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martes, 02 de agosto de 2022
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Escribe Mario Cuevas: Tango Bar, bandoneón y después

A la memoria de Jorge Riccio.

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Cuando Jorge Riccio falleció a los cincuenta años, el 2 de septiembre de 1988, dejó un enorme pesar en su familia y sus amigos, y también dejó trunca su enorme carrera como músico. Su figura trascendió nuestra ciudad, Héctor Varela lo llamó para reemplazar a su primer bandoneón; Osvaldo Pugliese y Aquiles Roggero pidieron conocerlo cuando visitaron Bolívar, y Leopoldo Federico lo aplaudió en Olavarría y tocó con su bandoneón, éstas son sólo algunas de las muestras que resaltan la enorme figura de Riccio.

A través de su esposa, Laura Isabel Cerruiz, y de José, uno de sus hijos, hemos tenido acceso a gran parte de su obra. Ahí están como testigos los registros de Riccio con Cacho Borzillo en el contrabajo y las voces de Jorge Soria y Néstor Darino; un archivo de cuatro clásicos: Pedacito de cielo, Che, bandoneón, Fuimos y Nunca tuvo novio con Riccio solo en bandoneón; diez tangos interpretados por el trío Soria-Riccio-Borzillo; y un registro incunable del debut de Bolívar Tango en el club Racing de Olavarría en 1974:Mario Rossi en piano y dirección, Riccio en bandoneón, Borzillo en contrabajo, y Soria y Darino como cantores.

Gracias a Mario Moya pudimos acceder a un registro de un ensayo de principios de los 80, que contiene nueve temas instrumentales interpretado por uncuarteto conformado por Riccio con nuevas búsquedas sonoras junto a la guitarra eléctrica de Mario Moya,el saxo de Ítalo Mosca y el contrabajo de Cacho Borzillo.

Los títulos de los temas son: Sabor a Buenos Aires (Miguel Caló-Carlos Mastronardi), Mi amigo Cholo (Atilio Stampone), Uno (Mores-Discépolo), Adiós Nonino e Invierno porteño (Piazzolla), Ojos negros (Vicente Grecco), Romance de tango (Manzi-Troilo), La última nieve de primavera (Franco Micallizzi), e Historia de amor (Francis Lai). Los dos últimos temas, que son músicas de películas, están arreglados y adaptadosal tango por el bandoneonista. “Riccio era tan chico que la mamá le traía el bandoneón al Conservatorio Chopin,dirigido por Virgilio Rossi, ubicado en la avenida Venezuela entre Olascoaga y Paso”, recuerda Ítalo Mosca, que en los 60’s integró la Orquesta de Mario Rossi, una nutrida agrupación que tambiéncontaba entre sus filas aJorge Riccio.

“Cuando nosotros salíamos a tocar a los clubes, la gente se enloquecía con Jorge, querían verlo tocar solo, y él les daba el gusto e interpretaba las Czardas de Monti y era un espectáculo, había que tocarla, eh – recuerda Mosca- Era un músico que tocaba y ensayaba siete u ocho horas por día, yo iba a la casa para disfrutarlo, estábamos ahí los dos y él me decía: ‘¿Qué te parece así?’, y después tocaba de otra manera y me decía: ¿Cuál te parece mejor?’ Lo disfruté tanto, tenía tanto talento, pero en ese momento no me daba cuenta que estaba escuchando a un gran músico, pero nunca se quiso ir de Bolívar, quizás necesitaba un empujón, yo le decía andá y probá y si no te encontrás te volvés, acá vos sos el rey, le decía yo.

Un día escuché a un señor que tenía una orquesta que dijo: ‘Yo nunca tuve la orquesta tan bien como cuando estaba Jorge’, y yo pensé: era Jorge, igual que yo cuando tocaba con él, yo no era nada. Mirá, cuando nosotros estábamos en ese cuarteto, él agarraba el bandoneón y te mataba con las partes que hacía”. Con respecto al cuarteto mencionado, Ítalo nos cuenta: “Un día vino a verme con una partitura, y me dice: ‘Te traigo esto porque no tengo con quién tocarla, por qué no te venís a Tango Bar y la ensayamos’, pero yo nunca había tocado tangos, tocaba jazz, además, hacía diez años que no agarraba el saxo.

Jorge insistía, estaba entusiasmado con escribir para un instrumento de viento, pero yo no fui. A los ocho meses volvió con más partituras y me dijo: ‘Dale, déjate de joder’, y ahí comencé a estudiar mis partes y ensayar.El primer día grabamos con un aparato que sonaba muy mal, pero Jorge igual me decía, dejá, que yo lo voy a corregir”. Mario Moyatenía dieciséis años cuando tocaba con Los Diamantes Rojos, fue en esos días que conoció a Riccio compartiendo escenarios, cenas y charlas.

“A Jorge se le ocurrió hacer un cuarteto de tango con instrumentos no tan convencionales para la época, incorporando saxo y guitarra eléctrica. Yo acepté, era algo nuevo para mí. Fue un desafío, nunca había hecho tango pero siempre me gustó. Nos juntábamos los sábados a la tarde en el bar de Jorge, empezamos a ensayar varios tangos con los arreglos que él había escrito para cada uno de los integrantes, tuve la oportunidad de grabar uno de los ensayos, así que quedó un registro de ese momento.

Hicimos una sola presentación, fue en el Complejo República de Venezueladurante la Guerra de Malvinas en un festival a beneficio. Era impresionante como tocaba Jorge y los arreglos que hacía, nos quedamos con ganas de seguir pero no pudo ser. Tengo un gran recuerdo de Jorge, una personal excelente, un gran tipo, que respiraba música y tangos.” Comentamos con Mario que Riccio vivió la transición en el tango con la aparición de Piazzolla, Mederos y otros músicos que comenzaron a hacer música para escuchar.

“Jorge tenía una gran admiración por Piazzolla, siguió su obra y sacaba cosas de Piazzolla para incorporarlas a su estilo, estaba muy adelantado para la época, además era muy meticuloso y tenía muy buen gusto”. Entre 1975 y 1976 Alfredo Flaco Mellado integró Bolívar Tango, junto a Riccio, Rossi, Borzillo y Jorge Soria, que fue quién le invitó a sumarse a la agrupación. Nos cuenta Mellado: “A Bolívar Tango a veces lo desdoblaban, armaban un trío aparte para acompañar a cantantes que venían a actuar a Bolívar, Riccio me contó que habían acompañado a Goyeneche, a Nelly Vázquez. Los vi en Pehuajó acompañando a Alfredo Belussi, una maravilla.

Ellos tenían profesionalismo y calidad, tocaban a primera vista, que es muy difícil. Los artistas que venían lo sabían, por eso pedían ser acompañados por ellos”. En 1978 Mellado volvió a interactuar con Jorge Riccio cuando fueron convocados por Dirección de Cultura para participar en un espectáculo de poesía llamado Villancicos porteños, el poeta Emilio Breda. “Una de las cosas que recuerdo con mucho cariño y respeto eran las clases que él me daba, tenía un bar en una esquina que se llamaba como la película de Gardel: Tango Bar.

Ahí me daba clases de música, charlábamos, me contaba anécdotas. La última vez que lo vi al Maestro fue en la calle, en 1985, le conté que estaba estudiando guitarra con el maestro Ubaldo de Lío, y él se quedó encantado con eso”.

Tango Bar

Por último, Mellado propone una sugerencia que desde este espacio acordamos calurosamente: “He tenido la fortuna de conocer algunos lugares frecuentados por músicos populares: la casa de Agustín Magaldi, que está en Flores; la de Ignacio Corsini, en Parque Centenario; he estado en la casa museo de Carlos Gardel; a mí me parece que sería lindo que se dejara constancia de esa esquina dónde Jorge Riccio tenía su bar, que lleve su nombre: Esquina Jorge Riccio. Sería un homenaje muy merecido, me siento muy orgulloso de haber compartido esta parte de la historia con Jorge porque viene ensamblada con mi acompañamiento que le hacía a un gran cantor de nuestro pueblo que era Tito Caniggia. Así que con eso se completa porque con ellos íbamos a tocar a la peña El Fueye, dónde se juntaba gente muy interesante de la poesía, como Tino Rodríguez, que escribía en lunfardo en el diario La Mañana”.

Fotografía: de izquierda a derecha: Chichito Rossi, David Pérez, Zorro Martínez, Edmundo Flores (también conocido como Edmundo Zuliani), Horacio Rossi, Enrique Soria, Ítalo Mosca y Jorge Riccio. Fuente: Facebook: Partido de Bolívar, Nuestra historia. Gentileza: Edmundo Flores.

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