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martes, 01 de junio de 2021
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Juan Farias: “Cuidarse para poder cuidar al resto”

Diálogo con el Jefe de ambulancieros del Hospital ‘Miguel Capredoni’.

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Juan Farías es el jefe de ambulancieros del Hospital ‘Miguel Capredoni’. Con más de 30 años de experiencia como chofer de ambulancias, sintetiza en la frase final del diálogo que mantuvimos con él la lógica que debería motivar las acciones de todos y cada uno de nosotros en esta situación sanitaria que nos toca vivir: ‘cuidarse para cuidar al otro’. En términos generales, una sentencia que no se aprecia en la actitud de muchos ciudadanos.

Juan está en centro de este torbellino. Es quien por estos días recibe las comunicaciones del equipo de ‘Huella epidemiológica’ solicitando traslados de pacientes con COVID al nosocomio local y debe coordinar los movimientos de las ambulancias. También es quien suele hacer los viajes fuera de Bolívar para la compra de insumos. Puede tocarle asimismo un viaje por una emergencia y traslado a un centro de alta complejidad fuera de la ciudad.

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Su rutina, como la de todos, cambió allá por marzo de 2.020, cuando la pandemia aterrizó en nuestro país y Bolívar debió empezar a prepararse para lo peor, o sea, lo que estamos viviendo ahora. “Estamos atravesando una situación difícil en este momento en el Hospital. Pero cuando todo esto comenzó, allá por marzo del año pasado, todo era nuevo. Era un virus que estaba invadiendo a la humanidad, no sabíamos qué gravedad iba a tomar, y con el tiempo, con las mutaciones que se fueron dando, llegamos a este presente tan complejo”, comienza recordando.

“Cuando todo empezó, el Hospital se comenzó a preparar. Se diseñó toda una logística para tener todos los insumos posibles antes de que ‘la bomba explotara de alguna manera’. En la coordinación, con las ambulancias, hemos tenido que salir a La Plata o a Capital Federal para comprar cosas, en aquel momento en el que todo estaba cerrado”, cuenta Juan. Recordemos que en el inicio de la pandemia, todo el territorio nacional se encontraba en cuarentena rígida, con confinamiento obligatorio para la mayoría de la ciudadanía a excepción de los considerados esenciales. “Acostumbrados como estábamos a la cantidad de gente y de tránsito en épocas normales, los viajes que hacíamos en aquel entonces eran extraordinarios en todo sentido. Andar por la avenida 9 de Julio era un lujo, porque los únicos que teníamos prioridad para pasar éramos las ambulancias, y la poca circulación que había nos permitía manejar de una forma muy cómoda. Podíamos estacionar sobre avenida Corrientes, a 50 metros del Obelisco, sin inconvenientes. Parecía una ciudad fantasma”, rememora.

Aquellos primeros días todo fue aprendizaje. “Era todo nuevo. No sabíamos ni cómo ponernos la indumentaria ni estábamos tan familiarizados con tantas palabras que hoy ya son de uso común como protocolo, mameluco, barbijo, que hasta los chicos más pequeños saben utilizar. En ese momento viajábamos a buscar insumos a La Plata, Capital, Gran Buenos Aires, todo en un mismo día. Esperar el llamado de la oficina de Compras del Hospital para luego ir a buscar cosas a otro lugar, como por ejemplo, telas. Me ha tocado ‘pelearme’ porque no nos querían atender en el momento y hacer volver al otro día. Era como ‘defender la camiseta’ de la ciudad, teníamos que traerle la solución a la comunidad y al equipo sanitario que se estaba preparando para eso”, relata. 

Son once, podrían armar un equipo de fútbol. Pero forman un equipo mucho más importante. “Somos once choferes, dos exclusivamente dedicados a viajes de larga distancia que en este contexto cumplen con otras funciones como reemplazar a otros compañeros o ser camilleros. Los nueve restantes están afectados al Servicio de Emergencia. Los once compartíamos un lugar dentro del Hospital y cuando comenzó todo esto hubo que buscar otro con más espacio para no estar todos reunidos, reacondicionarlo. Tenemos un termo, dos camas para los choferes -que las usan muy poco, sólo para descansar un poco a la noche, porque durante el día el movimiento es muchísimo-. En esos primeros días aprendimos cómo vestirnos, cómo descambiarnos (usamos doble par de guantes, doble par de botas de tela, cofia, doble barbijo -usan el N95 y el quirúrgico juntos-)”, enumera Juan. Recordemos que ante cada salida los choferes, así como todo el personal sanitario previo a cada atención, deben cambiarse y descambiarse, descartando todo. “La cantidad de material que se usa es impresionante”, resume.  

Juan como jefe de ambulancieros es quién se ocupa del pedido de los insumos para su grupo. “Hago el pedido a Farmacia, desde donde nos proveen en tiempo y forma. La coordinación y el esfuerzo de todo el grupo humano que trabaja en el Hospital son enormes. Todo el personal hace una gran labor, como la de los chicos de mantenimiento como se los denomina, que les toca la tarea muy triste de ir a buscar a los fallecidos y llevarlos a la morgue”, expresa con pesar. 

Durante el día son cinco los choferes de ambulancia que trabajan, en turnos de 24 horas (de 8 a 8 de la mañana). Hay dos choferes de guardia, para las emergencias o el traslado de pacientes con COVID como se está haciendo ahora. Los que salieron del turno anterior no se van a la casa sino que quedan otras 8 horas más como camilleros. Esto debido a que gran parte del personal que antes se ocupaba de ello son los que desde el inicio de la pandemia, por ser personal de riesgo (debido a la edad o por problemas de salud), no están trabajando. “Ante una situación de urgencia, cualquiera de los que está como camillero puede manejar. El quinto, que soy yo, hago lo que sea necesario en el momento. Días atrás me pasó que tuve que salir para 9 de Julio a buscar suero equino, y un rato antes había ido a Pehuajó a buscar insumos para el laboratorio. El día anterior había ido a buscar a una familia completa a Ibarra. O sea, todos cumplimos una función, y brindamos una colaboración que es única”, cuenta.

¿Cómo funciona el sistema de traslado de pacientes con COVID? Juan lo explica. “Las chicas que trabajan en ‘Huella epidemiológica’ son las que me mandan la información y el pedido de ambulancia, que lo solicita el médico a cargo del seguimiento del paciente. Yo les trasmito el pedido a los chicos, a través de un grupo de WhatsApp que tenemos, y así nos coordinamos”, manifiesta.

Por estos días suenan a toda hora. Si bien son 8, son dos las que están afectadas en este momento al traslado de pacientes con COVID. “El Hospital cuenta con 8 ambulancias, de las cuales 4 son para realizar traslados de larga distancia a centros asistenciales de alta complejidad (una de ellas es para uso exclusivo de pediatría ya que cuenta con una terapia intensiva neonatológica). Dos son exclusivamente para traslados de pacientes con COVID (dos marca Mercedes Benz); tenemos la ambulancia del SAME, para Guardia general”, expresa Juan. Las ambulancias que hasta hace pocos días atrás estaban apostadas en el patio del CRUB para la práctica de hisopados han vuelto a su antigua función. Una era de Urdampilleta, que hoy está en Logística, y la restante, que fue adaptada como unidad móvil de toma de muestras, está siendo nuevamente equipada y sería destinada también para traslados de pacientes afectados con el virus.

Las ambulancias dedicadas al traslado de pacientes con COVID que son llevados al Hospital por diferentes motivos están constantemente en acción. “Antes hacían 15 kilómetros por día; ahora alrededor de 150 a 200 kilómetros por día. Por lo tanto tenemos que tenerlas lo más acondicionadas posible y si necesitan algo llevarlas rápidamente al taller”, sostiene. Hacen entre 15 a 25 viajes diarios. “Se va a buscar al paciente. Se lo lleva a Guardia Respiratoria COVID donde se lo evalúa. A medida que el médico determina tras la consulta que se puede volver a la casa, se lo lleva de regreso”, añade.

Cuando comenzó el aluvión de casos desde mediados de abril, el Municipio y el área de Salud tomaron la determinación de que las ambulancias que realizan traslados de pacientes con COVID se haga con la sirena encendida, como una manera de llamar la atención sobre la gravedad de la situación sanitaria que de atraviesa en el Partido. Decisión que ha cosechado voces a favor y el contra. “Al principio me parecía raro. La sirena es un dispositivo que se usa habitualmente para anunciar que estamos atravesando la ciudad de una forma más rápida de lo normal, superando los 40 kilómetros, y avisamos que vamos a una emergencia. Con esta determinación se busca de alguna manera concientizar a la gente para que se cuide y sepa qué es lo que está pasando dentro del Hospital. A nadie le gusta activar una sirena, genera otra adrenalina al chofer, pero si sirve para lo esperado está bien. Al salir con tanta frecuencia y escuchar la sirena por todos lados permite dar a conocer del movimiento que hay en el Hospital, la cantidad de enfermos y de fallecimientos que se están dando”, destaca Juan quien así como sus compañeros ya cuenta con las dos dosis de la vacuna Sputnik V y la antigripal.

¿Cómo viven ellos estar en el ojo de la tormenta? Como pueden. “Es una situación difícil la que se vive. Si bien con el transcurso de los años, yo hace 31 años que soy chofer de ambulancia, uno se va a acostumbrando a ciertas cosas. Como ambulanciero uno ve de todo; vas a un accidente y no sabés con qué te podés encontrar. Los años te van preparando para afrontar esa situación. Cuando uno concurre a ayudar a un vecino, es imposible no sentirse afectado. Pero esta situación de pandemia, que sabemos que mucha gente está en el Hospital en una situación grave, delicada, boca abajo, con oxígeno, es muy difícil de atravesar. Por suerte estamos recibiendo ayuda psicológica de parte del equipo del Servicio de Salud Mental”, cuenta.

Por último, le pido a Juan una reflexión sobre este presente, un mensaje para la comunidad que aún no ha tomado lo recaudos necesarios que esta circunstancia amerita. “¿Qué pasaría si todo o casi todo el personal de salud se infecta y no puede atender al resto de la comunidad? Ya todos conocemos las medidas de cuidado, sabemos qué hacer ante la aparición de síntomas, qué hacer cuando se está contagiado. Entonces ¿por qué no se hacen las cosas bien? Si uno no se cuida y se enferma, y si el personal de salud se enferma, ¿quién nos va a cuidar? Porque no es fácil reemplazar un recurso humano así de calificado. Se podrá reemplazar a un chofer de ambulancia hasta por ahí nomás, pero un médico o un enfermero que se prepararon un montón de años no son fáciles de reemplazar. La gente tiene que tomar conciencia y cuidarse para poder cuidar al resto”, concluye. Y tiene toda la razón.

V.G.

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