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jueves, 22 de julio de 2021
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Elvio Di Berardino: Dicen que salvando se fortalece el corazón

Amor y dolor desde lo profundo de la batalla contra el covid.

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El médico que posteó que “el hospital parece Chernóbyl y la ciudad Disneylandia”, confiesa que “hay situaciones y pacientes que jamás olvidaré”. Con el cuerpo y la mente sedientos de playa tras un año de ver, sin parar, pacientes de covid, y aún cuando siente que “te entran goles por todos lados”, Elvio Di Berardino se abraza a su pasión profesional para seguir luchando: “Nunca me permití quedarme, pero hay colegas que la pasaron mal”, confiesa, en exclusiva con el diario. La confianza en la vacuna, “lo único que puede salvarnos”. La necesidad de “un valle que nos deje descansar”, frente al peligro de la variante india. Y la experiencia que legarán a las futuras generaciones, “años, años y años”.

Los médicos y enfermeros con los que he hablado, me dicen que todos los días, en algún momento, sienten ganas de abandonar, porque es extremadamentedoloroso semejante cantidad de internados diarios y ver que pacientes se van,después de luchar muchísimo. ¿Cómo estás viviendo vos esta etapa?

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-Es así. Lo veíamos lejano, en Italia, la Lombardía, no nos va a pasar, creíamos. Pero llegó con una magnitud tremenda, trabajás muchísimo y sentís que es en vano, que te entran goles por todos lados. En los primeros tiempos de esta ola el hospital parecía Chernóbyl y la ciudad Disneylandia, había un movimiento terrible, como si no pasara nada, y nosotros no dábamos abasto. Nunca pensamos que íbamos a tener tanto trabajo y tantos pacientes, no conozco las estadísticas del Capredoni, pero hablamos de un nosocomio que jamás tuvo más de veinte pacientes con oxígeno y ahora llegó a cerca de setenta.

Elvio Di Berardino es bolivarense. Se formó en La Plata, trabajó unos años en la ‘ciudad de las diagonales’ y luego se radicó en Veinticinco de Mayo, de donde es su compañera. Buscaban un sitio más tranquilo para criar a sus hijos, muy pequeños entonces. Es especialista en terapia intensiva, y tiene 37 años. Un mes después de su regreso a Bolívar, en enero de 2020 se incorporó al equipo del hospital. Vaya momento, como si fuera una película, y no justamente del género comedia. Su idea era trabajar en su especialidad, pero la situación con respecto al covid se desmadró de tal modo, que enseguida quedó también afectado a una de las salas especiales que se abrieron en el nosocomio. Elvio se ocupa de los pacientes más graves.

Posteaste en tu Facebook que el hospital parecía Chernóbyl y la ciudad Disney World. ¿Hoy que la ola lentamente bajate sigue pareciendo lo mismo?

-Creo que se empezó a tomar conciencia, lamentablemente, cuando comenzaron los fallecimientos. Ojalá no hable de más, pero da la impresión de que la ola está bajando.

¿Y deberíamos ser optimistas?

-Por lo que hemos leído y visto en Europa, esta enfermedad se mueve con picos y valles. Ojalá Dios quiera que tengamos un valle que nos deje descansar un poco al menos unos meses. Estamos muy cansados, yendo todos los días, cuando caen compañeros debemos reemplazarlos para no dejar la guardia libre. Vivimos con una sensación rara, de que no podemos parar. Es muy compleja la situación, pero todo indicaría que esta ola está bajando.

Ya se habla de la variante india de covid, que estaría circulando en algunos países. ¿Da para suponer que no terminaremos de salir de la segunda ola cuando ya tendremos encima la tercera, como si fuera un cuento macabro de nunca acabar? ¿Cuál es el mensaje a llevarle al ciudadano común, que no es científico, médico ni infectólogo?

-Yo creo que vamos a tener un valle, también quizá algún nuevo pico. Pero todo depende de la vacunación, lo único que puede salvarnos. Claramente. Puede haber distintas olas, y hay que ver cómo estará para esa época el esquema de vacunación.

O sea que hay que apurar la campaña para contrarrestar el despliegue de una eventual tercera ola.

-Sí, sí. La vacuna no te protege al cien por ciento, pero les va mucho mejor a los pacientes que se enferman ya vacunados. Lo vemos mucho a eso.

“Vuelvo y sigo hablando del hospital, mi familia me quiere matar”

¿Qué te mantiene en pie, a pesar de la angustia y el cansancio?

-Ha de ser que me gusta mucho lo que hago. En mi familia me quieren matar (se ríe), pero yo soy de los tipos que vuelvo del hospital y sigo hablando del hospital, y sueño qué voy a hacer al otro día, todas esas cosas. Es mucho el amor a la profesión, y algunos incentivos que hubo, obviamente… Es eso, porque el cansancio es extremo, y las ganas de tomarme cuatro días para ir, no sé, a la playa, son tremendas. Vengo sin parar, viendo paciendo covid, desde junio del año pasado (en esos meses y hasta fines del primer año de la pandemia, en La Plata y Baires).

Seguramente una instancia así te define: la medicina (o la enfermería) es la profesión para vos, y comprobás que elegiste bien, o ves que te equivocaste.

-Yo creo eso. Ahora es cuando decís ‘a esta carrera la quiero para toda la vida’. Así como hubo personal de Salud que no estuvo a la altura (ver aparte), hubo personal que sí estuvo a la altura. Quiero destacar no sólo a médicos, sino a enfermeros, que hacían dieciocho horas seguidas, horas extras que no sabían si iban a pagarles. Personal de mantenimiento, que los llamábamos en cualquier momento con que teníamos baja presión de oxígeno, con que necesitábamos que nos conectaran una aspiración. Esa gente siempre estuvo, y tiene el mismo cansancio que nosotros. Las mucamas y las kinesiólogas y kinesiólogos también. Han laburando horas extras, salen de la terapia y van al vacunatorio, y así.

Chino Castro

Quién es quién

¿Hubo personal que no estuvo a la altura?

(Piensa unos segundos, como si le costara decir lo que va a decir). -Sí, como todo. Sí, pero bueno.

¿Y qué se hace?

-No, nada, nada. Cada cual sabe… Es la verdad. Médicos, la gran mayoría estuvo a la altura, los jefes de servicio también, los de mis dos servicios sin dudas. Y quiero destacar a enfermeros, mucamas, chicas de cocina, la gente de mantenimiento y los kinesiólogos.

¿Y la comunidad estuvo a la altura, o subestimamos al virus, desdeñamos la vida en sociedad y empujamos las cosas a este punto límite?

-Por un lado, ingresó una cepa muy contagiosa y muy agresiva, la de Manaos, y por otro, hubo una subestimación de la gente. Yo aclaro siempre que por más pandemia que golpeó, nunca dejé de cobrar porque siempre estuve trabajando. Podés aguantar un mes o dos, a mí nunca me pasó, pero hay gente que sí o sí tiene que salir a laburar.

Hay trabajadores que pueden quedarse en la casa porque a fin de mes cobran su sueldo, o trabajar desde su hogar, pero otros no. Por ejemplo los empleados de comercio y los transportistas.

-Más vale, más vale. Y nos los juzgo, sino todo lo contario. Yo desde que empecé a trabajar, hace unos doce años, no sé lo que es no cobrar un mes, gracias a Dios. Entonces no voy a juzgar a esos trabajadores, los entiendo y apoyo.

Con las estadísticas de hoy, algunos se preguntan si la campaña de vacunación estuvo bien orientada, en el sentido de no haber priorizado a trabajadores esenciales que deben salir a la calle, en lugar de gente que puede quedarse en casa. La segunda ola ha hecho estragos entre gente de 30 a 50 años.

-Buena observación. Tal cual. Van a pasar cincuenta años y nos vamos a acordar de los nombres y las caras de las personas de nuestra edad, gente de nuestra generación, que se quedaron. Puede haber sido un error no haber enfocado la campaña en la gente que tiene que salir a trabajar porque no le queda otra. Muchos de ellos se quedaron, y eso nos mató: ver gente de nuestra edad, con la que nos conocíamos del pueblo, fue un golpe tremendo. Personas que dejaron dos o tres hijos chiquitos (se emociona, casi se quiebra al decirlo).

Una guerra en delantal blanco

Empieza a gestarse una nueva urgencia, que tal vez sea una gran urgencia 2022 en Argentina, si el virus nos deja vivir: la de los equipos de Salud que quedarán demolidos por el estrés. Algo habrá que hacer al respecto.

-Tal cual. Tal cual. Hay situaciones y pacientes que jamás olvidaré. Yo por suerte lo exteriorizo contándoselo a mis colegas, a mis viejos, charlándolo en casa. Nunca me permití deprimirme, quedarme, pero hay colegas que sí, que la han pasado mal. Yo quiero seguir trabajando. Claro que ansío una semanita de descanso, pero entiendo que todavía no se puede. Pero sí, lo que decís va a ser un problema. La generación que está luchando acá, les contaremos a nuestros nietos que estuvimos en la pandemia del 2021 en Bolívar.

Salvando las distancias, y no quiero ser irrespetuoso, va a ser en un punto similar a cuando ex soldados de una guerra cuentan su experiencia.

-Yo calculo que sí. Que lo vamos a contar años, y años, y años…

¿Sienten, sentís, el reconocimiento del segmento social responsable y empático, que ha cumplido con las medidas solicitadas y que quizá sea mucho más amplio en cantidad que esa minoría ruidosa en la que siempre se hace hincapié?

-Sí, sí, hay gente que nos reconoce el trabajo y el esfuerzo. Como hay gente que no, hubo alguien que sacaba fotos en el pasillo del hospital diciendo que no pasaba nada, por ejemplo. Pero en general sentimos mucho reconocimiento, los familiares de los pacientes nos agradecen, todos, a pesar de haber tenido aquí a un enfermo o incluso a alguien que falleció. Yo hablo mucho con las familias, doy y damos informes, que a veces son bastante malos, y en general la gente está muy agradecida con nosotros.

A algunos no les gusta la metáfora de la guerra para hablar de la pandemia, no les parece certero que se califique al covid como un enemigo invisible. Quizá tengan razón, un buen poeta sería más fino, aunque si miramos las cifras de caídos y nos detenemos un instante a sentir en nuestra piel semejante angustia colectiva, se hace difícil no pensar en un escenario bélico con una lucha límite por sobrevivir.

Ch.C.

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