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martes, 01 de junio de 2021
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Erguido en el lado bueno de la vida

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Aunque se diga a menudo, no de cualquiera puede afirmarse que es alguien singular. De Jorge Ravassi, que ayer nos dejó, sí se puede. Porque amó lo público, que implica en esencia brindarse al otro, y lo honró perteneciendo al sistema municipal de Salud hasta su último día de trabajo, ya que a contramano de casi todos sus colegas decidió cerrar su consultorio privado y cumplir sus años finales de servicio en el hospital “Miguel Capredoni”, algo así como su segundo hogar. Porque amó la política y fue democrático y amplio como pocos. En la acción, sin rasgarse ninguna vestidura. Sin alharaca rindió culto al valor de la palabra, porque así como hablaba mucho y parecía avasallar a su interlocutor de turno, sabía escuchar y nunca se le escapaba algo importante.

Bregó toda su vida por los derechos humanos, que siempre son los derechos de las minorías, por (pocas) épocas con viento a favor y por (demasiadas) épocas con huracanes en contra. Por eso quizá adhirió en sus últimos años al kirchnerismo, desde un alfonsinismo al que jamás renunció. Una filiación que defendía con ahínco, esperanza y riqueza de argumentos, y que derivó en el alejamiento de algunos de sus afectos, pero también en la llegada de nuevos amigos que lo escuchaban como se escucha al que sabe.

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Jorge Hugo Ravassi, por siempre el doctor Ravassi en el imaginario de nuestro pueblo, igual que su padre Francisco, falleció inesperadamente ayer sábado por la mañana, por complicaciones cardíacas derivadas de una operación de hernia que le fue practicada horas antes en el hospital. Tenía 69 frescos años, dos hijos, Santiago y Carolina, y una compañera de toda la vida, Inés, que supo marchar de su mano por el sendero de la militancia de los grandes valores del existir, los más elevados, que son los que cultivaron en la práctica, muy por encima del cliché discursivo. Deja también nietos y dos hermanos, Marcelo y Alejandro, que al igual que sus hijos viven fuera de Bolívar. 

Ravassi fue concejal por el radicalismo en diversos períodos, y a fines de los años noventa ocupó los cargos de secretario de Salud y director del hospital municipal durante los primeros tiempos de Simón intendente. Más adelante, ya con Erreca jefe comunal interino en el período 2009-2011, fue designado director asociado del nosocomio junto a Julián Tessari. Su especialidad era la pediatría, y de ese servicio hospitalario, en el que también se desempeñó como jefe, fue parte en diferentes etapas. 

Se lo recordará como uno de los máximos promotores de los centros de atención primaria de la salud (CAPS), afectivamente conocidos como salitas de los barrios, sistema del que fue uno de los principales mentores y armadores.

Ávido lector, hace unos años su hija le regaló una tablet con la que no cesó de bajar libros y colecciones que recomendaba con la avidez y el entusiasmo de un niño con ‘chiche’ nuevo. Amó el cine, la música y toda expresión artística que partiera de la sensibilidad por alumbrar lo oscuro del mundo, no del mercantil afán por entretener. Leía a politólogos, filósofos, economistas, ensayistas, cuentistas y novelistas, en castellano y en otros idiomas. Tenía sus favoritos, uno de sus últimos preferidos fue el italiano Andrea Camilleri, autor de la saga del Comisario Montalbano, que posee además su representación televisiva mediante una serie que aún se emite por el canal Europa Europa.

Hincha de River, también le interesaban los deportes, particularmente el fútbol, y para practicar, su disciplina reciente fue la natación.

Aunque su máxima pasión quizá haya sido pensar. Cualquiera que tuviera esa vocación fue, o podría haber sido, su amigo.

Ya jubilado, se convirtió en habitué de los cafés bolivarenses, en particular de Miró, donde cada mediodía desplegaba sus dotes de conversador en mesas de lo más variadas y hasta variopintas. (Cuesta conjugar su nombre y su figura en pasado, como costará volver a entrar al café y no ‘verlo’ metido en alguna conversación, o recorriendo mesas). Siempre fogoso, siempre afable, siempre inquieto, cálido y afectuoso, también fue generoso para desplegar esas cualidades de las que disfrutaron centenares de niñxs de Bolívar y sus padres, a lxs que atendió durante añares y que se esmeraban en obsequiarle su cariño y agradecimiento cada vez que lo veían. 

Hoy despedimos con tristeza al querido Jorge Ravassi, un hombre singular, que enseñó con el ejemplo y con la palabra. Alguien que pensaba lo que decía, y decía lo que pensaba, a resguardo de ese oportunismo que es tan común en lo público, pero también en lo privado. Que vivía como pregonaba, que no hizo nada en su vida por interés económico, y todo por intereses relativos a lo intelectual y al amor al prójimo, a las mejores pulsiones humanas. Alguien abierto a todo lo nuevo, que sin embargo se mantuvo aferrado a una convicción que abrazó de pibe, cuando estudiaba en La Plata: que la política, aún contaminada por la imperfección humana, es la herramienta mejor para construir un mundo más justo, más inclusivo y sensible al drama de las minorías y los postergados de la historia, contra el que se rebelada con impetuosidad.

Un hombre sentipensante, como diría Galeano, que estuvo siempre erguido en el lado bueno de la vida, que es lo mejor y lo único a lo que vale la pena aspirar. Sin pedir nada a cambio.

Cuando se va alguien así, la Verdad se pone triste, la Decencia comienza a tiritar, y la Dignidad llora, porque sabe que estará más sola.

Cuando se va alguien así, dan ganas de pelearse con la vida, pero él mismo no nos dejaría.

La muerte, que jamás será justa, muestra son rostro más ruin cuando alguien así emprende vuelo… Y dan ganas de gritar hasta quebrarse el pecho, como Joaquín Sabina cuando partió su amigo Adolfo Castelo, otro tipo singular: ¡¡¡Muera la muerte, carajo!!!

Pasaremos días con ganas de gritarlo.

Fuiste, y seguirás siendo a través de tu legado, de aquellos que recuerden, difundan y honren tus enseñanzas, un hombre necesario. Porque es cierto que nadie es imprescindible, y que la vida va a continuar, pero hay algunos que son irremplazables. Peor aún cuando se van temprano. Y estruja el alma saber que no hay dos Jorge Ravassi en San Carlos de Bolívar.

Desde lo más íntimo de mi corazón, un abrazo fuerte a Inés, sus hijos y su familia.

Chau, querido Jorge, te abrazo a la distancia, y gracias por todo. Ojalá volvamos a vernos.

 

Chino Castro

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