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miércoles, 12 de junio de 2024
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“Hay una ‘caza de brujas’ contra las organizaciones sociales”

Entrevista con Eliana Herrero, referente de los trabajadores excluidos.

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Eliana Herrero es la referente del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) en la mesa local de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), gremio que nuclea también a la Corriente Clasista y Combativa (CCC) y el Movimiento Evita.

En las dos grandes concentraciones populares contra el gobierno de Milei, en enero y en mayo del corriente, UTEP movilizó junto a la CGT, que a diferencia del MTE representa a trabajadores de la economía formal.

Los laburantes que se referencian en la UTEP carecen de visibilidad mediática y social. Paradójicamente, dado que se trata de la franja de los compatriotas más golpeados por la crisis económica de esta etapa del país. Un canal para darles esa presencia que les corresponde en tanto que trabajadores son las mesas de diálogo de su gremio con el poder político, ya sea en el orden local como provincial o nacional. Pero con Milei presidente los puentes están quemados, diría el dramaturgo Duilio Lanzoni. O serruchados.

¿Por qué?

Ely Herrero: -Los canales de diálogo se han cerrado bastante. Nacionalmente eh. Hay también, desde lo nacional, una bajada de línea tendiente a hacer desaparecer todo lo que queda por fuera de la formalidad, pretendiendo que toda esa gente y movimientos sociales no existen. Pero el MTE, la UTEP, tienen su antigüedad y su recorrido.

Vos advertís directamente una política de Estado tendiente a eso.

-Sí, hay pareciera una ‘caza de brujas’ contra las organizaciones sociales.

¿Cosa que no se había visto -o padecido- ni durante el macrismo?

-No. El macrismo, con sus formas neoliberales en lo atinente al mercado, hizo que de algún modo se fortaleciera todo lo que quedaba excluido del mercado laboral formal.

De hecho se dijo que el Movimiento Evita, la gente de Pérsico y el ‘Chino’ Navarro, habían contribuido a evitar un estallido social.

-Los arreglos del Movimiento Evita en lo nacional y en distintos estados, tienen otras consonancias que no siempre son las que van de la mano con el accionar de los demás movimientos. Pero es una de las organizaciones más antiguas y fuertes, con una gran llegada al sector político, ya que no se para sólo en lo sindical.

Lo que está pasando, entonces, es nuevo, esta decisión del gobierno nacional de romper todos los puentes de diálogo con las organizaciones sociales.

-Sí. Yo creo que es parte de un plan macabro que tiene que ver con atentar contra los derechos básicos inalienables del pueblo. Pueden gustar o no, pero las organizaciones sociales son las que empoderan a un pueblo y reivindican sus luchas y derechos, y hablo de los sectores más vulnerados. Entonces atacar a las organizaciones sociales es meterse con los intereses básicos innegociables del pueblo: comida, techo, trabajo, esos derechos elementales.

Con el ‘aderezo’ de otra cosa si se quiere novedosa: la solidaridad de las clases medias y en algunos casos de los propios laburantes excluidos de la economía formal, no con los vulnerados sino con el gobierno de Milei.

-Sí… Y creo que responde a algunas batallas culturales que no supimos ver que resultarían de ese modo, que todo iba a terminar en algo tan grave. Aunque hubo anuncios de ello: tanto el gobierno de Alberto como en particular su último año de mandato, cuando Massa fue ministro de Economía y Tolosa Paz de Desarrollo Social, resultó durísimo para los movimientos sociales. Y había bajadas de línea muy elocuentes también, que aunque no apuntaban a hacernos desaparecer como organizaciones sociales, nos ubicaban de alguna manera en el lugar de lo malo, lo problemático, con respecto a lo que sucedía en lo social y lo económico. Y en realidad, todos sabemos que el problema no somos los de abajo, sino los grandes empresarios y dirigentes que están arriba, que son quienes toman la decisiones y juegan con mercados mucho más abundantes que lo que puede llegar a producir una unidad productiva o cooperativa de trabajo.

Los que definen cómo se distribuye la riqueza que Argentina genera. Nuestro país sigue produciendo riqueza, el problema es cómo se reparte.

-Claro. Hay emergencia alimentaria y no es de ahora. Nosotros estamos hablando de eso desde principios de año, incluso en algunas provincias se habla desde el año pasado de emergencia alimentaria. Además hubo pandemia y la necesidad de reconstruir tejidos, y ese es un camino largo que no se resuelve fácilmente. Como UTEP, en las últimas dos movilizaciones nuestros reclamos fueron los mismos: el salario social complementario, al que algunos llaman Potenciar Trabajo, fue congelado en octubre. Y lo congeló Massa eh. Desde ahí, hubieron decisiones tajantes: se congeló un salario en 75 mil pesos; visto desde hoy resulta un pésimo ‘chiste’. Eso representaba la canasta básica de la mayoría de nuestros compañeros y compañeras. Desde ahí, definíamos si con esa entrada pagábamos el alquiler, la comida o la luz y el gas, si bien al gas la mayoría de nuestros compañeros no lo tienen. Era una entrada básica que permitía seguir sosteniendo los laburos. Trabajos que, repito, son precarios, están fuera de lo formal. Ese ingreso impulsaba. Pero el dolor más grande y la bronca de hoy son, primero, por la persecución. Totalmente injustificada. Todos los que dicen que se lucra con la pobreza, pueden venir a chequearlo. En Bolívar estamos más que tranquilos, incluso hemos pedido más de una vez que se acerquen, que vengan a mirar, a charlar con los compañeros y compañeras, a conocer las unidades productivas. 

¿Y se acerca gente, o es más fácil estigmatizar, señalar con el dedo del prejuicio pero desde lejos?

-En Bolívar, cuando se organizó como propuesta desde el MTE el primer festival de la economía popular, en diciembre pasado, fue muy bueno porque nos permitió visibilizar primero el poder de organización que tenemos, que no es poco, y luego el laburo. Después se realizaron las marchas del 24 de enero y el 1 de mayo, en las que todos los compañeros y compañeras decidieron salir a la calle, cuando eso es algo que cuesta mucho. Sirvió para demostrar que estamos, existimos, sirvió para que nos vean. A veces aparecemos las mismas caras, pero al lado nuestro hay un montón de gente que no la pasa bien, y que además está cansada de que la tachen de planera, de que no quiere trabajar.

Los que peor la pasan, y encima desde la perspectiva de cierta clase media son los responsables de la crisis económica.

-Una perspectiva súper juzgadora y clasista. Yo conozco la realidad de todos mis compañeros/as, y somos todos laburantes. Desde el cartonero que revuelve la basura para recoger el cartón y llevarlo a acopiar al galpón para que de ahí llegue a la industria, hasta la compañera costurera que se levanta todos los días con un mercado que te abomba con los precios y la inflación y va a coser igual, poniéndole ganas y esfuerzo, pasando por las feriantes que buscan entre todas el mejor precio de la harina para hacer unos bizcochitos para vender el fin de semana. Laburan desde siempre sosteniendo a sus familias, con trabajos que para la economía formal quizá no existan, pero allí están resistiendo.

Por otra parte, en muchos casos es gente que se cayó de la economía formal, empujada por medidas de gobiernos. Nadie pasa porque sea bonito de lo formal a lo precario.

-Estamos hablando de personas que por lo general viven en los barrios de Bolívar, alejados del trazado urbano, que recién ahora se han ido urbanizando algunos. Nosotros insistimos con que en Bolívar hay barrios populares, barrios no reconocidos. A mí me corresponde hablar de los derechos de las personas y sobre todo de los laborales: las condiciones de vida afectan directamente la chance de un trabajo genuino. Una persona que no tiene cómo movilizarse, o que no puede descansar bien o que no dispone de una casa calentita para cuidar a sus hijos… No es lo mismo, no da lo mismo crecer entre cuatro chapas que en una casa con comodidades. Y la realidad es que (en la economía informal) hay muchas familias que provienen de esos sectores y realidades. Gente que a duras penas ha ido construyendo su espacio y lo ha ido mejorando, pero la llegada del Estado ha sido muy precaria y eso ha impactado en sus posibilidades laborales.   

Chino Castro

“Que en vez de ponerse a tuitear, Pisano se acerque a conocer nuestros problemas”

¿Los demás gremios son solidarios con la gente a la que representa la UTEP? ¿Y en cuanto a la política qué se advierte, a nivel gobierno municipal, y entre las franjas de la oposición?

-A fines del año pasado se formó la multisectorial Bolívar, donde se nuclearon varios sindicatos y organizaciones. Yo participé como referente de la UTEP. Conversamos, compartimos, y la respuesta que nos brindaron fue muy solidaria. No tuvimos una ‘bajada de precio’ cuando expusimos nuestras problemáticas y posturas.

En cuanto a lo político no puedo decir muchas cosas buenas. Sí hay que decir que el municipio está respondiendo a ciertas demandas, por ejemplo la alimentaria, que es la primordial. Los espacios del MTE están siendo ayudados por el Estado municipal, cosa que antes no sucedía y dependíamos del nacional. Cuando eso caducó… En octubre hicimos una olla popular simbólica en el Centro Cívico. A raíz de eso, volvimos a generar un convenio con el Estado municipal, que continúa vigente. Entonces la emergencia alimentaria no está saldada o resuelta, pero sí contenida. Después, si miro para arriba no estamos de acuerdo con un montón de cosas. Por ejemplo, hace poco el intendente Pisano salió a hablar de uno de nuestros referentes más importantes.

Cargó contra Grabois en Twitter con una potencia que no ha empleado casi nunca en sus manifestaciones públicas referidas a dirigentes políticos.

-Y con una clara defensa de Massa. Hubiese esperado de él esa defensa el año pasado cuando estábamos en tiempo de elecciones, porque acá La Libertad Avanza ganó con una cantidad increíble de votos. Me parece como mínimo un error plantear una discusión en términos nacionales sabiendo que en lo local parte de esas organizaciones de las que Grabois fue referente trabajan todos los días para sostener la economía de la ciudad. El Estado de Bolívar no se sostiene sólo por las políticas municipales, sino porque en territorio todos los días hay un montón de gente decidiendo hacer cosas por el otro. Y en esas decisiones están las organizaciones sociales, que no existen desde ayer ni sólo en momentos de campaña. No sé cuáles serán los intereses políticos de Pisano detrás de todos esos tuits. Estaría bueno que en vez de ponerse a tuitear se acercara a las unidades productivas, conociera sus problemas, lo que está sucediendo en la vida de nuestra gente. Que se acerque a conversar como en algún momento lo hizo eh, porque el intendente Pisano cuando la pandemia se acordó de que había organizaciones sociales. Fue cuando nos convocó a una mesa local para ponernos de acuerdo sobre cómo llevar adelante (la gestión social y sanitaria).

Pero pasaron tres años.

-Claro. Son tres años ya.

Al presidente Milei se le critica mucho su fruición por tuitear.

-Claro, bueno, parece que hay paralelismos ahí, y a mí no me gustan nada.

Fuerte y al medio

“Es un plan macabro. Pueden gustar o no, pero las organizaciones sociales son las que empoderan a un pueblo y reivindican sus luchas y derechos. Atacarlas es meterse con esos derechos básicos innegociables: comida, techo, trabajo”.

“El problema no somos los de abajo, sino los grandes empresarios y dirigentes de arriba, que toman la decisiones y juegan con mercados mucho más abundantes que lo que puede llegar a generar una unidad productiva o cooperativa de trabajo”.

“A los que dicen que se lucra con la pobreza, les pedimos que se acerquen, que vengan a charlar con los compañeros, a conocer las unidades productivas”. 

“Las condiciones de vida afectan la chance de conseguir un trabajo genuino”.

Durante el gobierno de Alberto y Massa “había bajadas de línea muy elocuentes que no apuntaban a hacernos desaparecer como organizaciones sociales, pero nos ubicaban en el lugar de lo malo, lo problemático”.

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