen muy poco, pero comparten todo. Para ellos almorzar es poner la comida en fuentes grandes, para poder compartir todo el tiempo. Y te están invitando en forma constante.

El concepto de propiedad privada es diametralmente opuesto al que jerarquiza y ordena la vida en occidente.

Sí. Tienen otras cosas, por supuesto, su cultura, su religión y sus ideologías desde nuestro punto de vista son cuestionables. Pero antes deberíamos aprenderlas un poco más, entender de dónde vienen. Son culturas mucho más antiguas que las nuestras.

Ustedes asisten, dejan gente formada para que continúe con la tarea, y es todo. No realizan una labor pedagógica o de contenido político acerca de las condiciones por las que se produce la crisis.

No es nuestra función. Para ingresar a un país se necesita el permiso de ese país, avisar a todas las partes pero siempre desde la neutralidad, sabiendo que nuestra condición para trabajar es ayudar a todo el que lo necesite, no vamos a ayudar a unos más que a otros sino que daremos prioridad a aquello que medicamente la organización resuelva que hace falta. Y sí se busca mucho trabajar con el estado, en el sentido de que ellos se hagan cargo cuando nos vayamos. Nuestro objetivo es solucionar la emergencia, devolverle la dignidad a la persona e idealmente hacer un nexo con el estado, a nivel servicios de salud, para que puedan seguir con lo que armamos. (MSF no recibe financiamiento de estados ni de empresas privadas.) Capacitamos a la gente que trabaja con nosotros. La mayoría de quienes se desempeñan en hospitales y demás, es gente del lugar. Los expatriados que vamos de otros países, como yo, habitualmente ejercemos como coordinadores. El cuerpo fuerte de trabajo es gente local que contratamos. Y nos parece fundamental capacitarlos para que lo aprovechen en favor de su propia gente.

Tu camino iba a un lado, y viró a otro, casi el contrario. Pero es el mismo: uno busca, y cuando busca lo que hace es buscarse. ¿Lo ves así? Y ligado a eso: infiero que lo de MSF es otra etapa de tu viaje, no un puerto de llegada.

Sí. Yo creo que lo importante es cómo se sienta uno con lo que esté haciendo. He leído que la felicidad está ligada a las expectativas. No hay una felicidad haciendo una cosa en particular u otra, sino en relación a lo que uno quiere, pretende o conoce. Desde mi experiencia, he visto gente muy feliz…

(Interrumpo) cuarenta años en la caja de un banco.

No, no, no lo sé, puede ser (sonríe). Pero sin salir mucho, en un entorno que les gusta. Si la pretensión de alguien es puntual y acotada, puede ser feliz. Si sos más curioso, necesitás más cosas. Con respecto a lo otro, es probable que sea como decís. Hoy estoy bien con lo que hago, porque me da placer seguir conociendo diferentes culturas y aportando ese granito de arena donde hace mucha falta. Es muy lindo darte cuenta que estás en un lugar en el que podés aportar. Yo sé que eso se puede hacer en muchos lugares y desde muchos puntos de vista, pero creeme que las crisis que he visto en este trabajo son muy agudas, y estar ahí y pasar tiempo con la gente me gusta mucho y lo disfruto. Mañana se verá. Pero también soy muy consciente de que este trabajo es muy desgastante, produce un impacto el hecho de pasar mucho tiempo lejos de la familia, de tu casa, de los amigos y tus cosas. No me veo a largo plazo haciendo esto, tiene su costo, mental y personal.

“Somos buenos inventando herramientas que usamos mal”

Pasan los años, y los conflictos siguen. La humanidad avanza en lo tecnológico y lo científico, pero en lo humano no.

– Claramente. Y es muy doloroso, muy triste. Hay conflictos que siguen sucediendo como hace muchos cientos de años. Las rivalidades de clanes, religiosas, de poder, que no tienen en cuenta un sistema donde la gente pueda elegir libremente. Pasa en todos los continentes. Hay gente que está tratando de llegar a Estados Unidos, de sur a norte, y pasa por situaciones extremadamente violentas y de abusos. Tenemos la situación del tapón del Darién, entre Panamá y Colombia (selva fronteriza entre ambos países), una de las más graves de hoy. Hay gente que trata de cruzar la selva para llegar a Estados Unidos y es víctima de abusos y situaciones indescriptibles.

O van naturalizándose gravísimas violaciones a los derechos humanos, como la pavorosa cantidad de gente que desaparece en México. Acá no tenemos ni noticias. Son tantos los desaparecidos, que los reclamos ya no hacen ‘ruido’.

Bueno, claro. Es muy doloroso. Cada lugar tiene su particularidad, pero qué pena que con tantas herramientas como tenemos hoy día, la ambición humana sea tan grande que provoque todo esto. Y la colaboración de las potencias mundiales, que tienen mucho que ver. Te pueden ayudar o hundir muy fácilmente.

Parece que con más herramientas somos más malos en lugar de más buenos.

El ser humano es bueno inventando herramientas que luego usa mal. La tecnología está a un nivel altísimo. Casi sin darnos cuenta los teléfonos saben más de nosotros que nosotros. Las aplicaciones ya saben tus gustos más que vos. Luego usamos todo eso para vender, influir a la población, someter. Y lo mismo con la producción de armas, con tener un lugar de donde extraer recursos naturales. Pero hay muchas cosas buenas que también pasan. Recomiendo el libro Factfulness, que habla de cómo a pesar de todas las crisis del mundo, todo lo relativo a la mortalidad infantil y a la expectativa de vida general van mejorando a nivel global, aunque no se note tanto.

Esta misión en Yemen les tocó en plena pandemia. ¿Cómo fue allá?

– En Yemen no hay pandemia oficialmente reconocida, para ellos no existe. La ONU ha estado llevando vacunas para ciertos sectores, y donde está el gobierno oficial en algunos lugares las reciben. Pero en el norte no reconocen la pandemia. Por supuesto que nosotros sí la reconocemos desde la organización, lo trabajamos desde el hospital, si teníamos pacientes con síntomas les hacíamos el test y a nuestro personal también. Pero en el país no hay estadísticas, porque no testean.

Volver, con la frente melancólica

– Durante el intervalo hasta la próxima misión, además de lo señalado arriba Traficante planea pasar tiempo con sus amigos, familiares y su sobrino, y darse todos los gustos. “Estuve seis meses sin comer cerdo ni tomar una gota de alcohol”, enfatiza.

¿Lo extrañaste?

Sí, claro. Eso se extraña, eso se extraña.

¿Qué otra cosa extrañaste?

Comer los domingos con mis padres y mi familia, las juntadas con amigos… Esas cosas que hacemos diariamente que ni nos damos cuenta que al final son tan importantes. Las rutinas, las rutinas nos hacen bien.

Dentro de un año quizá estemos acá sentados y me cuentes de una nueva misión. Pero vayas donde vayas, tenés dónde volver. El poeta Hugo Mujica escribió que ‘quien no sabe dónde ir, no tiene dónde volver’. No es tu caso.

Yo puedo ir a cualquier lugar porque tengo dónde volver. No estoy pensando en irme a vivir a otro país, y siempre que parto voy pensando que la vuelta es algo que disfruto mucho.

Chino Castro.

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