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jueves, 03 de junio de 2021
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“El terror estaba representado por el miedo a desaparecer”

Charla taller a cargo de Julio Ruíz sobre el 24 de Marzo.

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Evolución Radical dejó atrás las internas de la UCR y continuó con sus talleres de formación a cargo de Julio Ruiz. En esta ocasión el profesor e historiador se refirió al 24 de marzo, con motivo de cumplirse un nuevo aniversario del último Golpe Militar ocurrido en 1976.

Dijo Ruiz: “Es un día especial, un día para la memoria, que es una de las formas de seguir buscando la verdad, y la verdad es lo único que nos puede llevar a la justicia. Esas tres palabras en días como hoy son importante, no se pueden tener separadas, tienen que formar parte de un todo. Cuando hablamos de memoria es ir hacia atrás, de recordar cosas que en este caso son ni más ni menos que nuestra propia historia”.

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Julio continuó diciendo que “el 24 de marzo de 1976 recordamos que se produce un Golpe Militar, apoyado por civiles, muchos civiles, que implanta en la Argentina la dictadura más terrible, más oscura, más dura y con mayores consecuencias que todas las dictaduras anteriores. Pero si arrancamos hablando sólo del 24 de marzo, estamos viendo la foto, y en realidad la historia argentina no es una foto, es una película, una película que tiene muchas secuencias y que hacen que el 24 de marzo del ´76, fecha trágica, sea el final de un ciclo y el comienzo de otro, o la continuación de un ciclo que se había empezado, eso va a depender de quién lo cuente, cómo lo cuente; pero también de cómo lo haya vivido”.

Ruiz siguió: “Una de las cosas que no hay que olvidar es que además de que la historia la cuentan los que ganan, la historia también la cuentan los que la viven de acuerdo al lugar donde les tocó vivirla, y en consecuencia cuando se estudia la historia, no debemos estudiarla solamente con una versión, porque en ese caso estaríamos viendo en una sola dimensión. Tenemos que tratar de ver la historia en todo el contexto para por lo menos poder comprenderla en 3D”.

Y continuó: “Hay hechos que con incontrastables, el 24 de marzo de 1976 comienza una dictadura militar apoyada por mucha parte de la población civil, mucha, y que tiene como finalidad el exterminio del accionar subversivo, exterminio en términos militares y en cualquier acepción que se busque es la exterminación de raíz. Y el accionar subversivo para los militares que tomaron el gobierno no eran solamente los guerrilleros, es decir las milicias armadas FAR, FAP, Montoneros, ERP, FAL, sino que además eran toda la línea de pensamiento que podría llegar a coincidir con ellas, y en esa línea de pensamiento había políticos, militares, estudiantes, obreros, maestras, artistas, gente común, dirigentes sindicales y hasta diplomáticos, y por lo tanto exterminar significaba eso”.

Ya metido bien en el tema, agregó: “El 24 de marzo de 1976 comienza una etapa que es una excusa de la lucha contra la guerrilla, lucha que ya estaba terminada para marzo o abril de 1977, porque ya para esa fecha las organizaciones armadas no tenían capacidad operativa según los propios informes de las fuerzas armadas, y sin embargo siguió la represión, la persecución, la matanza, la cárcel, los pozos, porque no hay que olvidarse de la palabra clave: exterminio”.

Insistiendo con que la historia hay que verla en 3D, Julio contó: “La palabra exterminio fue el argumento ´legal´ que usaron los militares; pero que les fue propuesta, dada, otorgada, por un decreto de un gobierno constitucional, que fue el gobierno de Isabel Martínez, que en 1975 firma un decreto presidencial ordenando a las Fuerzas Armadas el exterminio no de las organizaciones guerrilleras sino del accionar subversivo en todos sus niveles y etapas. Y esto viene porque a su vez durante el gobierno constitucional que empezó en 1973, en marzo con Cámpora y después siguió con Lastiri, y después siguió con Perón, y después con Isabel, las organizaciones guerrilleras ERP y FAL, que eran de la extrema izquierda, marxistas leninistas, o FAP y Montoneros, que eran de la tendencia revolucionaria peronista, siguieron su accionar durante un gobierno constitucional, y durante el gobierno de Cámpora-Lastiri-Perón e Isabel, que duró 3 años, menos, murieron alrededor de 2 mil personas en ataques subversivos o terroristas, o guerrilleros, o como quieran llamarlos; con explosivos, ametrallados, porque ellos estaban librando una guerra; pero también murieron muchísimas personas por el terrorismo de estado de ese mismo gobierno constitucional, que estuvo en manos de una organización para militar, para policial, para estatal, llamada Alianza Anticomunista Argentina o Triple A, comanda nada menos que por el Ministro de Bienestar Social de ese gobierno democrático, José López Rega. Y ahí, a los tiros, en todas las ciudades del país y en todos los pueblos, estuvieron discutiendo la supremacía para ver quién era más o menos peronista, o quién era más o menos socialista, y en esa lucha cayó mucha gente inocente”.

Revolviendo en la historia 3D, Ruiz se sumergió más en el pasado: “Esto no viene de ahora, porque si vamos un poco hacia atrás tenemos que contar que en 1955 lo derrocan a Perón, y a partir de ahí, contra el gobierno de facto que se llamó Revolución Libertadora, comienza a funcionar la resistencia peronista, que en principio eran sabotajes; pero que después se va transformando en resistencia armada, y que es el origen de lo que conocemos como las ´formaciones especiales´, de origen peronista, que luchan por la vuelta de Perón a la Argentina, y allá por 1970 se hacen ya visibles con el secuestro y muerte del General Aramburu y lanzan a la vista que existe una organización peronista armada que se llama Montoneros, y que lucha por la vuelta de Perón a la Argentina y por eliminación de la dictadura militar que estábamos sufriendo desde 1966 hasta 1973”.

El accionar de Montoneros en palabras de Ruiz siguió: “Esto comenzó con secuestros, con atentados, con ametrallamientos de gente y con la respuesta del propio gobierno militar que salió también a ametrallar donde pudiera, adonde los encontrara a los miembros de las fuerzas especiales. De hecho detuvieron a un montón de ellos y los llevaron a la cárcel de Trelew, y allá un 22 de agosto directamente los fusilaron aduciendo que habían intentado fugarse, de hecho algunos se fugaron. Esto enervó aún más la actitud bélica y terminó siendo casi una guerra civil hasta que vuelve Perón a la Argentina, que era el que podía llegar a pacificarlos. Perón vuelve en noviembre de 1972, y como él no podía ser candidato establece una fórmula que va a representar al peronismo en las elecciones que se van a dar en marzo de 1973: Cámpora-Solano Lima. Esa fórmula peronista une todos los sectores del peronismo, del viejo peronismo más bien tirado a la derecha, del nuevo peronismo más bien tirado a la izquierda, de las organizaciones especiales peronistas, FAR, FAP y Montoneros, y también a todas las organizaciones casi para militares que tenían los sindicalistas, entre otros la juventud sindical peronista, la vieja Alianza Libertadora Nacionalista, que soportan que Cámpora llegue al gobierno y que el 25 de Mayo de 1973 la primera medida que tome el gobierno democrático sea liberar a todos los presos políticos, que en su mayoría pertenecían a las organizaciones armadas, y a partir de ahí se desata el pandemónium”.

Y Julio pasó a explicar los motivos: “Un sector del peronismo sostiene a Cámpora y otro sector del peronismo lo quiere voltear porque tiene que volver Perón, entonces se alinean las fuerzas, las de la derecha con los que quieren que vuelva Perón y que lo saquen a Cámpora, y las de la izquierda se alinean con Cámpora para que siga en el gobierno. Esto termina con la renuncia de Cámpora pocos meses después de su asunción, allá por julio de 1973, y el desplazamiento de todos los dirigentes y miembros de los ministerios que respondían a la tendencia revolucionaria, es decir, a Cámpora. Y a partir de ahí comienza la casa de brujas, Lastiri, yerno de López Rega, asume la presidencia de la Nación y le da carta blanca a su suegro para que con la Triple A salgan a hacer limpieza, limpieza de zurdos, y se comprometen a que Perón vuelva a la Argentina y se presente como candidato a presidente, y Perón vuelve un 20 de junio de 1973, y va a desembarcar en Ezeiza, y dos millones de peronistas van a recibir a Perón, que es el que va a traer la paz, y lo que iba a ser una fiesta no sólo peronista sino del pueblo en general que estaba esperando a Perón como un pacificador, se transforma en una tragedia porque ambas tendencias, la izquierda y la derecha peronista se agarran a los tiros en el medio de dos millones de personas. No se sabe cuánta gente murió, sí se sabe que esa fue la declaración definitiva de guerra y de ahí para adelante ya no hubo paz en la Argentina, por más que Perón ganó las elecciones, por más que intentó pacificar, las propias organizaciones especiales quisieron marcarle la cancha a Perón y asesinan al dirigente gremial José Ignacio Rucci, que era ni más ni menos que el capo de la CGT, el brazo derecho de Perón. Obviamente esto a Perón no le gustó y también él les declara la guerra a los Montoneros, FAR y FAP”.

Apasionado con el relato, Ruiz continuó: “Perón se muere en julio de 1974, asume Isabel, su esposa, que era vicepresidenta. López Rega toma prácticamente el mando del Estado y también el mando de la represión, del terrorismo de Estado, y desde julio de 1974 hasta diciembre de 1975 el país vivió en una guerra civil, no declarada, donde gran parte de los dirigentes de la izquierda peronistas, sobre todo legisladores, escritores y artistas de todo tipo, si no eran asesinados por la Triple A tenían que irse del país, también hubo desaparecidos. Es ahí cuando Isabel ordena el exterminio del accionar subversivo. Una vez que los militares tuvieron esa orden presidencial ya no les hizo más falta el presidente de la República para cubrir la legalidad, y pudieron poner en marcha otro plan, el que mucha gente también pedía, porque no sabía si volvía de su trabajo o del colegio, porque podía caer tranquilamente en medio de un tiroteo entre las bandas de la juventud sindical peronista o la JP, entre una banda de Montoneros o de la Triple A”.

Julio habló de la importancia de las vivencias para quien cuenta la historia, y él contó la suya: “Recuerdo yo estando en La Plata que ya dos meses antes se hablaba del golpe, los políticos ya se referían al golpe inminente, las fuerzas de Azul y Olavarría hacían ´maniobras´ acercándose cada vez más a Buenos Aires. Las tropas de Córdoba hacían ´maniobras´ acercándose cada vez más a Buenos Aires. Los únicos que no querían enterarse que se venía el golpe o no les importaba eran los del gobierno. Pocos días antes del 24 de marzo, Balbín, que era el referente principal de la oposición emite un tremendo discurso pidiéndole a la presidente de la Nación que le encuentre una salida institucional al desgobierno y la inseguridad que había, y la salida institucional era justamente que se hiciera cargo de la presidencia siguiendo la línea sucesoria el presidente del senado, que se buscara un acuerdo con los políticos que estaban preocupados por la situación, o como pedían otros, el juicio político. No fue lo que pidió Balbín, él pidió que lo pensaran, que tuvieran un gesto de grandeza. Ahí es cuando termina con su famosa frase de que a pesar de que todo parecía que no tenía solución, como decía el poeta, dijo Balbín, ´todos los incurables tienen cura cinco segundos antes de la muerte´; pero esos cinco segundos fueron desperdiciados, ya 3 días antes del 24 de marzo yo vivía a una cuadra y media de la casa de gobierno de la provincia, sabíamos que el gobernador ya se había despedido de todo el personal y que los guardaespaldas del gobernador ya se habían ido a su casa porque el golpe estaba hecho, nadie lo paró. Escuchamos 40 bombas en una sola noche y nadie lo paró. Y a las 2 de la mañana del 24 de marzo con mis compañeros estábamos haciendo la vigilia porque sabíamos que se venía el golpe, todos lo sabíamos; unos lo esperaban con alegría, otros lo esperábamos con bastante incertidumbre por no decir miedo. Y cuando llegó, tipo 5 de la mañana que escuchamos la marcha que anunciaba que había cadena nacional y que había golpe militar, a los que estábamos en el departamento 23 de la calle 48 nos corrió un frío por la espalda, porque no sabíamos dónde íbamos a terminar, ya teníamos compañeros de pensión que habían pasado a la clandestinidad después del 20 de junio y nos habían avisado: ´esto viene grosso´. Ya nos decían ellos y nosotros no lo entendíamos porque éramos más jóvenes, que esto ya estaba emparentado con el golpe de Chile, con el de Uruguay, y que iba a pasar lo mismo, y ellos que eran un poco más grandes se fueron a la clandestinidad, nunca más los volvimos a ver. Y tenían razón, porque estuvo emparentado con esos golpes, porque en realidad hubo una matriz para toda América Latina, la Doctrina de Seguridad Nacional implantada desde los Estados Unidos, los ejércitos se iban a preparar no ya para combatir a otros ejércitos, sino al enemigo interno, y el enemigo interno era el comunismo, la izquierda, la subversión, y había que aniquilarlo, y hubo un momento en nuestra historia sudamericana que no hubo país que tuviera gobierno democrático, por lo tanto hubo un plan que no era sólo de los militares y los civiles de acá, era más alto, un plan en donde en general se produjeron exterminios como en la Argentina, donde hubo muertos en Chile, Uruguay, Bolivia, Paraguay; pero acá fueron todavía más allá, acá inventaron la categoría de no muerto, no vivo, porque el muerto se sabe dónde está, el muerto se llora y te permite hacer un duelo, y después se olvida o se supera; pero el no muerto-no vivo, el desaparecido sigue doliendo, no te deja hacer el duelo, nunca lo vas a terminar, porque además siempre vas a tener la esperanza de que esté vivo, de que aparezca, mete más miedo el desaparecido que el muerto, por esta razón la sociedad argentina fue vencida por el terror, ese terror que no sólo estaba representado en los Falcon verde o en los autos azules y celestes de la Federal, estaba representado también por el miedo a desaparecer, y entonces no veo, no hablo, no escucho; y si estoy delante de alguien en la calle a quien entre cuatro tipos lo levantan de los pelos y lo meten dentro de un auto, ni me muevo; y si escucho que al lado patean la puerta y entran y sentí gritos, apago la luz y no me muevo; la ley de la selva, sálvese quien pueda como pueda, este fue el gran triunfo del proceso, el terror, disolver la red de solidaridad que existía en la sociedad”.

Julio añadió que “ahí comienza otra lucha, ya no la lucha armada, la nuestra por seguir siendo humanos, personas, por seguir viendo que ahí hay otro y le tenés que dar una mano, fue difícil mantenerse humano; pero había que hacerlo porque si uno pierde la calidad humana no tiene sentido después que siga, se transforma en una porquería como el resto, y en gran medida la sociedad perdió la humanidad, este fue el triunfo del proceso. Los 30 mil desaparecidos y muertos no eran el fin, eran el método, la herramienta, era lo que precisaban para que el resto de la sociedad quede paralizada frente a lo que estaba pasando, frente a la otra historia que estaba ocurriendo, que la gente mientras esto pasaba, como el dólar estaba barato hacían los tours al Paraguay para comprar televisores color, traerlos acá, incluso a Bolívar, venderlos y volver a hacer los viajes. Y con eso después viajar a Europa dos meses, o comprar una Toyota 0, o vivir en una aparente riqueza que estaba dada por un dólar baja, situación que después se repitió, ya sin proceso, y mientras tanto a nadie la importó que eso fuera resultado de 30 mil desaparecidos; tampoco les importó que fuera el resultado de que las fábricas cerraran, y de que millones de personas quedaran sin trabajo y que la desocupación durante el proceso subió del 4 al 35 %, y que la deuda externa subió de 4.500 a 45.000 millones. Y que inventamos el único Mundial de Fútbol que dio pérdida, y que inventamos una guerra, que encima perdimos”.

Con el desenlace al caer, julio relató: “Y cuando ya se estaban por caer solos la sociedad reaccionó y los militares se dieron cuenta que ya no podían seguir, y entregaron el gobierno a un hombre que se llamó Raúl Alfonsín, que ganó limpiamente las elecciones contra el peronismo el 30 de octubre de 1983, y que denunció que había un pacto militar-sindical para no meterse con las violaciones a los derechos humanos por parte del peronismo, que no quiso formar parte de la CONADEP, que era la que iba a investigar todo lo que había ocurrido, y no quiso porque en esa historia de la CONADEP no empezó el 24 de marzo, esa era la foto, la historia empezaba antes, en el gobierno constitucional de 1973 a 1976, o antes en la Revolución Argentina de 1966 a 1973, y durante todo el tiempo de la noche oscura del proceso los únicos abogados que se animaban a defender a los presos políticos eran en su mayoría radicales, y murieron varios, entre ellos Sergio Karakachoff; pero murieron por defender a los presos políticos, no sólo porque tenían un título de abogado sino porque creían en la justicia y en los derechos humanos, y entre esos hombres estaba Raúl Alfonsín, por esta razón tuvo después autoridad moral para denunciar un pacto militar-sindical, y tuvo autoridad moral para armar la CONADEP e iniciar el juicio a las Juntas Militares y a los responsables de las organizaciones guerrilleras”.

Para ir terminando, Julio aseveró que “hay que aprender que si bien la historia la escriben los que ganan, también hay otra historia, y también hay tantas historias como gente haya vivido el mismo suceso, y a mí me duele que se bastardee a los 30 mil muertos y desaparecidos, y que terminen siendo una remera como el Che Guevara o como Maradona, y los vamos a bastardear en la medida en que achiquemos la historia a la parte que nos conviene, porque por el otro lado también hay otra historia. Y así como he tenido amigos que pasaron a la clandestinidad ya el 20 de junio de 1973, y muchos que no volví a ver, y muchos que se fueron muy jovencitos a una guerra de la cual 6 meses después volvieron blancos en canas, así también tengo amigos y parientes que tienen parientes policías, militares, dirigentes sindicales que tuvieron sus muertos. Hubo muertos de muchos lados, en un día como hoy tenemos que tener el respeto y la grandeza y la honestidad de respetar a todos los muertos, a todos, porque todas las familias, de un lado y del otro, tuvieron sus dolores y tuvieron sus muertos, y no se puede construir sobre el odio y la venganza, sobre lo único que se puede construir es sobre el perdón y sobre la justicia. Por esto hoy es un día de reflexión, duele que sea un feriado en donde no se ha usado el tiempo para esta reflexión. Aprendan a no ver sólo en una dimensión cada cosa que les cuenten, busquen otra fuente, otro punto de vista para poder llegar a tener su propia verdad y que no les pase como nos pasó a los jóvenes de los ´70, que terminamos siendo idiotas útiles”.

Angel Pesce

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