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domingo, 29 de mayo de 2022
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Finalizaron las funciones de Eran tres alpinos: Esperando nacer

Por el borde proyecta salir de gira con la obra.

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En El entenado, Saer escribe que “nunca se sabe cuándo se nace: el parto es una convención”. En Eran tres alpinos, la obra que Por el Borde presentó en la Biblioteca Alcira Cabrera, tres hombres aguardan en un andén por un tren que no les interesa, salvo como un elemento que haga las veces de objetivo proveyéndoles un escalón más en una rayuela sin cielo, a fin de prolongar esa espera sin orilla que se parece a un juego, el juego de sus vidas. Están, si se quiere ver así, esperando nacer, se quedaron sin saber por qué ni para qué en un mundo del que hace rato se han caído sin hacer ruido, en el que quién sabe nunca estuvieron.

En esa espera sin propósito, los tres, pero en particular los dos más grandes, hablan de nada y de todo, como dos borrachos que se juntan a filosofar en una mesa de bar y, lejos de la lucidez de un Sartre, de tanto menear frases y conceptos trillados terminan acunando algo interesante o al menos entretenido, como quien de tanto frotar dos palitos enciende alguna chispa.

La obra de Julio Ordano está cargada de poesía, de una angustia con dosis de humor y hasta de ternuraenvueltas en el celofán de una densa melancolía, acentuada por ese andén neblinoso y frío de algún lugar que puede ser cualquier lugar (la puesta en escena es de Por el borde), porque la melancolía, al no tener contornos,es capaz de convertirse en un clima que apague a la mismísima Torre Eiffel, si lo que miran no saben de glorias para consumo hogareño. En algún momento de la trama llueve, lo que agrega algún sobresalto al tránsito lento de tres personas que, por tener todo el tiempo del mundo, parecen no vivir en el tiempo de este mundo. Tres personas sin proyectos, y entonces sin edad. De tal forma, a su modo sutil la pieza entraña también una reflexión sobre la condición humanaen la era postcapitalista, que sólo extiende las credenciales (abstractas pero tan sólidas)del ‘merecer vivir’ a quien produce, consume y así abona la ‘rueda’, que es de la fortuna cada vez para menos gente.

En la obra que dirige Gabriel Silva se destacan los protagonistas, que sostienen una puesta larga, de casi una hora y media que sin embargo se pasa rápido: Leandro Galaz, Diego Junco y el debutante Santiago Santos. Tres personajes con perfiles diferentes pero hermanos en la aventura de una desventura que tiene algo de elegida: Ruso, el que compone Galaz,es histriónico, se enoja, se impacienta, estalla, reflexiona, se contrae, con un andar en el que pone en juego recursos del clown. Bobo, interpretado por Diego Junco, es mucho más tranquilo y reflexivo. Casi sin moverse de su banco, el actor transmite todo con sus gestos y su voz, lo que aporta matices al andar de sus compañeros, porque el personaje encarnado por Santos es alguien mucho más joven (así se lo denomina, Joven), inseguro, inquieto y ansioso, que por momentos no quiere molestar, pero tampoco tiene dónde ir.

Incluso sin percibirlo cabalmente los tres parecen esperar algo, como si a pesar de su circunstancia de un gris espeso y sin frontera, el hilván de algún sueño aún se debatiera en sus memorias y sus corazones.

Mientras proyecta salir de gira, Por el borde ofreció el sábado su última función en la ciudad, aunque todo indica que habrá más, atentos a la respuesta del público en cantidad y repercusión. Al menos la del viernes merece otro destacado: comenzó en punto, exactamente a la hora anunciada, ni un minuto después, algo totalmente inusual en Bolívar en materia de espectáculos pero que, como vemos (y como merecen los puntuales), se puede hacer sin que suceda ninguna ‘tragedia’ artística, sino acaso al contrario.

Chino Castro

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