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lunes, 19 de julio de 2021
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La Escuela Salesiana de Del Valle está en zona de riesgo

Una decisión administrativa que no atiende la diversidad afecta su continuidad en la tarea educativa y deja expuestos a sus alumnos a la "no educación".

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La Escuela Agrotécnica Salesiana “Carlos Casares” de Del Valle atraviesa, en estos momentos, una dificultad severa que pone en riesgo su continuidad en la tarea educativa. La Dirección Provincial de Educación de Gestión Privada (DIPREGEP) le ha notificado a sus autoridades que deben acatar el único protocolo vigente en relación a la pandemia de COVID 19, que rige para la totalidad de las escuelas de la provincia. Ello equivale a decir que no hay posibilidades de utilización de las residencias para los educandos, ni el comedor, entre otras cuestiones que tienen que ver con las particularidades específicas de ese prestigioso establecimiento educativo.

Es necesario hacer notar que la EAS es un instituto modelo en la región, que nuclea en su matrícula a unos 300 alumnos que viven en diferentes partes de la provincia de Buenos Aires e, incluso, de la propia Capital Federal. Los jóvenes que allí se instruyen, en algunos casos, tienen su lugar de residencia a más de 300 kilómetros del establecimiento y por ello los curas salesianos desde hace muchos años los proveen de lugar de residencia y comedor.

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Según comentó a este medio la Dra. Florencia Celma, médica veterinaria y docente del establecimiento, el protocolo que comenzaron a aplicar en el mes de febrero es uno confeccionado por los propios docentes y autoridades educativas y que fue avalado por la Inspección en su momento, toda vez que desde los ámbitos específicos (Ministerio de Educación de la provincia) nunca se tuvieron en cuenta las especificidades propias de esta escuela para adaptar el protocolo COVID “a favor de la educación”.

“Debo decir -enfatiza Florencia- que el año pasado fuimos muy exitosos con el protocolo que aplicamos y no tuvimos ni un solo contagio entre los alumnos. El establecimiento es muy amplio y cómodo y lo adaptamos a la posibilidad de trabajar en “burbujas” que dieron muy buen resultado. También utilizamos mucho el aire libre para el dictado de clases, sobre todo las de carácter práctico”, narra la docente explicando las fortalezas que de las que dispone la escuela para enfrentar, con las armas que le son propias, al coronavirus.

La EAS es una escuela pública de gestión privada y el 50 por ciento de la matrícula está becada, motivo por el cual, y como parte de la tarea educativa, el establecimiento produce especialmente los alimentos que consume, pero también industrializa chacinados y lácteos, promueve y genera energías alternativas y hasta transforma los residuos ganaderos e industriales en biogás y biofertilizantes.

“Durante el mes de febrero, la escuela comenzó una prueba piloto con un protocolo avalado por la inspección, que dio excelentes resultados. La felicidad de los chicos, los docentes y toda la comunidad educativa al volver a la escuela, fue inmensa. El reencuentro era necesario y la necesidad de presencialidad en la educación, indiscutible”, apunta Florencia Celma en una carta abierta publicada en redes sociales y cuyos conceptos ratificó durante este diálogo periodístico.

Sin embargo, sin posibilidades de ningún tipo de diálogo, la DIPREGEP el jueves pasado notificó que deben ceñirse en un todo al protocolo general de escuelas, “desconociendo la diversidad, un concepto históricamente defendido por el propio Ministerio de Educación. ¿Qué les pasó ahora que ellos deben atender a la diversidad de escuelas? Si pregonaron durante tanto tiempo que cada chico era diferente y debía tener una trayectoria pedagógica particular, ¿por qué las escuelas no pueden tener protocolos diferenciados?”, se pregunta Florencia.

Lo cierto es que, sin residencia, sin comedor, con jornadas de cuatro horas y la obligación de que los alumnos retornen a sus domicilios al cabo de esa jornada, la EAS está condenada al cierre y los alumnos “sentenciados a la no educación”.

En el extenso diálogo periodístico mantenido, la Dra. Celma fue muy clara en afirmar que la virtualidad educativa, en este caso, es de muy difícil aplicación. “Hay que comprender que muchos de nuestros alumnos viven en el campo, en lugares donde no hay conectividad y que la mayoría de ellos carecen de instrumentos tecnológicos adecuados. A veces tienen que utilizar el teléfono celular de sus padres (cuando éstos lo poseen), muchos de esos alumnos son chicos de bajísimos recursos económicos y están muy lejos aún de la tecnología. Por eso la escuela y su lugar físico es para ellos imprescindible”.

La realidad está planteada. Es imperioso que las autoridades educativas reflexionen y revean una decisión administrativa que podría generar un daño irreversible.

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