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sábado, 24 de febrero de 2024
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La historia, nuestro pueblo y el amor, el núcleo de los tres libros de Carlos Romano

Mariano… el amor en Cabeza del Buey, ya está disponible.

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Tres son los libros que ha escrito Carlos Romano, pero sólo uno está publicado: Mariano… el amor en Cabeza del Buey; tiene otro a punto de salir de los talleres gráficos de Librería Asín (publicó también el primero) y un inédito que seguramente verá la luz pronto.

Mariano… le llevó cuatro meses de labor. Es una ficción histórica, anclada en la época del Virreinato, de la que “te nombran al virrey, al que iba a cargo de la tropa a buscar la sal pero se olvidan de todos los demás, que estaban atrás: carreros, boyeros. Entonces invento unos nombres ficticios para esos personajes que son realmente los que hacen el viaje”, y cuya historia Romano narra en el libro, con el amor como denominador común o fantasma que ronda la médula de cada narración.

El relato central es el del Mariano que da título al volumen. “Es un chico al que abandonan en una sala, Buenos Aires recién comenzaba. Lo cuidan los vecinos hasta que una estanciera se lo lleva. Lo deja con la cocinera, que lo cría. Pero cuando crece regresa a aquella casa a saludar a quienes lo habían cuidado de pibe, se encuentra con una chica que era su compañera de juegos. Ahí se arma ahí un romance y no te puedo contar más nada”, reveló el autor entrevistado por este diario.

La obra “habla mucho de la Cabeza de Buey, que entraña sorpresas que mayormente el bolivarense no conoce”, agregó acerca del contenido de la obra. Carlos Gerardo Romano nació en Buenos Aires. A la edad “en la que te hacés”, esto es durante la infancia y la adolescencia, se radicó junto a sus padres en Urdampìlleta, a la que él le dice y siempre le dirá “Torrecitas”, y recién a sus 17 se vino para Bolívar, al ingresar como trabajador al Banco de la Nación Argentina. Aquí conoció a su mujer, con quien formó familia.

La escritura no era ni siquiera un sueño, si bien hay un link a la adolescencia que podría arrojar alguna pista: fue un voraz lector, y suele ocurrir que quien lee mucho desemboca -o deriva- en la escritura, sin necesariamente convertirse en escritor. En su caso, las redes sociales metieron la cola, pero bien, porque Carlitos un buen día se encontró contando cosas en el Facebook (ficticias y reales, incluso algún suceso personal), y algunos amigos que lo seguían comenzaron a impulsarlo a escribir un libro.

“Yo me divierto en Facebook, escribo cuentos cortitos. Me estimularon algunos seguidores, y un buen día me dije ¿y por qué no?’”, explicó el autor, que en poco tiempo ha hecho mucho. En la primera etapa del proyecto Mariano… jugó un rol clave Raúl ‘Archy’ Peret, con quien diagramó una idea general para la estructura de la obra. La segunda parte ya recayó en manos de la Imprenta Asín, en particular de Yamila Asín, que plasmó junto al escritor la forma definitiva del volumen. Mariano… el amor en Cabeza del Buey es una novela de ciento treinta páginas, “una ficción atada a lo real”.

Está a la venta en Mundo Gurí y a través del propio Carlos Romano. En la portada luce una foto en dominante tono amarillo oro de un atardecer en la laguna que titula el volumen. Esa ligazón con lo real a la que Romano alude arriba, está dada porque “el camino de la sal entraba por la punta de Bolívar, y la cruzaba entera: pasaba por Unzué, etcétera, y siempre paraba en la Cabeza de Buey.

En el viaje que yo cuento, el tipo que dirigía la expedición, un tal Manuel Pinazo, paraba ahí y tanto de ida como de vuelta mandaba un chasqui al virrey informándole que estaba en la Laguna. Pasaba una noche y después seguía”, contó Romano.

En las salinas cargaban la sal, “con permiso de los indios y el Cabildo, y emprendían el regreso”, un recorrido que les demandaba unos treinta días. Por otra parte, el trabajo que está a punto de salir de los talleres de impresión se titula Cinco historias: cinco relatos cortos, historias de vida, también con el amor con núcleo aglutinante, o “en el medio de todo”, como dice Carlitos. El género al que recurrió en la ocasión es la ficción, pero de nuevo inficionada por la realidad, por cosas que ocurrieron y que aparecen veladas por identidades creadas por Romano.

En uno de esos relatos “está el covid metido”, vale decir que algunas de esas historias transcurren en el presente y otras en tiempos más lejanos, en particular uno de los cuentos, que tiene epicentro en 1960. También hay otro cuyo escenario, “de pasada”, es la colimba, que no existe desde principios de los años noventa. Cinco historias es un libro de setenta páginas, que estará listo quizá a fines de febrero.

Saldrá a la venta en Gurí y también a través del autor. El tercer volumen, inédito, se titula Fortines y Soldados, y habla de cosas que sucedieron en San Carlos de Bolívar, pero también ficcionadas. “Hay cuatro o cinco soldados a los que llevan por pavadas, los meten en un fortín imaginario o no tanto, cerca de San Carlos, y hacen su vida ahí hasta el día de la batalla, a la que ingresan imaginariamente. Pero mediante un ardid, son liberados, y regresan a su lugar de origen. Ha pasado ya un montón de cosas, y aparecen Calfucurá” y otros personajes históricos reales, reveló ‘el padre de la criatura’. “Claro que en medio de todo eso hay un romance muy grande, de uno de esos gauchos con la hija de su primer patrón”, completó.

O sea que siempre escribís sobre el amor, posiblemente el único tema que hay. (Piensa unos segundos).

–Y sí. Es el gran tema, porque el amor maneja al mundo. Hasta el odio de alguna manera es amor, por ser la falta de amor. Resta agregar que Romano también escribe por su padre, hay algo de orden sanguíneo que interviene allí, toda vez que el viejo “escribía poemas”, algunos de los cuales Carlitos atesora.

Romano padre era amigo de Oscar C. Cabreros, histórico director de este diario, y en estas mismas páginas, hace muchísimos años, publicaba algunos de esos trabajos. Ese es el material que conserva su hijo, y que seguramente, incluso secretamente, ha de haber influenciado su interés por escribir, como es fácil ver con ‘el diario del lunes’.

Chino Castro

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