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martes, 01 de junio de 2021
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El sueño de “lograr esas cosas bellas de las que somos capaces”

Ana Laura Maringer pone sus fichas en la Cooperativa La Barraca.

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De la mano de su admirado Alabart, Ana Laura Maringer redescubrió su pasión por la actuación y va por más, con el norte en lo colectivo. Sus referentes, cómo analiza la labor de un actor/actriz y su sueño de seguir formándose y florecer en y con La Barraca. Una charla con una artista en movimiento, que trabaja para “aprovechar todo”.

Hace unos días se celebró el Día del Actor/triz, ¿una profesión en la que te cuesta verte?

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– Te diría que estoy como en camino. Puede ser porque me falta bastante experiencia. Como actriz, mi experiencia es haber hecho las dos Bernarda Alba (en la última versión, encarnó a la mismísima Bernarda) y todo el Profesorado de Teatro, pero no sé si puedo decir ‘Hola, soy Ana Laura Maringer, actriz’. Sí puedo decir que soy profe de Teatro, porque tengo el título y lo puedo hacer. Pero actriz me parece que podría ir siendo.

¿Y es tu vocación, o elegís ser profesora de Teatro? ¿O van de la mano?

– Cuando empecé el profesorado, el ‘Mono’ (Alabart, el principal docente de la carrera que se dictó en instalaciones de la Fundación Futuro) nos preguntó por qué queríamos hacer esa carrera, y yo dije -y sostengo- que era por la formación actoral, no para dar clases. De hecho, no quiero dar clases de Teatro en escuelas. Soy profe de Inglés en colegios, pero formarme en teatro me pesa mucho más, en el buen sentido. Creo que si fuera a dar clases armaría un taller de adultos, ya con los niños no quiero lidiar, no porque no los quiera sino porque mi paciencia está bastante tambaleante, después de dieciséis años al frente de aulas. Me gustaría hacer obras, entrenar la parte actoral, capacitarme para eso y no tanto para ser docente. No sé si porque quiero ser actriz quiero también enseñar, en mi caso no. Quizá me gustaría un tallercito de adultos, pero no es mi sueño ni mi meta, para nada.

¿Cómo descubriste tu vocación? Cuando comenzaste a formarte ya habías trazado todo un camino en la docencia. ¿O siempre quisiste ser actriz y por diversas circunstancias no te habías enfocado ahí?

– Cuando era muy chica hice un taller cinco años y me encantaba, pero las cosas de la vida fueron llevándome hacia otros lugares. Quedé como docente de Inglés por necesidad. Había estudiado muchos años, después hice el tramo pedagógico y más tarde entré a la Escuela Salesiana (de Del Valle). Pero me quedó eso pendiente. De hecho, cuando estaba embarazada de Delfi, mi primera hija, cursé el ingreso al IUNA (en CABA), en actuación. Estaba de cinco meses, no pude hacer casi nada y por supuesto no quedé. Y me vine a vivir a Del Valle, conseguí trabajo ahí. La parte del teatro quedó entonces relegada, sin embargo en Del Valle trataba de hacer cosas creativas con los pibes, usando sus cuerpos y el mío, o sea que siempre iba tirando para ese lado. En la iglesia me metía, no sabés las cosas que hicimos, “revolucionamos” el lugar con puestas en escena y cosas que estuvieron muy buenas. Ya en Bolívar, quería hacer teatro, les pregunté a conocidos y alguien me recomendó al ‘Mono’. Pero cuando comencé el Profesorado todo afloró. Mi cabeza y mi corazón tiraban para ese lado, pero me terminé de dar cuenta esos días.

¿En quiénes te referenciás?

– Acá, en primer lugar en el ‘Mono’. Y después, en mis compañeros, con quienes hicimos el camino juntos y estamos todos aprendiendo, en la misma línea. Inclusive el ‘Mono’, que es un grosso y sabe un montón, sigue aprendiendo. Yo le atribuyo a él el haberme empujado y que hoy tenga este amor por el teatro. Me han influido mucho las cosas que hemos estado leyendo, Serrano, Stanislavski. Yo ahora estoy muy fanática de Tennessee Williams, me voy leyendo todo, porque estamos con un proyecto con textos suyos (con la Cooperativa La Barraca, conformada por Alabart, egresados del Profesorado y actores y actrices bolivarenses).

Además de Alabart, ¿qué actores y actrices te gustan, y por qué?

– Me es difícil responderte eso… Quizá podría mencionarte a estos íconos americanos grossos de siempre, como Pacino. Teatro no he visto tanto, y si hablamos de cine y de Argentina, te diría Alfredo Alcón. Me encanta, me parece un grosso. (Cuando la charla on the record había terminado, quiso incorporar el nombre de la amiga y colega que más admira: Melina Cardoso.)

¿Y por qué te gustan? Con tu formación, vos no ves en el laburo de un actor o actriz lo mismo que yo.

– Me gusta que se nota su trabajo, que no es meramente un ícono que sale ahí, sino que experimenta esa metamorfosis y le creés, y te metés en lo que está haciendo, te trasmite toda una cosa que te conmueve, que te sensibiliza, que por ahí no es muy explicable, o sí, si te involucrás en los aspectos técnicos. Eso tiene que tener un actor o actriz para que te guste y te provoque algo, que vos digas ‘es por ahí’. Lo ves trabajar y sentís todo lo que hay atrás, no se ve pero lo sentís, está latiendo ahí. Y esto va más allá de la formación: te puede gustar algo porque te conmueve de alguna manera, y aunque no le puedas poner nombre, ahí está. Está bien que hay muchas personas que tienen como corrida esa capacidad, te preguntás cómo las puede conmover determinada expresión, es cierto que por ahí con herramientas podés apreciar las cosas mejor, o más cosas, u otros aspectos.

Una vez, a Sabina le pidieron que definiera qué es una buena canción: “Alguien dijo algo que me hubiera gustado decir a mí”, respondió: “Una buena canción se compone de una buena letra, una buena música, una buena interpretación y algo que nadie sabe qué carajo es, y que en verdad es lo único que importa”. Eso aplica acá, y en cualquier disciplina del arte.

– Claro, excelente (se ríe).

¿Qué soñás, qué proyectás?

 – Espero que me dé el tiempo de la vida… Estoy leyendo mucho Tennessee y es bastante oscuro en lo relativo al tiempo. Él habla del instante de luz que es vivir, de aprovechar todo lo que pasa. Me encantaría primero que nada concretar los proyectos que tenemos; me gustaría seguir estudiando, hacer algo más corporal, irme a algún lado a hacerme alguna capacitación, y que esta compañía La Barraca pueda salir con el teatro y plasmar un montón de cosas, que logremos ser sólidos y un grupo como venimos siendo, muy solidarios entre nosotros y con el afuera. Tenemos una base hermosa de gente, me parece que podemos realizar un montón de cosas muy bellas. Mi sueño es laburar primero, desarrollar todo el proceso, que hoy se da de un modo fragmentario, y poder demostrarnos a nosotros que podemos, ver esa creación conjunta. Y luego salir. Lograr esas cosas bellas que creo somos capaces de hacer. Ahora estamos frenados por la pandemia y las restricciones, pero todos tenemos una energía muy linda puesta en esto.

Chino Castro. 

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