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domingo, 25 de febrero de 2024
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La canción del Me Encanta calla y espera

Pronto sabremos qué pasará con la edición 2024 – Opinión.

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Asumo que, después del brutal decretazo dado a conocer por Milei el miércoles, resultará superfluo hablar de casi cualquier otra cosa, pero allá voy.

Que no hayan confirmado su realización no quiere decir que no se realizará, ya que jamás lo anunciaron en diciembre ni en enero, pero en casi cuarenta años nuestro festival mayor no estuvo casi nunca tan al borde. Exceptuando cuando no se hizo, gestión Simón intendente. Más aún atendiendo que, a diferencia de Henderson, que cuenta con una comisión que trabaja todo el año al comando del certero Vicente Pérez Ramos, en nuestro distrito el hoy llamado Me Encanta Bolívar se organiza semanas antes, y la verdad es que sale bien. (A propósito: Henderson ya anunció que no habrá Canta ’24.)

Si no se realiza será porque no hay plata; a la cultura la cortan fácil, es la dama ninguneada de los gobiernos pero cuando deciden talar siempre se acuerdan de ella. Nuestro festival ha estado sujeto a aportes nacionales, y también por eso ha desarrollado tamaña musculatura. Pero vivimos, otra vez, tiempos de ajuste, y sabemos lo que significa y dónde las tijeras empiezan primero. Imagináte con Milei el entregador. O no sabemos, porque la sociedad volvió a elegir motosierra, palo, ordinariez y que no se puede hacer otra cosa, el más eficaz y longevo verso de nuestra historia. Aún así existen alternativas, y en eso ha de estar pensando Gobierno Pisani: la principal es llevarlo a cabo sólo con bandas y solistas de Bolívar y la región. Esto permitiría un gran ahorro de recursos económicos e incluso humanos y logísticos, pero implicaría renunciar a la esencia del festival, aquello por lo que somos noticia nacional cada febrero o marzo: programar a los número uno del país, género por género, que ahí aparecía cada año el ‘gancho’ nacional. Si semejante efervescencia provocan las celebrities que nos visitan cada edición, si un verano no vienen se tendrá que notar. Y esto no va en detrimento de la calidad de los músicos vernáculos, que los hay excelentes y como para hacer dulce de melodía, sino en dirección a reconocerles a los artistas consagrades el rango de tales, que por algo lo adquirieron. Y si consideramos que la cultura también es pan, deberemos aceptar que para quien carece de toda posibilidad de pagarse una entrada a un recital de un Fito Páez, una cifra de vecinas y vecinos que lamentablemente crecerá al influjo del verdugo que hemos preferido como presidente, un eventual Me Encanta sólo con locales operará como una suerte de aperitivo de un plato principal que no será servido. Y un aperitivo, por sabroso que sea, es un aperitivo, no confundir gordura con hinchazón. Desde la comodidad de poder pagarse un viaje y un abono, esto quizá no se vea con claridad meridiana. De nuevo: no va en detrimento del talento local, que lo tenemos como para inflarnos el pecho de orgullo.

Para los músicos/as vernáculos sería un golazo, pero para el público no. (Aunque bien mirado, tampoco para nuestros músicos/as, que han de aprender del intercambio con sus pares ilustres, de ‘pescarles’ detalles en escena y fuera de ella y que, como cualquier hijo de vecino, o más porque se trata de su metier, también anhelarán verlos en acción a dos cuadras de casa.) Sin contar que sería un festival protagonizado por propuestas que cualquiera puede ver todo el año, aunque a los (cada vez más escasos) patios vayan treinta. En escenarios más chicos, sin esa trompada en sonido y parafernalia, pero tampoco cabría esperar que si montaran un Me Encanta “del ajuste” (aia) trajeran semejante arsenal de equipamiento como si recibiéramos a la trova rosarina.

Hay quien opina que sin popes mejor no, pero esta columna considera que sí, contra viento, marea, bolsillos flacos, aludes de Stihles, Ibuprofeno a 4 mil, golosinas navideñas con precios salados hasta lo insólito y jauríos de vecines que, como espetó en estas páginas la afilada cantante Clara Tiani, cual en un recital de punk de 1980 ya están parapetades para lanzar su consagratoria salva de escupitajos si lo hacen grande, si lo hacen chico y si no lo hacen. Por ello sería imperativo que Gobierno Pisani decida qué hacer, surfeando entre lo que puede, lo que quiere y lo que debe (ejem), de espaldas a la oleada de mala leche que podría recibir, y lo defienda/instale políticamente montándose en la agenda. Porque lo único que garantiza quedar mal con casi todos, y ya deberíamos haberlo aprendido, es intentar quedar bien con todos, así en política como en la vida.

Más vale que pagándoles a los artistas, cosa que durante añares no ocurrió y es bueno remarcarlo, porque en la tristemente renacida ‘era del ajuste’, con gobiernos raspándose las neuronas para abonar los aguinaldos y Pisani con el gabinete en veremos, hasta el más progre de los mandatarios ha de sentirse tentado de reemplazar un cachet por un chori medio torcido y una Coca medio tibiona. Total, la gente abrazó a Milei, gastar está mal visto y la cultura sigue siendo considerada un gasto, como si no fuera también medicina e inversión en salud. Una vez que alguien sube la vara, y en materia de pagar a los músicos del Me Encanta la subió Eduardo Bucca, conviene militar no bajarla, so riesgo de que no recupere jamás la altura anterior. Porque si no defendemos que Cultura debe tener un buen presupuesto ya que mejor repartir bolsones de alimento, cada vez habrá más hambre.

Son horas decisivas. La canción del Me Encanta 2024 permanece en silencio, empezando a gritar, todavía íntimamente, su urgencia. Acaso sea encendida por los valores locales, y aunque ojalá suceda porque nos merecemos linda música, más aún en los albores de un “infierno” anunciado y elegido, convendría no mentirnos con que será lo mismo, y con que “¡¡¡comienza una edición del festival que ya es un éxito!!!” a los treinta segundos de la primera luna, y toda esa crema.

Chino Castro

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