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lunes, 27 de septiembre de 2021
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Himnovación

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Himnovaciónes el título que pensé para un ciclo que me encantaría compartir con mi querido cumpa Mario‘Chiqui’ Cuevas. Consistiría en convocar a escuchar, en silencio y a oscuras, un disco entero. Sin presentación, sin cortes ni debate posteriorsobre la obra. Sin selfies para comunicarle dónde estamos a la humanidad, nada le pasará si una vez no le avisamos.A lo sumo, algún trago para el durante. Sólo se anunciaría el nombre del artista, del disco y el año de edición. Jamás un compilado ni álbum póstumo. Tras la función los asistentes se marcharían en penumbras rumbo a la noche de la ciudad, previo retirar sus teléfonos de la mesa de entrada en la que se invitaría a dejarlos, como sise tratara de la pistola del policía que va a visitar a su nieto. ‘Chiqui’ y un servidor oficiaríamos de curadores. El Cine y el auditorio de Cultura podrían ser sede, la Biblioteca Rivadavia también. Si el capitalismo sigue pediríamos un honorario, una cifra acorde a las limitaciones que impondrá el frágil tiempo de la pospandemia. A no asustarse que mirado bajo el prisma económico que siempre he desdeñado, Himnovación sería barato.

La propuesta abrevaría en el manantial de los clásicos. Si es verdad que siempre tienen algo nuevo que decirnos, nada mejor que adentrarnosen obras capitales para pensarnos mejor, sentir/sentirnos más genuinamente, para hallar sabores verdaderos. Nada más moderno que un clásico. ¿Alguien es más moderno que Borges, más innovador que Pink Floyd? ¿Ha nacido un cantante más joven que Roberto Goyeneche? Un buen clásico siempre guarda un misterio. ¿Existe algún artista más inquietante que Cortázar o Davis, aunque creamos que los conocemos de sobra y que es hora de dar vuelta la página, pasar de track? Podríamos pasarnos la vida leyendo a Julio y escuchando a Miles, no necesitamos mucho más que ese pan.

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Cuando casi todes debemos conjurar la lentitud del tiempo y la velocidad de la ansiedad rodeados de paredes que ya parecen muros, ‘caer’ en un libro, disco o película huele a inevitable. (Claro que no sería un caer en los términos de la ex gobernadora Vidal referidos a educación pública.) Arrivederci cafés y borracherías, no rueda la pelota en ninguna cancha o potrero, no podemos concurrir a espectáculos, que mantendrán sus puertas cerradas varios meses, hasta caminar queda vedado, salvo de la cama al living, y ni hablemos de juntadas con amigues o comer afuera. No hay que llevar niños a la escuela, sólo se puede yiraruna vez al día con mandados y trámites y ni al médico podés ir, excepto ‘coronado’ y no de gloria. Estamos verdes, no nos dejan salir. Como mudarse a las redes sociales también sabe a inevitable, ya que cuando todas las ventanas se cierran ahí gira lo que nos queda de mundo (también tenemos la tele, pero en las redes podemos injerir y no es necesario haber aprobado la primaria), nos desplazamos en una selva de sugerencias de bocados artísticos, compartires cruzados y emociones por doquier, que convive con las intervenciones de los nuevos humoristas y filósofos que se postulan para el día después. La Tierra, que es redonda según alguien descubrió hace mucho y aún nadie logra rebatirlo, girando en un soporte cuadrado… Quizá una mayoría busca novedades, un guitarrista aúnno congelado por el Hall of Fame, un escritorde culto al que no tuvo ocasión de entrarle, una película húngara cuyo protagonista está a pandemias luz de estampar sus manos en la vereda que Hollywood reserva a las celebrities. Sin embargo, aunque suene a contrasentido volver a los clásicos podría ser lo más rupturista.Descubrir otros entresijos en piezas ya conquistadas por el gran público. Una innovación porque retroceder sería avanzar, un recalcular para proyectarse mejor.Una aventura hacia el pasado infectada de futuro. Himnovaciónllamaría a compartir himnos que nos hermanen en la ovación colectiva, pero sin empantanarnos en obviedades, que clásico no equivale a trillado. Y discos que creíamos destinados aese cénit pero se apagaron. Obras que te transporten un rato lejos de la mugre cotidiana. No nos privaríamos del dulce tropezar con bandas y solistas ignotos/flamantes/raros, pero le quitaríamos su aura de religión de los melómanos. Creéme que hay muchoterreno por recorrer, con riqueza de paisajes.

De sobrevivir sería apropiado comenzar en primavera, ya que en septiembre volveríamos a una vida parecida a la que teníamos, para no hablar de normalidad, una categoría que ha dejado de existir en un mundo ya más chico en cantidad de gente y ojala más grande en ideas.Lanzaríamos Himnovación en una Primavera 0.

La propuesta, que tomaría algo del impulso de Teatro Ciego, sería una alternativa a la tiranía de la imagen en la aún vigente era del ‘homo-videns’, ypodría balancear sin contrariarlo el sentimiento de euforia que como un viento refrescante soplará en el Globo. Lo alimentaría desde un rincón, a través de un viaje hacia el propio interior por el bosque de los sueños. Es de esperar que no haya una multitud interesada, pero eso debería ser lo de menos: enfocarmeen la cantidad, en qué es más vendible y con ese corsé ponerme a cocinar, empobrece a la cultura. Estamos hablando de arte, no de verdulería. Este no es un pensamiento elitista sino popular, porque parte del respeto y el amor al pueblo. Lo impopular es ninguneara las minorías, pretender persuadirlas de bailar zumba para integrarse a la secta de los felices. Hemos descendido a un pozo en el que muchos hacedores, productores y difusores, de la esfera privada y de la pública, no es que piensan primero en cómo acarrear gente al molino de lo suyo: es lo único en lo que piensan. La búsqueda de la excelencia está puesta en diseñar estrategias para atraer más público, no en la elaboración de la obra, a la que incluso sacrifican. Titilan excepciones, pero a estas bajuras sobrevivir les cuesta más que al poético Defensa de Crespo, y varios terminarán llorando sobre las siempre regaladas faldas del utilitarismo. Ya hay muchos menús ‘para todos’ -o el mismo en muchas mesas-, quizá sea hora de marcar la diferencia diversificando la carta.Además porque antes que la diversión, en la variedad está el crecimiento espiritual/emocional, y hasta el intelectual.

Si fructificara esta Himnovación que no es más que un juego decuarentranca que uso de pretexto para decir algunas cosas, propondría para comenzar dos álbumes: TheDarkSide of the Moon, de Pink Floyd, que sabemostodes pero jamás atraparemos, y el poco exploradoHats, de los nocturnos Blue Nile.

Esperamos sugerencias, tal vez pondríamos un buzón.

Chino Castro

 

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