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sábado, 06 de agosto de 2022
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Ese otro lugar: Explorando la obra de Maia Acosta

Escribe: Mario Cuevas.

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Un buen punto de partida para abordar la rica obra de Maia Acosta es Bailemos (2007), el álbum que grabó como Maia Acosta Trío junto a Fefe Botti en bajo y contrabajo y Leo Álvarez en batería.

“Es impresionante cómo han cambiado rápidamente las cosas en estos años – nos cuenta Maia – las formas de grabar, el acceso a esas grabaciones, por un lado es mucho más accesible. Recuerdo que grabé la parte de los pianos en los Estudios Ion, fue en un día de grabación. Ahora tenemos casi todas las herramientas en nuestra propia casa, podemos grabar y con buena calidad. Con Fefe y Leo tocábamos mucho en vivo así que fue bastante natural eso de entrar a un estudio y decir, bueno, grabemos esto que está pasando ahora para que quede el registro, y después seguimos adelante. Ernesto Snajer también estuvo presente, me prestó su estudio y me dijo: ‘usa el estudio de grabación como quieras para grabar y terminar el disco’, ahí estaba Juan Sisterna, el operador que trabajaba ahí. Fue todo muy ameno y agradable”.

Nos imaginamos que debe haber sido muy especial para Maia ingresar a Ion, ese mítico estudio dónde grabaron Charly García, Les Luthiers y Riff, entre otros grandes artistas. “Es tal cuál como lo vemos en Encuentro en el Estudio – cuenta – que Lalo Mir lo puso tan presente a todos los que nos gusta la música, es la imagen plasmada tal cuál se ve ahí, un pedazo de historia en el medio de Once en Buenos Aires. Todo un lío y entrás allí y te encontrás un oasis musical. La verdad que fue hermoso, en el 2007 ya se veía antiguo, un lugar de otro tiempo, fue un placer estar ahí. Hay una energía muy especial en ese lugar.”

Durante la pandemia Maia regresó a Bolívar, y nació su hija Kalil que ya cuenta con un añito. Nos dice que Kalil está con su padre, Elio, que también hace música, toca percusión. “Estamos disfrutando de este hermoso momento, estoy dando clases también – dice – Es todo un reencuentro con Bolívar, conmigo misma después de la maternidad, no es que la dejé pero además de la pandemia, haber sido mamá me dejó más adentro de casa y ahora es el momento de reencontrarme con la calle otra vez, salir a tocar y ver otras bandas.Para mí es muy importante y trascendental haber vuelto y estar acá en mi ciudad, viviendo, y compartiendo con los artistas locales”.

Debotchas, el grupo de adolescencia que Maia integró junto a Micaela González, Jazmín Woycik, Eugenia Ruíz y Vicki Ané, marcó el comienzo musical de Maia y el resto de las integrantes. Cinco chicas que se transformarían un poco en precursoras haciendo música y escribiendo material propio en la década del 90. “Fue parte de esa misma inconciencia, no era a propósito, simplemente éramos chicas haciendo música, y en lo personal, desde ese lugar siempre fue así. Viéndolo en retrospectiva y porque ahora se habla mucho más del tema, me doy cuenta que siempre terminaba rodeada de varones porque las mujeres sólo tenían un lugar como cantantes. A mí eso me hacía ruido, no quería ser la cantante acompañada de varones, quiero hacer también la otra parte. Empoderamiento diría ahora, en ese momento no lo pensaba así”.

La primera canción que Maia escribió para Debotchas sabiendo sólo algunos acordesfue Pausa, y con esa canción ganaron los Torneos Juveniles Bonaerenses. El premio fue un viaje a España, quedó grabada la imagen del regreso triunfal de las Debotchas entrando a Bolívar arriba de un autobomba. Recuerda Maia: “En el momento que ganamos en Mar del Plata, me acuerdo que estaba Antonio Birabent de jurado que nos dijo: ‘Chicas ganaron, ¿saben cuál es el premio?’, Mica contestó: ‘Si, plaquetas recordatorias’. No sabíamos que el premio consistía en un viaje a España, estábamos tan metida con la música que lo que viniera después venía de yapa.”

Franco Exertier y Fefe Botti son los socios musicales incondicionales de Maia, con Fefe grabó su primer disco, e integran Ayün (con el guitarrista Rodrigo Agudelo); y con Franco formaron Fraia. “En esto de estar compartiendo música con amigas y amigos diferentes y siempre juntándonos, para no llamarnos siempre con nuestros nombres que queda medio como ‘momia’, dijimos pongamos un nombre, y Franco es de los nombres artísticos. También en El Enjambre, como nosotros éramos los que llevábamos adelante el ensamble nos habían nombrado así, Fraia, hasta nos hicieron una canción, que nunca se grabó. Lo mismo pasó con Ayün, que éramos Fefe Botti, Rodrigo Agudelo y yo. Después confundís – dice Maia riendo – no se sabe con qué grupo tocás, pero la intención es siempre la misma, unirnos y hacer la mejor y más sincera música que nos salga”.

Maia y Franco compartieron la hermosa experiencia de El Enjambre que comenzó con las clases que brindaban en El Conventillo de las Artes, un edificio histórico situado en inmediaciones del Teatro Colón.

“Fue una experiencia de vida – dice – empezó con una muestra de fin de año que se suele hacer con alumnas y alumnos de canto, de piano e instrumentos. Las muestras no nos gustaban del todo, pero sí estaba bueno juntarse para hacer música en vivo junto a les alumnes. A partir de ahí, lejos de terminarse fue creciendo y terminó en un grupo con dos discos grabados, con videos, con giras y encuentros impresionantes a nivel musical y humano”.

Tocada Movida es un más que interesante proyecto en el que participó Maia durante más de diez años. Es una banda que combina la música con el ajedrez, hacían sus presentaciones en las escuelas públicas de la ciudad de Buenos Aires. Su líder es Alejandro Oliva, bajista, cantante y profesor de ajedrez, que comenzó escribiendo canciones con la idea de enseñar ajedrez en las escuelas.“Me resultaba mágico, cada martes íbamos a una escuela diferente, llegábamos con los equipos, los profes de ajedrez, la banda, y se armaba una movida increíble en los patios de las escuelas. Yo creo que es la única banda en el mundo con estas características”, afirma nuestra invitada.

Le digo que la familia Molfese-Acostason como los Vitale, militaron la difusión y autogestión de la música en nuestra ciudad en una época que no era normal promover esas movidas.

“Mis padres fueron grandes mentores de la música, en su familia y después trascendiéndola, creo que fue eso es lo que siempre los unió a mis viejos, y después nos une a todes como familia, incluso a la familia ampliada también, mis cuñados todos tocan, sobrinos, sobrinas, cada vez más se sigue ampliando la familia musical. Recuerdo cuando vinieron a Bolívar por primera vez Ernesto Snajer, Facundo Guevara y Verónica Condomí. Fue el amor a la música, ellos dijeron: vamos a hacer que esta gente que es tan grossa pero que no es tan conocida pueda venir, y que los bolivarenses tengan la posibilidad de ver un espectáculo así. Se preguntaron dónde, y terminó siendo en el Club Buenos Aires, dónde ahora está la sede de Cultura. Con amor recibieron a los artistas en un lugar que se podía escuchar con silencio. Eso sigue estando y creciendo en Bolívar. Ahora hay algunos espacios más, de a poco pero siempre cuesta. Cuesta acá y cuesta también en Capital y en todas partes”.

“Calma, todo es perfecto en realidad, juegos para cambiar / Calma, que todo sube, gira, baja y vuelve a comenzar en otro lugar…”, canta Maia Acosta en su tema El silencio, publicado en 2018, aunque parece que lo hubiese escrito este último tiempo en pleno disfrute desde ese otro lugar, que no es otro que nuestro Bolívar.

Fotografía: Emi Ron

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