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viernes, 05 de agosto de 2022
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San Carlos de Bolívar
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El tornado causó graves destrozos en el parque, al que habrá que ir preparando para su centenario

A 93 años de su fundación.

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1928 fue el año del Cincuentenario de la ciudad. Entre las muchas cosas que se realizaron dentro de los festejos de tan emblemática fecha, se pusieron las piedras fundacionales del Pórtico del Parque “Las Acollaradas” (donado por la Sociedad Española, del mástil central (donado por la Sociedad Italiana), se colocó el busto a Simón Bolívar entre las plazas España e Italia (luego reemplazado por el monumento actual) y se comenzó con la diagramación del parque actual, por entonces un montón de lagunas con pajonales que estaba lejos del centro y poco conectado con la vida cotidiana de los bolivarenses de entonces.

Ese parque que comenzó a forjarse hace ya casi 94 años (los cumplirá el próximo 2 de marzo) sufrió con el tornado de días atrás posiblemente el mayor daño que se le haya causado en su historia. Las pérdidas de árboles se cuentan por decenas en distintos puntos del pulmón ecológico más grande que tiene la ciudad, nuestro “Central Park”, por graficarlo de alguna manera.

No bien calmó el viento lo primero que atinamos fue ir a ver qué había ocurrido en el parque (a sabiendas de lo que había pasado en la mayoría de las plazas de la planta urbana), y ya en el ingreso, en el pasaje Profesor Cancio, nos encontramos con el paso vedado por la caída de árboles sobre el tendido eléctrico que dejaron los cables a dos metros de altura. No obstante eso, y un río de agua en el que se había transformado la entrada al parque, algunos entrépidos entraron igual desoyendo los gritos de Martínez, que desde su casa frente al Estadio alertaba sobre el cableado.

La Cancio en la mano que sale del parque tenía varias plantas caídas, lo que hacía que se pudiera salir de “Las Acollaradas” por el mismo lugar por el que se había ingresado. Y la calle de tierra, que sale en diagonal desde el final de la plaza Jorge Newbery, también estaba intransitable por ramas y árboles caídos, un verdadero desastre.

Nos quedamos con esa imagen, no quisimos avanzar porque no íbamos a solucionar nada; pero decidimos volver dos días después, cuando el viento se había ido y quedaban sólo los lamentos. Quien conoce el parque y lo ha recorrido por sus mil recovecos, no podrá creer lo que pasó el día que vuelvan a habilitarlo al tránsito y al regreso de los bolivarenses a uno de sus lugares dilectos.

Alguien graficó el paso del tornado por la Plaza San Martín (la que se encuentra frente a la Escuela N° 2) como que allí habían tirado una bomba. Lo que pasó en el parque fue parecido; pero a mayor escala, con posiblemente varias decenas de árboles irrecuperables, tendidos en el suelo a la espera de que las motosierras hagan su trabajo para quitarlos definitivamente del verde paisaje que dibujaron por más de medio siglo.

Ver árboles añejos caídos causa una gran impotencia. Son plantas que nos han visto crecer, pasar, vivir posiblemente nuestros mejores momentos en un lugar soñado para los pobladores de esta ciudad. Quienes utilizan el parque como lugar de entrenamiento para sus caminatas diarias tendrán a futuro una vista distinta, diferente, más triste, más abierta en cuanto a espacio; pero menos colorida. Ya no estarán los mismos colores e incluso los mismos olores, que por un rato le dan paso al aroma del aserrín o la viruta que arrojan las motosierras al achicar a esos tremendos gigantes de casi media cuadra que yacen en el piso, algo que parecía imposible.

Vendrá el tiempo de la resignación y de la reposición de árboles. Ahora más que nunca debe aparecer una política de reposición de arbolado público, en el parque y en las plazas, porque estas sombras que hoy disfrutamos no fueron fruto de nuestra generación, la implantaron generaciones pasadas pensando en formar de la ciudad una de las con mayor arbolado por habitante en la provincia de Buenos Aires. Es una tarea que debe comenzar ya, consiguiendo e implantando las mismas especies, y de ser posible, por cada árbol caído plantar dos.

El parque, nuestro parque seguirá siendo el mismo, con menos árboles, es cierto, pero con esa presencia que tiene desde su fundación, allá por 1928. Tenemos que estar a la altura de nuestros antepasados para dejarle a las generaciones venideras el parque que todos disfrutamos; pero para ello la reconstrucción debe comenzar ya, a escasos 6 años y medio de que cumpla sus primeros jóvenes 100 años, sin prisa pero sin pausa. Manos a la obra.         Angel Pesce

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