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miércoles, 18 de mayo de 2022
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Hoy la Ricardo Rojas: la de la 7, la del ahorcado

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La Plaza Ricardo Rojas es quizás hoy, de las plazas de la planta urbana, la más abandonada, seguida muy de cerca por la Plaza Belgrano. Es que los cambios y arreglos que se comenzaron a realizar en tiempos de los gobiernos de Juan Carlos Simón y José Gabriel Erreca y continuaron más acá en el tiempo, llegaron al barrio de Villa Juana en cuenta gotas, y a la plaza, menos.

 

Conocida históricamente como “La plaza del ahorcado”, por un triste episodio que protagonizó un joven a comienzos del 1900, ha sido la plaza urbana que se encuadró en quizás el cuadrante más pobre de la ciudad. Durante años fue también la plaza de las “rosetas”, que ningún gobierno se ocupó de quitar, y posteriormente sufrió un abandono que no se suplió con la construcción de su vereda perimetral de hormigón.

La fuente-monolito ubicada en el medio de la plaza es una representación clara del abandono. Nadie, absolutamente nadie, la intervenido en los últimos 40 años. Si a eso le sumamos que a comienzo de los 2000 se fijó en la Rojas un monolito que recordaba al Regimiento Los Blandengues, hoy inexistente, más a favor todavía de estas apreciaciones. Y al igual que la Belgrano, es de las plazas más representativas la única que no tiene sus diagonales pavimentadas, aún cuando las de la Rojas son menos serpenteantes que las de la plaza frente a la cual debía erigirse la Escuela N° 9, algo que jamás sucedió.

 

Es además una plaza a la que la iluminación siempre le llegó tarde, como también los juegos, y ni hablar de la reposición de árboles, algunos talados y nunca más reemplazados. Y como si fuera poco debe ser la plaza que menos bancos tiene de todas las que existen en la ciudad.

 

Hace unos años se remodeló a nuevo la plaza Simón Bolivar, ubicada en Casariego, a unas 10 cuadras más al sur de la Rojas. Bien merecido tuvo esa lavada de cara que la transformó y la convirtió en un lugar al que da gusto ir a pasar una tarde o un rato. Pero otras plazas, más céntricas y antiguas, como la Rojas, y también la Belgrano, siguen esperando por mejoras, no la que tuvo la de Casariego porque es hablar de costos altísimos; pero sí con pequeñas obras se la puede mejorar de a poco, cumpliendo con una deuda histórica que han tenido todos los gobiernos municipales desde 1980 a la fecha, mínimo.

Angel Pesce

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