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lunes, 19 de julio de 2021
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La superposición de propuestas artísticas: ¿un signo de estos tiempos?

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Superposiciones de propuestas artísticas y culturales se producen casi todos los fines de semana en una San Carlos de Bolívar en la que ¡por fin! hay movida, aunque eso obligue a elegir porque ni el omnipresente Mario ‘Chiqui’ Cuevas puede ‘atajar’ todo. De espectáculos en general y del mismo ‘palo’ en particular. La ‘colisión’ entre Liliana Herrero y Salinas Grandes hace dos sábados, por más estrépito que provocó en ‘barrios’ del face no fue la primera sino una más. Una topada curiosa, ya que ambas funciones se realizaron a sala repleta. En vez de dividirse el público se multiplicó, para hacerle una cosquilla en las comisuras a la siempre apretada boca del escepticismo.
Quizá algunas veces pierdan los espectadores, ya que al tener que escoger resignan cosas. El que gana seguro es el arte: hay de todo, cantidad, variedad, calidades e incluso repetición de ofrecimientos. Lo que tantos y tantas anhelamos durante añares, lo que, taladrados por el utilitarismo de los bilardistas noventa, muches creímos que en esta lacia planicie de conservadores espíritus y bolsillos con forma de ombligo y sensibilidad de pickup jamás sucedería. Si fuiste piba/pibe en aquella amarga década de asesinato del pueblo en menemistas gotas, te acordarás bien. En Bolívar las mariposas volaban con casco, y los colibríes venían en blanco y negro, era terrible. Cada sábado a la noche se quedaba en bolas la canción de Charly García: ni películas podíamos ver, no teníamos ni cine. Juntarse a comer para hablar de los demás, quién se enfermó o murió, quién amasó dinero o quedó ‘crocante’ y a quién se le subieron o se le bajaron de la cama era casi lo único que había, nuestro ‘deporte’ por antonomasia, que de todos modos no ha perdido ni perderá vigencia. Las cosas que habremos dicho de ‘este pueblito’…
Usted me dice que está pasando que hay más ñatos y ñatas tras la barra que parroquianos (más oferta que demanda), como en algunos boliches que sólo sirvieron para que sus propietarios bebieran al costo, casi seguro que sí. Hemos llegado a un punto en el que, a cada recital que vas, se ve más renovación del mobiliario que de público. Y menos mal que algunas mujeres se cambian. La feligresía luce fidelizada, florecen la empatía, la comunión, los dedos en V y es moy estimulante, pero lo que debería ser un piso de cantidad está pareciéndose a un techo. Hasta han habido casos en los que, si faltaba uno más, no cabía, como dice el escritor panameño Julio Arosemena. Sería un asunto complementario, pero para otra columnita, y para el ’morfi’ de un sociólogo.
El horizonte de expectativa para los cientos de artistes que surgen en la ciudad es otro tema adicional al que nos reúne aquí. Pasar la gorra puede ser un recurso, no un método de trabajo, ya que hasta de la gorra más limpia terminan saliendo piojos. Bolívar, en ese ítem, se debe y les debe a sus artistos un salto virtuoso. De nuevo, llamen al sociólogo que tenemos tarea para él. Si es europeo mejor, siguiendo el lema de la revista Barcelona: una solución europea para los problemas de los argentinos, los bolivarenses en este caso.
Ahora bien, ya casi año 2020, Macri probando tocar pobres sin engrudarse las manos de dignidad en un mundo que produce cada vez más hambre y más miedo, y también autos que vuelan: ¿se puede detener el ‘tsunami’ de superposiciones artísticas/culturales? No creo, salvo que queramos involucionar, como el país hizo en política. Quizá sea parecido a preguntarse si el Centro Cívico ha servido para algo, o mejor demolerlo para volver al pasado. Ídem con las otrora polémicas ‘pajareras’ de Reina, ya que andamos cerca. ¿Y hay superposiciones de primera y superposiciones de segunda? ¿Si a Patti Smith en el quincho de ATRAMUBO le sacudieran con el reci de los bolingleses Avalon sería más grave que si mi amigo Calicho se raspara el ‘Panamá’ contra la estrella de la enjundiosa bici del humorista Gaby Silva? También creo que no, sería meritocrático verlo así. ¿Y si se aplastaran la napia dos opciones locales del mismo ‘palo’, ponéle en este rincón en pantaloneta roja el ‘Quelo’ ‘Rompehuesos’ Sapula, en este otro en verde aceituna Gustavo ‘Alambre Eléctrico’ Alaimo? ¿Cambia la pelota que se trate de muestras que duran varios días, o de obras teatrales con varias funciones? Y ya que estamos: ¿qué onda el Avenida? Todos los santos sábados le chantan algo, paren che… Pobre Nadia, le hacen bullying. O es al revés, y ella les atranca películas a los demás todos los fines de semana, piñona fija total. Encima tanques, andá a chocar. También Marchione, laaaa, ¿¿qué le va a pasar si cierra un finde, se le van a meter ocupas?? Por suerte nunca ocurrió, pero figuráte la que se armaría si en plena función del ‘Mono’ Alabart, justo cuando el querido actor estuviera interpretando a su entrañable Sinforoso, le arrojaran por el balero un recital de ADN Punk Rock. Le tirarían el atril, le tirarían todo, a la final el homenaje al viejo Discépolo terminaría en una batahola pero inolvidable che… Trompis al aire, tipos gritando ¡¡Viva Perón, carajoooo!! Imagináte a Alabart hecho una ‘pumarola’ y con los pedazos de atril bajando a enfriar el ‘caldo’, más caliente que los que estuvieran pegando. ¿Esa qué sería, una superposición de cuarta? Y guarda, atajáte esta, yo te voy avisando: revolcados como estamos en este saturnal de superposiciones, en cualquier momento el ‘Flaco’ Holgado y la ‘Flaca’ Tiani se desnucan contra el ‘Flaco’ Holgado y la ‘Flaca’ Tiani, con Dani López como productora autogestiva de ambos shows y el noauspicio de la muni, que justo tendría un karaoke seguido de pelotero. Gorda ‘catanga’ está por reventar y todo el pueblo papando insectos, contándole las costillas a la caravana de Morán… En verdad estamos a la intemperie, en nalgas a la luna frente al gravísimo peligro de que este aquelarre derive en una espeluznante carnicería, y que por ejemplo en un concierto lírico de Paola Siervo en el augusto auditorio de la Biblioteca Rivadavia, aparezca en escena gritando como un descosido el ‘Chelo’ Barrios caracterizao como Insolao Martiérrez, su papel en Crepúsculo de los Bueyes, lo nuevo de Artecon.
¿La municipalidad debería intervenir en todo este ‘estofado’, con Jorge Fernández metido a Policía de la Cultura cual un Poncharelo vernáculo (¡qué antigüedad, nene!) a todo vapor en una motito, y exigirle a Silva que mejor se guarde los chistes para otro entierro, o es más una cuestión atinente a los propios hacedores? ¿Es hora de hacer la ‘gran Artecon’, y correrse a organizar los espectáculos un martes? ¿Y si después empiezan a partirse la frente los martes y nos cagan los fines de semana? ¿Cuánto ‘garpa’ ‘cantar’ primero? No sé, qué sé yo, en todo caso llamen al VER, que el ‘4’ se sacó una lagaña en el área y es penal para Rivar, digo no, llamen al VAR, y que el árbitro se apure con el cuadrado, que este finde tenemos el Oktober Fest en la rockera Rural, sopacrema de Guasón, el cumpleaños del Avenida, una suerte de encuentro de teatro y algo más se les va a ocurrir. Chino Castro

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