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“La horizontalidad no garantiza un resultado estético, pero sí uno ético”

Entrevista con José María Alabart, uno de los protagonistas de Pequeños demonios azules.

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Después de años de sembrar, Alabart empieza a cosechar, porque el nuevo espectáculo de La Barraca ha sido construido desde la horizontalidad y el debate interno de ideas, lo que no garantiza “ningún resultado estético” pero sí “uno ético”. “Siempre bregué para que me superaran”, en un salto que no implica “una negación”, sino contrariamente una afirmación. Por ello, Pequeños demonios azules le provoca al experimentado actor, docente y director “un plus de entusiasmo”.

¿Por qué elegiste esas cuatro obras de Tennessee y por qué ambientarlas en Avellaneda y Dock Sud 1976?

-Porque el clima que trasuntan me remite a esa época, en lugares así. La oscuridad de esas obras. Por eso decidí meterlas en ese entorno.

El producto artístico en cuestión será estrenado el sábado a las 20.30 en El Mangrullo, y habrá funciones el 5, el 11, 17 y 18 (ver en ediciones pasadas valor de las localidades, cómo adquirirlas anticipadas y horarios de las presentaciones).

Mientras y desde hace varias semanas, la compañía La Barraca lleva adelante una creativa campaña promocional por redes sociales, con atractivas fotos de ensayos y sugerentes pinceladas poéticas con dosis de hermetismo que quizá te involucren más que si te lo dijeran todo, dado que no hablamos de vermicellis con salsa mixta (¡¡Pippo volvé!!) sino de arte. Para ir amasando el clima y fogoneando la expectativa de un público local hoy pletórico en propuestas teatrales, a sensibilidades luz del vetusto axioma del ‘acá no pasa nada’, al menos en materia artística.

“Cuando el estudiante supera al maestro, los dos hicieron las cosas bien”

¿Este proyecto es el que más te entusiasma de todo lo que has hecho? ¿Qué tiene de especial, qué lo hace diferente de lo anterior?

-Siempre el mayor entusiasmo es con el espectáculo en el que estoy, pero este tiene un plus en lo personal, que es el trabajar con gente con la que estudiamos durante cuatro años (en el Profesorado de Teatro que se dictó en Fundación Futuro), que fueron mis estudiantes y hoy trabajamos a la par, somos pares. Estoy viendo su evolución y veo que se materializan muchísimas cosas por las que bregué durante la formación: que estas personas pudieran independizarse de mí, y hasta superarme. No a mí por mi figura, sino que lo interesante se da cuando el estudiante supera al maestro. Eso quiere decir que no sólo el estudiante hizo las cosas bien, sino también el maestro. Superación que no es negación.

Es, al revés, afirmación.

-Y profundización. La superación se da cuando esa persona busca su propio norte y su propia propuesta estética, cuando toma las herramientas que aprendió en el proceso de formación pedagógica y las pone en práctica a partir de sí mismo, va al encuentro de sí mismo que no es otra cosa que lo que debe ser el artista, no un epígono ni un repetidor del maestro sino empezar a superar eso. Que repito: no implica la negación, por lo menos en el arte o en el teatro. La aparición del realismo y del naturalismo en el teatro fue la superación del romanticismo, no la negación, y el grotesco fue la superación del realismo, no la negación.

En lo que supera está contenido lo superado, no negado.

-Claro, exactamente. Y eso me llena de satisfacción, orgullo y alegría; es el plus de entusiasmo que tiene para mí este espectáculo.

“No quiero ser el líder de nada”

Quizá todo esto parta de la horizontalidad que se plantean para trabajar.

-Sí. Y también, modestia aparte, fue impulsado: yo siempre lo estimulé. Yo no quiero ser el líder de nada, porque no me siento tal y porque además no corresponde. Es la gente más joven la que debe liderar estos procesos. E incluso entendiendo que el actor o la actriz es lo más importante en el teatro, deben ser ellos, no los directores (los que traccionen el trabajo). Es apostar a las personas más jóvenes, no a las que ya tenemos un recorrido, que en todo caso podemos ser un referente; así como en el arte también en estas cuestiones yo no quiero que me nieguen, sí que me superen, y entiendo que puedo aún aportar algunas cosas. Que Leandro, Patricia (los hermanos Galaz) o yo, que ya tenemos un recorrido podamos ser un referente, pero no los líderes, que tienen que ser ellos.

La horizontalidad, “una cuestión ideológica”

¿El espectador ‘gana’ algo si quienes presentan un producto artístico trabajaron así?

-No creo que un espectáculo vaya a ser mejor porque haya horizontalidad. Es una cuestión ideológica, en todo caso. Yo creo que eso nos nutre a nosotros. Porque tampoco yo propongo no ser el líder y que la líder sea por ejemplo Ana Laura Maringer, entonces vayamos todos detrás de la línea que baje ella, sino que haya una horizontalidad verdadera. Después, eso no es una fórmula, no garantiza ningún resultado estético, pero sí un resultado ético, que puede ‘rebotar’ hacia el público.

El ‘Mono’ marca que, cuando no se trabaja de esta forma, “suele pasar que el actor termina cumpliendo órdenes. Y no ocurre sólo en el teatro independiente. Lavelli es tenido como un gran director y en realidad es un muy buen puestista, pero maltrata al actor, no porque le pega sino porque lo pone como una marioneta a decir lo que él desea”, cosa que “ocurre  en muchos ámbitos donde hay un jefe, un patrón o cacique, que elige qué se hace, cómo se hace y quiénes harán tal o cual cosa”. 

Alabart tenía en carpeta este proyecto dentro del ámbito de La Barraca y por diversas cuestiones, pandemia incluida, se fue demorando. “Ahora fueron otras personas las que lo tomaron, no lo propuse yo. Y luego, cada actor y cada actriz eligió en qué obra estar”, y también los directores de cada una de las cuatro piezas surgieron por consenso, lo mismo que la directora general, destacó el otrora socio del cantante Hernán Caraballo en el espectáculo Monologos y Hernanciones. “Cada uno eligió dónde estar, y eso me parece importante”.

“No nos acostumbremos sólo a los halagos, quien nos cuestiona tal vez nos da una mano”

¿Cómo te gustaría que sea recibida la obra, qué anhelás en ese sentido?

-Primero, que vaya muchísima gente. Y luego, que guste, que llegue a los corazones y las mentes de las personas, algo imposible: seguramente va a haber gente a la que le gustará mucho, gente a la que le gustará poco, gente a la que nada, y hasta va a haber indiferentes que no le darán ni pelota, y está muy bien que eso suceda. Esta es otra de las cosas que he venido conversando con la gente del grupo: si nos arriesgamos a presentar algo que puede gustar o no, que no nos acostumbremos solamente a los halagos, sino también a que nos cuestionen, y que quien nos cuestiona no tiene por qué pasar a ser un enemigo, hasta puede ser un amigo, porque quizás nos da una mano al decirnos ‘yo creo que por ahí no es’. Aunque tampoco es que porque venga uno a decirnos que está mal tengamos que ponerle la firma y cambiar.

Más vale que queremos que vaya mucha gente, pero fundamentalmente también para que se conozca lo que hacemos. Mi personaje tiene un pequeño parlamento en la obra en el que dice que el éxito y el fracaso son igualmente desastrosos. Yo no sé qué es el éxito, por dónde pasa ni me preocupa ir detrás de él, sino que me ocupan otras cosas. Y creo que no hay que confundir el éxito con lo masivo, o el éxito con que vaya mucha gente, o lo popular con lo masivo, hay cosas que son altamente populares y las ven pocos, y viceversa. Ni hacer una apología de que porque me vieron pocos lo mío está piola. Es algo mucho más dinámico, que por lo menos a mí se me hace difícil de describir porque no es esquemático.

Chino Castro

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