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domingo, 26 de septiembre de 2021
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Jazz que te quiero (en) living

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Ese amable latin jazz que no puede más que aterciopelarte, impregnó el sábado el auditorio de la Biblioteca Rivadavia, de la mano de La Destilada Evolution y para un concierto que tuvo características de living, con el público cómodamente sentado dibujando un semicírculo, con mesas para las copas de vino y los bocaditos que distribuyó la comisión directiva de la entidad anfitriona. Y temprano, justo ahí donde el atardecer se azula para fundirse en la noche.

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La banda, a tono con la atmósfera que se pretendió y se consiguió crear, tocó sentada y prácticamente desenchufada, como si se tratara de un unplugged en los otrora confortables estudios de la MTV en Miami donde a mediados de los noventa grabaron Charly, Spinetta, Soda y podríamos seguir. Sólo el violero y capitán del colectivo, Ariel Tardivo, desarrolló su labor de pie, concentrado en su menester pero con margen para interactuar con sus compañeros e incluso el público, lo mismo que cuando integraba la banda platense Los Confites y salía por los casamientos y cumpleaños de 15.  (Al robusto instrumentista le colocaron una silla pero casi no la usó, quizá habituado a estar de pie ya que es odontólogo.) A su derecha, sobre el borde de la tarima donde se montó la batería de ‘Patita’ Suárez, se sentaron, relajados como en casa, el bajista y ocasional cantante, Diego Peris, y el saxofonista Álvaro Damiano.

Pero hubo otra novedad. José María Maluéndez, el ‘Doctor Jazz’, o también el ‘Cirujano del Bebop’, hizo las veces de maestro de ceremonia con dos intervenciones a lo largo de una hora y cuarenta y cinco minutos de velada, para presentar a la banda, brindar un bosquejo sobre los orígenes y la evolución del jazz y unas mínimas grageas referidas a las canciones que nutrieron el repertorio. Promediando la noche, el médico recibió una botella de vino como obsequio de la comisión que encabeza el presidente de la Rivadavia, Julio César Fal.

Watermelon Man, de Herbie Hancock; una de Spyro Gyra; Red Baron, de Billy Cobham, y una de Lee Riteneur fueron algunas de las páginas interpretadas, en la soleada ruta de ese jazz fusión o latin que no deja afuera al público. Canciones que invitan a los solos y el lucimiento de cada instrumentista, como ocurrió el sábado con los jugadores de la banda, que destilaron buen gusto y un plan que parece perfecto: agradar sin abrumar, mostrar sin exhibir, tocar para el público, no para sí mismos. Apareció, hacia el final del viaje, una suerte de península pop para que nos tomáramos de algo más familiar en el piélago del jazz: el siempre afinado Diego Abel Peris puso su voz para una de Roger Hodgson, cantante de Supertramp, y la indestructible Come Together, de Los Beatles. Al toque, con la cantante invitada, Steffi Rodríguez, despacharon Feeling Good, que inmortalizara Nina Simone pero ‘filtrada’ por la versión de Alicia Keys, y luego un abordaje fogosamente jazz de Smoke on the Water, de Deep Purple, un tema que habitualmente La Destilada hace con Eduardo Gómez Haedo como vocalista convocado. Pocas canciones, pero varias tocadas en encares más bien largos, con espacio, solos y todos los ‘chiches’. Steffi brilló con su registro afinado, limpio y potente. Un nuevo aporte de Venezuela a San Carlos de Bolívar. La conocimos durante el verano, como cantante invitada al show de Jorge Godoy Alba en el Me Encanta Bolívar, pero se quedó a vivir en la ciudad y ojala siga cantando. 

Hubo un bis, y fue todo: la veda por las elecciones nacionales acechaba, y era hora de soltar las copas y el encuentro. Sin embargo, el tiempo alcanzó para que un entusiasmado Julio Fal anticipara que es deseo de la comisión de la institución que preside, y es obvio suponer que también de la banda y del público que la vio, repetir la experiencia del concierto living, por lo que ya podemos anunciar, aunque aún no haya sido fijada la fecha, que La Destilada volverá y será sillones.

El sonido fue provisto por el puntual Sergio Francisco Ramírez, ya un ‘destilado’ más (si jugara al fútbol, sería ese marcador de punta que sin hacer casi ruido llega limpio a todos los cruces y ‘cierra’ su punta), y la iluminación, por Diego Abel Peris y Maxi Bonasso, un amigo de la banda que está de paso unos días en la ciudad.            Chino Castro

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