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jueves, 03 de junio de 2021
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Giarola solo bien se lame

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Con otras canciones de su primer disco, anticipos de su inminente opus dos y estrenos que aún ni él sabe si desembocarán en un tercer álbum, Lucas Giarola se presentó en la noche del viernes en La Lomada, su casa en Bolívar, de donde nunca se fue porque siempre está regresando, al punto que “compongo temas para venir a tocarlos aquí”, como ironizó el propio artista promediando un recital que duró una hora y monedas, pero bastante más en la cabeza y el corazón de los que fueron parte.

Tras un comienzo con un fragmento de Cortázar leído por el propio Cortázar, Lucas despachó Tu amor y Otra vez, obras que integran Planeta Flor. Publicado en plataformas digitales en mayo de 2017, su álbum debut es un luminoso corpus de canciones del que se recorta como un potencial hit el mencionado Tu amor, algo así como su caballito de batalla, su ‘olla de campaña’ si fuera el exquisito Francis Mallmann.

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En voz, guitarra y nuevas pistas elaboradas y disparadas con una pc que le facilita más herramientas, colores y capas que su vieja y fiel máquina de ritmos, Lucas volvió a mostrarse fiel al manual pop en el que rubrican insoslayables capítulos Virus, Soda y Babasónicos, pero también reveló una mayor dosis de oscuridad en su nuevo material, más interesado en seguir su propia estrella que en erigirse en el constructor de hits radiales que podría tranquilamente ser si se lo propusiera. Pero no, Giarola se respeta lo suficiente como para ‘complicarse la vida’ haciendo arte. Hoy se aventura en las selvas synth pop de Daft Punk y las bifurcaciones del french house, y desde ya que esa exploración impregna sus creaciones. 

 

En el segundo bloque del set apeló a sus páginas nuevas, que aún casi nadie conoce y que irán a dar a Fárrago, su segunda placa, que graba y produce en La Plata y que pronto vería la luz después de una demora grande quizá provocada por la participación de más gente para una producción más ambiciosa. Primero tocó Primero, que ya gira en YouTube como anticipo, y luego las dos que serán cortes de difusión, según proyecta: Un poco harto y Contratiempo. Son piezas que lo muestran tal vez más sónico y rockero, incluso hasta con arrestos funnkies, un estilo que le divierte tocar en vivo, como contó unas horas después, el sábado, en charla con el programa radial Fuga de Tortugas. Digamos que el mar de sus texturas se espesa y complejiza sin necesariamente resignar resplandor, ya que la vela sigue siendo el pop. Son, letrísticamente, canciones de desamor y ruptura, menos inocentes que las de Planeta Flor, lo que tiene su correlato en las melodías y armonías. En su nuevo material Giarola se muestra vulnerable casi hasta lo quebrado pero sin perder jamás la elegancia, no tiene pruritos en dejar su alma al descubierto y así su arte gana en calidez. Le vemos el puñal, pero no lo hunde ni en su cuerpo ni en el de nadie. Como Charly García y tantos (casi todes, en verdad), en sus temas habla de lo que le pasa, y si seguimos sus letras vemos una evolución de la adolescencia a una incipiente madurez no exenta de las penas, dudas y vicisitudes que les acometen a cualquiera.

 

La melancólica Piel fue la mejor canción, por arriesgar así, de toda la noche. Una suerte de Fue amor de Páez pero en otro ropaje, con un Giarola que canta sobre un amor complicado, de esos que dejan secuela, y decide otorgarle crédito a la sabiduría del tiempo, mientras envuelve todo en un pop celestial que dan ganas de seguirlo escuchando toda la noche. (Al estilo Babasónicos, Lucas tiene proclividad a usar el celofán como envoltorio de sus caramelos; incluso hasta solía hacer una exquisita versión de Celofán, gema de la banda de Dárgelos, con Juan Manuel Fagnano en piano.)

Piel pertenece al collar de canciones que viene construyendo tras cerrar la lista de Fárrago, y que derivará en un eventual tercer disco. Con ella abrió el bloque final del concierto, dedicado a lo más flamante de su producción. La hilvanó con Fuego, una pieza decididamente funky y contagiosa, estrenada ante un público compuesto básicamente por sus queridos, que lo escuchaba con atención mientras degustaba las gloriosas papas fritas servidas en cono que preparan Romina García y Raúl Chillón, de La Lomada. Ese público que renovó tras su sólida performance las fichas que deposita en su cada vez más consistente horizonte artístico. 

El cierre ocurrió con Chica indie, otra de Planeta Flor, mezclada -pista incluida- con El ritmo de tus ojos, del Soda Stereo de la época de Doble Vida, publicado en el ya lejano 1988 de primavera alfonsinista y poptimismo nacional ya corroídos por el óxido de la hiperinflación.

Como Mateo, Giarola solo bien se lame. No del todo solo, sino acompañado por Dorita (en lenguaje del conductor radial Quique Pesoa), su pequeña pero poderosa nueva computadora (computadorita, decía el rosarino en el ignorado ciclo de tv Doble clic; Doriii, la llamaba), con la que ha elaborado esas bases ricas en densidad climática, una plataforma que le ofrece refrescantes chances de avanzar casilleros en su cruzada estética de florecer en canciones.

Chino Castro

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