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martes, 06 de abril de 2021
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“Felicidad y nerviosismo”, fue “como volver a empezar”

El proyectorista y sus sensaciones tras la reapertura del Cine Avenida.

Ariel Dadante, proyectorista y único integrante del equipo original del 2013 que permanece en el plantel del Avenida, dijo que “felicidad y nerviosismo” fueron las sensaciones dominantes el jueves pasado, cuando tras un año la sala reabrió. “Fue como el día en que se reinauguró el Cine, en octubre de 2013”.

Inesperadamente, en marzo del año pasado el cine cerró por tiempo indeterminado. Inesperadamente, este marzo reabrió.

– Acá estamos. Contentos con la reapertura. No sabíamos cuándo íbamos a poder volver. Fueron meses de buscar protocolos y alguna vuelta para el retorno, Cultura hizo intentos para montar cine al aire libre, pero todo se iba dilatando. Hasta que llegó este momento, con la felicidad que implica.

Durante ese período, una intensa minoría de la sociedad hacía saber de su deseo de que el Avenida reabriera.

– Sí, la gente preguntaba mucho, tanto en las redes como en la calle. Nos preguntaban a los que trabajamos acá cuándo volvía. Nosotros estábamos tan ansiosos como ellos, y creo que hablo en nombre de todo el equipo. Este Cine es un espacio que defendemos con uñas y dientes, y queríamos estar seguros de poder volver, con un protocolo aprobado que brindara seguridad al público. No se trataba sólo de abrir, de la alegría de volver a proyectar y que la gente ingresara, sino de garantizar ciertos cuidados. 

Desde mi rol, volver a encender el proyector para pasar películas me provoca una gran felicidad. Durante todo el año pasado tuve que hacer mantenimiento del aparato, pero no es lo mismo venir, encenderlo y proyectar, para un público que está ahí.

¿Cuál fue la sensación general que percibiste el jueves a las 20, cuando se formalizó la reapertura con la proyección de Las siamesas?

– Con Cristian (Ibáñez), mi compañero proyectorista, sentimos mucha felicidad después de un año sin proyectar. Había nerviosismo también, era como volver a empezar, un año parados es mucho tiempo. Pero sabíamos que la gente iba a disfrutar, como sucedió. Había felicidad y nerviosismo, era como el día en que se reinauguró el Cine, en octubre de 2013. Con la atención puesta además en el protocolo y la seguridad del espectador, de que pudiera sentarse a disfrutar. Vivimos un combo de sensaciones.

“Siempre tenemos ganas de un ciclo de clásicos”

Hablando de E.T. (ver aparte), el escritor Marcelo Figueras cuenta que durante la pandemia, una noche les propuso a sus hijos niños un programa distinto: ver la película. Con muchas dudas, temía que no les provocara nada más que aburrimiento, ya que fue filmada con los recursos técnicos y tecnológicos de hace cuarenta años, en un mundo que era distinto. Y destaca que, para su sorpresa, los pibes siguieron el relato con interés, y al final todos lloraron conmovidos y agradecidos.

– Esa película no envejece. Y pasa con otras. Con Nadia (Marchione, coordinadora del Cine), tenemos siempre ganas de un ciclo revisando esas obras. Hay remasterizaciones de El padrino, Volver al Futuro, Apocalipsis Now, la propia ET. Sabemos que no es lo mismo verlas en el cine que en un televisor, por gigante que sea. Hay gente que las vio en su momento, en el estreno, otra que no. Por eso nos gustaría un ciclo que revisara esas genialidades.  Entiendo Netflix y todas las plataformas, yo también las consumo, pero ver una película en una sala es otra cosa. Por eso el cine no va a morir, por más potente que sea el streaming. Porque ir al cine implica además una movida, es toda una salida.

¿Podríamos tener una retrospectiva, algo que nunca hubo en el Avenida desde 2013? Estos días se anunció que Ocho y medio, de Fellini, está lista para ser exhibida en cines.

– De hecho, en salas de La Plata ya la están pasando. Pasa que ese tipo de títulos es difícil de conseguir, porque no pertenecen a las distribuidoras con las que comúnmente trabajan los cines. Es difícil acceder, pero la idea de revisarlos siempre está. Porque el cine es eso: lo actual, pero también poder revisar lo clásico. En su momento también se estrenó Psicosis. Remasterizada, lo que significa una calidad hermosa.

Bueno, cuando en el Avenida proyectaron Cinema Paradiso en 2013, concurrió mucha gente. Algunos no la habrían visto pero la mayoría sí, incluso muchos seguramente en el cine, y deseaban volver a verla así.

– Querían verla o volver a verla en el cine, claro. Eso fue al segundo día de la reapertura. Después hubo una versión extendida, de casi tres horas, con escenas que nunca se habían visto, y la gente venía. Cada vez que ponés Cinema Paradiso o una película así, funciona. Pero no porque sea un ‘blockbuster’, funciona por el corazón, por el cariño que el público le tiene a una gran película. Cuando en 2011 o ’12  reestrenaron Volver al futuro en versión remasterizada, yo fui a verla. Y me costó conseguir entrada. La pasaban una sola noche, se llenó y entonces vieron que había algo más. Hay todo un mercado ahí.

“Mi lugar en el mundo”

Ariel Dadante es el único ‘sobreviviente’ del grupo de trabajo original del Avenida en esta nueva etapa como sala municipal, que se formalizó en octubre de 2013 con la proyección de Metegol, el recital de Charly García en la vereda para celebrar el acontecimiento y la visita de rutilantes figuras del mundo del espectáculo, entre ellas Marcelo TInelli, que acababa de ser declarado ciudadano ilustre de Bolívar. Fue justamente el factótum de Ideas del Sur quien le compró el edificio a la familia Otero, la histórica propietaria, para cederlo al Club Ciudad y salvarlo como cine. (Raúl Otero, el socio mayoritario y que también estuvo presente esas noches doradas de octubre, había recibido varias ofertas desde principios de los años noventa, pero no quería que su amado Avenida terminara como una casa de electrodomésticos ni como una iglesia evangélica.)

El otro film elegido para encender los flamantes y modernos motores fue Avatar, que permaneció semanas en cartel con entrada libre. En esos días en los que la coordinadora general era Analía Carbajo, también fue emitido el clásico Cinema Paradiso, que representa mucho en la historia de este cine de pueblo y en la memoria emotiva de su público. 

“Sí, soy el único ‘sobreviviente’ de esa camada original, y si Dios quiere estaré muchos años más, porque amo lo que hago”, se manifestó sin ambages el licenciado en Comunicación Audiovisual por la Facultad de Bellas Artes de La Plata, que trabajó también en un Blockbuster hasta el cierre de la franquicia argentina. Además, participó en la técnica de alguna película y gestó con amigos y colegas una productora para rodar cortometrajes y publicidades, en la ‘ciudad de la diagonales’ y la CABA. 

Todo, sin jamás dejar de pensar en el Avenida, donde soñaba trabajar; el cine donde de pibe lloró, rió, se estremeció y creció con los continuados, un alimento que hoy sólo se consigue en alguna góndola del corazón de los nostálgicos de la era pre digital. Hasta que su gran anhelo cristalizó, cuando quizá ya no ponía fichas. “Esta sala de proyección es mi lugar en el mundo”, enfatizó en la charla con el diario, con el entusiasmo fresco del pibe que recién llega. “Acá me siento cómodo, seguro y feliz. Pero toda mi vida está atravesada por el cine, desde que mis padres me compraban los diarios para que yo coleccionara recortes con los estrenos de las películas. Hacía carpetitas, y de ahí no paré”.

Tal vez, su recuerdo más potente de sí mismo en el Avenida es de sus 6 ó 7 años. Ariel aún se ‘ve’ nítidamente en la sala, que entonces no se llamaba “Chiquita Domeño”, llorando con ET., una película que siguió conmoviéndolo a través de los años. “Y si hoy la volviera a ver, lloraría una vez más”, confesó con orgullo.

Chino Castro.

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