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sábado, 24 de julio de 2021
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La historia de nuestro pueblo necesita ser protegida

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La presente nota fue enviada a nuestra edición digital por el lector Gustavo Alberto Nadal. Con mucho gusto la reproducimos.

 “Es común en nuestros días, ver que los edificios antiguos que pertenecen a la historia de los pueblos son víctima de acciones vandálicas o abandonados a su suerte por quien tiene la obligación de preservarlos. Cuidemos el patrimonio cultural para las futuras generaciones…” El 1° de Julio 1898 llega a nuestra ciudad el primer tren y con él los avances de nuestra sociedad. En la intersección de las Avenidas San Martín y 25 de Mayo se encuentra el edificio de la Estación Ferroviaria Bolívar. Pertenece al Ferrocarril General Roca de la Red ferroviaria Argentina, fue concesionada a la empresa de cargas Ferro expreso Pampeano y constituyo hasta el año 2012 uno de los medios masivos de transporte de pasajeros que une la estación Empalme Lobos y Carhué.

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Desde su clausura el edificio se ha deteriorado a pasos agigantados, producido por la falta de mantenimiento y lo más preocupante por los continuos ataques vandálicos. Es lógico que el tiempo haga su trabajo, lo ilógico es que no se tomen cartas en el asunto ante los persistentes ataques de desaprensivos que no tienen idea del valor histórico de ese edificio. Pese a los reiterados reclamos de los pocos operadores ferroviarios, como se conoce a las personas que ahí laboran. Es evidente que los reclamos no han sido tomados, porque se evidencia la falta de medidas preventivas para evitar tales ataques, o proyectos para su preservación y restauración. Es cierto que nuestra sociedad en las últimas décadas ha ido cambiando notablemente, la tecnología hizo que los jóvenes pierdan interés en aquello que nuestras generaciones respetaba y que la gente imbuida en sus problemas cotidianos no preste atención a estos edificios que representan nuestro pasado histórico. También es cierto que algunas empresas se ocupan de sus activos, dejando de lado todo aquello que de perdida y que no de utilidades.

Me pregunto ¿qué va a pasar si esto se sigue ignorando?; ¿que nos quedara para las futuras generaciones?; ¿qué les mostraremos a nuestros hijos y nietos cuando hablemos de la estación de ferrocarril?. La respuesta puede ser: terrenos vacios o ruinas con alguna anécdota si nada que ver, apelando a la imaginación del oyente y recurriendo a imágenes virtuales de otros pueblos, que por el contrario sí se ocuparon de mantenerlos y que hoy son motivo de admiración por quienes los visitan.- Es triste ver cómo se va perdiendo ese espíritu que hacía que San Carlos de Bolívar llamara la atención a sus visitantes, ya sea por el orden o el cuidado que se le ponía a preservación de aquellas cosas que representaban su historia.

Cada vez que visito mi querido pueblo, voy a la Estación de Trenes como la conozco desde mi infancia y veo algo nuevo roto, producido por algún vándalo y reparado precariamente por los pocos operarios de ese lugar, que según me han dicho, lo hacen con sus recursos porque han ignorado sus reclamos. Evidentemente en poco tiempo no va a quedar nada que romper, ni ver, salvo las ruinas de lo que en algún momento fue la Estación Ferroviaria Bolívar o su predio vacío. Gran parte de nuestra sociedad está arraigada a esos edificios y a su historia.

Nuestros antepasados habidos de esperanza, con deseos de crecimiento personal y social lograron lo que hoy es San Carlos de Bolívar, en donde todavía a pesar de encontrarnos en el siglo XXI, se pueden ver en el pueblo construcciones de épocas pasadas, edificios históricos, y sentir la cordialidad y respeto de su gente. Nuestra Estación de trenes es patrimonio de la ciudad, de su historia; y a pesar del desinterés comercial por preservarla y protegerla, es nuestra obligación como bolivarenses hacer lo necesario para que las futuras generaciones puedan contar con ella y de ninguna manera permitir que pase al olvido.

Que vuelva a brillar como lo hizo en alguna época y aunque no lleguen trenes de pasajeros para poder ver, sea un lugar más de visita no solo de ocasionales viajeros, sino de reunión para la sociedad local. Hago propicia esta oportunidad para invitarlos a reflexionar y tomar cartas en este asunto, proponiendo iniciar un proyecto para revertir esta triste realidad. Sin más que decir, les dejo un afectuoso saludo a todos mis coterráneos.- Fdo. Gustavo Alberto Nadal, nativo de una ciudad con Historia

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