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El Tiempista: Un retrato del cantor José Francia

Escribe Mario Cuevas.

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Un día de 1953 llegó a Bolívar una compañía de teatro para presentarse en el Teatro Coliseo, integraba el elenco José Francisco, un artista nacido en Boedo en 1923. Hijo de inmigrantes portugueses, se había formado en Bellas Artes, pero además era un consumado cantor de tangos. Algo debe haber mostrado José esa noche porque fue contratado por la Orquesta de Humberto Sangrígoli. Un año después, en 1954, se casaba con Emma Monteagudo y al año nacía José Gabriel (Cachi). En 1963 llegaría Miguel Ángel, Miki, nuestro invitado especial que nos hablará de su papá, que se hacía llamar José Francia en el ambiente tanguero.

“Mi padre vivió los momentos más altos del tango, entre los 30 y los 40 – cuenta -. Era conocido en toda esa comunidad tanguera de jóvenes cantores, en ese momento tenía de nombre artístico: Jorge Coral. Conocía a Jorge Vidal, a Héctor Mauré, hasta al mismo Goyeneche. Estaba algo así como en una segunda línea de los cantores de tango de ese momento”. Lamentablemente no hay registros sonoros de José Francia, grabó un simple en Radio Splendid pero se perdió. “Me acuerdo que de un lado tenía el tango Cucusita – dice Miki -, y del otro lado, tengo la fantasía que era Grisel, pero sinceramente no me acuerdo”. Ya en Bolívar Francia integró varias orquestas, lo ubicamos en 1960 cantando en la orquesta de Armando De Vicenzi. También salía de gira: Buenos Aires, Mar del Plata y Carhué (en ese momento Epecuén era un gran centro turístico).

“Era un hombre muy formado – relata Miki -, la gente que lo conoció me decía: ‘Francia era un ‘tiempista’, con eso querían decir que entraba a tiempo siempre con su fraseo, era un profesional. Con un grupete de cantores llegó hasta Miami, recorrieron Chile, Perú, Ecuador, Colombia, anduvieron por Centroamérica y llegaron hasta Miami cantando en las boites de la época, en los finales de los 40 y principios de los 50. Yo me imagino que ése era un momento de grandes cantores, y que mi viejo era muy buen cantor, muy preparado, pero algunos tuvieron éxito y otros no”.

Cuenta Miki que el año en que él nació, 1963, su viejo ‘pegó un pleno’ en Mar del Plata y cuando llegó a Bolívar instaló la cantina El Ancla, ubicada en Pellegrini al 300 y pico, donde luego funcionó la bicicletería de Nito Cortondo. “Por ahí desfilaron todos los cantores de Bolívar, a la mayoría no los conozco; ahí también tocó Jorge Riccio. Tiempo después mi padre tuvo que cerrar el lugar por las quejas de los vecinos por el tema de ruidos molestos”.

A Miki se le caen de los bolsillos las anécdotas con su padre, nos cuenta una que data de 1972, cuando tenía nueve años: “Jorge Riccio, mi papá y yo viajamos a Ordoqui en el Falcon de Jorge, allí había alguien que tenía un bandoneón Doble A (Jorge lo probó pero finalmente no lo compró). Cuando volvíamos a la tardecita entramos al campo de Santa María, ahí aparecieron los jamones y las pancetas en la mesa corría el vino.

Mi padre comenzó a cantar con Jorge, me hicieron participar, no me acuerdo lo que canté pero era una imagen muy fuerte: nosotros cantando mientras afuera oíamos muy débilmente el motor Villa que generaba electricidad y alumbraba pobremente el lugar”.

Estamos seguros que en el Miki cineasta hay genes de su padre. José tuvo un pequeño papel en ‘Mansedumbre’ (1952), film rodado en Tucumán, dirigido por Pedro R, Bravo y protagonizado por Beatriz Bonnet y Mario Vanadia. “Ahí mi viejo hace un papel chiquito en un par de escenas, a eso lo cuento en una novela – recuerda Miki – La película transcurre en un ingenio azucarero y hay un levantamiento de los obreros por las injusticias s que se cometían, mi padre aparece con un machete matando a alguien, le pegan un tiro y cae aparatosamente. La película la proyectaron en Junín, yo estaba con mi madre en el cine y gritaba: ¡Ahí está papá!, y toda la gente me chistaba”.

El Casal

“A José Francia lo conocí de muy cachorro, en el bar El Ancla, por ahí desfilaban todos los cantores de Bolívar, por ejemplo: Rómulo Altavista. La guitarra nochera de ese bar era mi hermano mayor, Ramón”, nos relata Oscar Gringo Cardoso.

En 1970 Oscar comenzaría a vivir una aventura inolvidable: el bandoneonista Rogelio Pachín Asín lo invitó a viajar a Mar del Plata para acompañar a José Francia. El cantor había sido contratado en El Casal, lugar de tangos que manejaba una tal Lupe. “Yo estaba en un momento complicado – cuenta Oscar -, había fallecido mi madre, Carmen Peralta; y a mi padre, Ramón, se le terminó el mundo, al poco tiempo se le fue la vida. Cuando Pachín me invitó, no lo pensé dos veces, me fui con una muda de ropa, la guitarra y mis sueños, y con dos amigos que me apuntalaban: José Francia y Pachín Asín”.

En El Casal desfilaban guitarreros, cantores y turistas que despuntaban el vicio interpretando tangos y milongas. A las diez y media de la noche Oscar comenzaba templar su guitarra y cantaba algo hasta que llegaban los cantores. Para Oscar, más de veinte años más joven que José, la experiencia en El Casal fue invalorable. “La figura de Francia para mí ha sido una escuela para sumarle valor y saber a mi guitarra – cuenta -.Era un artista, en los arranques y dichos que tenía, en la forma de actuar. Cantando, parado o sentado, el hombre era una figura, a mí me conmovía acompañarlo y escucharlo también”.

Oscar enumera detalladamente el repertorio que hacían en esas noches marplatenses: Vieja viola (Humberto Correa), Caña (Mónaco-EsvizaAraujo), San José de Flores (Acquarone-Gaudino), Manoblanca (De Bassi-Manzi), El vino triste (D’Arienzo-Romero), Anclao en París (BarbieriCadícamo), Viejo smoking (Barbieri-Flores), Mi Buenos Aires querido (GardelLe Pera).

“José era muy memorioso, tenía una gran variedad de temas que los cantaba según cómo venía la noche, y siempre sacaba un tango nuevo. Tenía una gran facilidad para ordenar la tonalidad, era complicado acompañar a un cantor sin haber arreglado los tonos antes, pero él estaba seguro que al segundo o tercero compás yo lo agarraba enseguida. Se sabía todos los tangos de memoria, nunca agarró un papel.

Dedicó su vida a la música a la calle, el camino, la noche, a los sueños. Así era él, un tipazo, un gran compañero. Así lo recuerdo yo, como recuerdo a Pachín Asín con su bandoneón, en aquel entonces los días eran eternos, largos, todas las noches eran un ensayo.El que nació cantor como José Francia, nació para servir, no ser servido, él sirvió de esa manera, lo daba con el corazón. Nunca le importó un mango, no le importaba la plata, lo que quería era cantar, nació para cantar, así vivió y así lo recuerdo”.

Emma y Miki

Aires de tango quedaron flotando en la familia Francisco Monteagudo. En la intimidad Miki siempre tocó la guitarra y cantó canciones de Piero y León Gieco entre otros artistas, pero un día, hace más de dos años, se preguntó por qué nunca le había tocado tangos a Emma, su madre que hoy cuenta con más de noventa años.

Se puso manos a la obra y comenzó a tomar clases con el maestro Rubén Exertier. Hoy Miki le canta a Emma: Sur, Los mareados y Como dos extraños, entre otros clásicos del género. “Falta afinar todavía, lo voy manejando con algunos pifies, pero bueno, es muy complejo esto”, dice y comienza a frasear: “Me acobardo la soledady el miedo enorme de morir lejos de ti / Que ganas tuve de llorar, sintiendo junto a mí,la burla de la realidad…”

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