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viernes, 12 de abril de 2024
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Estamos vivos y cantamos

Un "Me Encanta" diferente, con más ingenio que "chequera".

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Quizá calificarlo de innovador, como figura en el informe de prensa oficial al respecto, sea un tanto temerario, pero no es desacertado afirmar que el Me Encanta Bolívar 2024 será diferente, aunque aún no hayan lanzado el gong que descorcha cada luna. Claro que diferente no necesariamente quiere decir mejor: en este caso sería injusto emplear ese calificativo, si se atiende que habrá un encogimiento de los recursos técnicos que proyectan el lucimiento de los artistas y el consiguiente disfrute del público, ya que aunque se monten tres escenarios ninguno será de la imponencia del que se empleaba en el parque, y todo sonará un poco menos.

Sin embargo, la decisión de hacerlo cuando alrededor muchas comunas cancelan su equivalente de nuestro Me Encanta, representa una fuerte jugada política del gobierno municipal. Los que le piden política, ahí tienen: ‘Estamos vivos y cantamos, y salimos a la cancha con lo que tenemos porque nuestro pueblo merece alegría, contra todos los Milei que vengan degollando (o a degollarnos, je)’, parece ser el leitmotiv del elenco gobernante. Luego, cómo lo ‘venden’ políticamente, si le ‘extraen jugo’ o se encogen ellos también a la par de lo que la hora les permite ofrecer, es otra cuestión, sobre la que su propia militancia debería reclamarles.

A las balas (perdón por la metáfora) se les pone el pecho, y al pecho euforia, que todo será mejor (o menos triste) con una banda de sonido que hospede ancho, una suerte de canción con todos, bien federal, sonando en el corazón. O con casi todos, porque hay popes que no serán de la partida. Tal vez haya ocurrido siempre, nunca ha sido ‘con todxs’, pero ahora se notará más, toda vez que si de afuera tenemos poco, o escasa variedad, necesitaríamos a los mejores de acá, y los grossos están, pero no todos, ¿se entiende? Ni Caraballo, ni Sandra Santos, ni Doorish ni Godoy significa un vacío que no pasará desapercibido, salvo que el único interés fuera comerse un chori, dar unas vueltas y brincar como ‘niñes en Reyos’ sin mirar con quién. Y que habrá una cantidad cuasi descabellada de bandas y músicos no sería un argumento certero a contraponer, porque más cantidad no necesariamente equivale a más calidad, peor aún cuando nadie podrá crear atmósfera en diez minutos de concierto.

Milei es ajuste, es (aún mayor) retracción producto de una inflación que en vez de desactivar potenció, desplome del consumo hasta el dolor de panza, terrorismo económico y que reviente el que viene atrás, arrasamiento de derechos adquiridos y que parecían sistema, desprotección de infancias y ancianidades, criminal ampliación de la brecha entre ricos y pobres, entrega de soberanía, pobreza e indigencia a límites espeluznantes, por lo que seguro ya somos noticia mundial. Acá se ve: se diga lo que se diga, es el Me Encanta del ajuste. Otra no quedaba, si Nación lejos de aportar se está dedicando a perseguir a la cultura. Y lo expresó bien el lunes en la conferencia de prensa de lanzamiento de esta edición el secretario de Gobierno, Marcos Beorlegui: “Hemos agudizado el ingenio para poder achicar los costos económicos. No será un festival como aquellos a los que estamos acostumbrados, pero no por eso va a dejar de ser algo novedoso, bueno y lindo”, cerró la línea defensiva el exconcejal, hoy el hombre fuerte del pisanismo. “Creemos que es necesario que nuestra ciudad cuente con su festival, porque resulta fundamental para la difusión de la cultura, y no sería bueno no poder hacerlo”, también señaló, y ahí está todo. Política pura. Después, siempre habrá quien critique si lo hacen, fustigue si no lo hacen, ataque si sólo con locales y salgo con botines de punta si con demasiados visitantes que irritan su delicado paladar, pero todo gobierno debe tomar decisiones y defenderlas, sin intentar conformar a todes porque es imposible. Se gobierna para todos, pero para algunos en primera instancia, que se supone deberían ser la mayoría si hablamos en términos de democracia, y esto está en juego en cada decisión que se toma (o que no se toma). Lo que implica exactamente lo contrario de lo que se hace: transferir recursos de ricos a pobres, pero bué.

En semejante contexto económico aunque el sistema financiero baile en una pata (o justamente por eso), la jugada del Gobierno de Pisano ha sido retroceder pegando, si esto fuera boxeo. Y contragolpear con un modelo ambicioso y creativo, dentro de lo que se puede, que incluye en un rol protagónico al comercio, a instituciones, a artistas más allá de la materia musical, tres escenarios y un diseño peatonal en el centro de la ciudad, donde este gran festival empezó como Cantapueblo en 1987. Aprovechando el Centro Cívico, que se construyó justamente para que la comunidad se lo apropiara. Una especie de contragolpe ofensivo, diría el ‘Bambino’ Veira. Veremos cómo resulta, y la propia gestión evaluará si no conviene radicarlo allí, pero política esta vez ha habido.

Chino Castro.

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