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miércoles, 28 de febrero de 2024
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El sabor del reencuentro: ‘Vicki’ Ané presentó Berenjenal

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Tras muchos años, Victoria ‘Vicki’ Ané volvió una noche a la ciudad de la que nunca se fue, porque aunque esto parezca un juego de palabras siempre estuvo volviendo de Mar del Plata a Bolívar, claro que no en su faceta de música. Eso fue lo que sucedió el viernes en un desbordado auditorio de la Biblioteca Rivadavia, cuando la cantante, guitarrista y compositora presentó una selección de los cuatro pétalos de su Berenjenal, los discos en los que ha trabajado desde antes de 2010, lanzando en 2012 los dos primeros y once abriles después los siguientes.

La presentación tuvo el clima de sabor del reencuentro. Durante casi exactas dos horas de canciones, se produjo sobre el escenario un ir y venir de músicos y músicas que se volvió difícil de seguir sin marearse. No para los artistas, que exudaban ganas de reencontrarse, abrazarse y ‘sintonizar magias’, sino para el público. Casi todos/as se conocían con todos/as, por lo que la propuesta, mucho más un show que un concierto, transcurrió en una clima familiar con un cierto aroma navideño, bien descontracturado y como si los Ané nos hubiesen invitado a compartir su mesa, aunque haya pasado un mes y medio del fin de año.

Con La casa de Güemes, la primera canción, la entrañable ‘Vicki’ clavó el mojón del kilómetro cero de un viaje en el que Bolívar, la familia y los amigos harían las veces de bandera a la que rendirle homenaje, con la propia cantante como hada madrina de la celebración con esa capacidad para unir gente, vivencias y lugares. Es una pieza que sabe a cocina hogareña, a infancia y a esas cosas básicas que nos estructuran en la vida y, llegado el caso -que siempre en algún momento llega-, nos salvan.

En adelante, un ramillete de flores desgranado con cariño y una emoción siempre al salto, titilando en ojos y sonrisas de gente que se conoce de muy chica y se ha hecho grande, hilvanada/alineada por esa miel insondable que es la música, y que siempre da otro color a los días de los que saben saborearla y/o repartirla.

La cosecha incluyó La rebelión del silencio, con Adela Gauna; Un hada solitaria y Lejos, con Eugenia Ruiz, otra ex Debotchas igual que ‘Vicki’, que Maia Acosta y que Jazmín Woycik Lamarque, que participarían más adelante. (La otra miembro del ya mítico grupo de principios de los noventa en Bolívar, Micaela González, no fue de la partida.) La siguieron con Buscame, con Guillermina Moroni en voz.

Como complemento, lucían en la pared del fondo, por pantalla gigante, imágenes de paisajes, de lo nevado a lo cuasi tropical, acompañadas por frases poéticas de esas que van al hueso.

La circulación de artistas no daba respiro, y así era que no paraba de sumarse y restarse gente a la Banda del Berenjenal, el diseño de acompañamiento base de Ané, en el que se destaca Nati Ané en su rol de percusionista y cantante, y que se completa con Francisco Ané (batería, percusión y voz); Lucía Ané (voces);‘Mumi’ Moyano (voz); Benjamín Gasé (guitarra eléctrica); ‘Pato’ Fuentes (percusión y voz); China Castañeiras (percusión y voz), y Sholu Snitman (bajo y guitarra acústica). Flor de bondi para el jaleo musical, en definición de ‘Vicki’ al presentar la juntada, que vinieron a convidarnos.

Con la siempre empática ‘Magia’ Acosta en escena, el grupo regaló El color de lo más mío y Viviendo muertos (Debotchas), dos de los momentos cúspide de una noche de paisajes amables, con canciones que tanto abrevan en el folclore vernáculo como en ‘lo rosarino’, en Spinetta y en nuestro sensible rock de impronta setentosa o indie, con cierto bucolismo siempre latente y unas pizcas de candombe y otras de milonga.

El caudaloso vocalista Juan Manuel Arroyo Paz no iba a quedarse afuera de la fiesta, si él también estuvo allí, ayer nomás. Por eso puso la nota más rockera de la noche con su hirviente interpretación de Date cuenta, en complicidad con ‘Vicki’. El ‘Pollo’ fue el cantante de Sektor, otra banda legendaria de los primeros noventa en Bolívar y muy compinche de las Debotchas, soci@s en un camino que recién iría poblándose unos cuantos años después, casi que soci@s del silencio podría decir el gran Spinetta. Naturalmente también los Exertier, tanto el bajista Mauricio como el baterista Franco, tuvieron roles destacados en ‘la noche de Vicki’, su amiga y colega desde los tiempos en que integraban Sektor. El otro miembro del combo de música dura, el vertiginoso guitarrista Jorge Daniel Godoy, no pudo ser de la partida al no hallarse en la ciudad. Fue la propia Ané quien lo comentó, al lamentar que tanto él como Hernán Caraballo no pudieran subirse a un colectivo con más asientos que un tren. Imaginate, si ya tuvo junto a ella a un millón de amigos, con Jorgito y Hernán aún estaríamos allí, a punto de encarar los bises y con la panza bailándonos Lambada de la desesperación por cenar alguna cosita.

El otro Exertier, el gran Rubén, aportó su bandoneón en dos canciones, y también jugaron papeles destacados en segmentos de la velada los hermanos Chávez, ‘Chiqui’ y Javier, en vientos y voz respectivamente, y el siempre versátil y sonrisal Diego Abel Peris con su indómito violín.

Los bises fueron Seguir la utopía, que tiene que ver con tirar por fin un patriarcado que sigue por caerse entonces hay que seguir empujando, y A la gente simple, dedicada a Bolívar.

El sonido estuvo a cargo de Fabio de Sandro con la asistencia de ‘Bachi’ Soler, en representación de la municipalidad; Caraballo prestó luces para el armado de la escena y Franco Exertier varios instrumentos y elementos de percusión, que posibilitaron que la Banda del Berenjenal viajara de Mardel con menos equipaje.

Chino Castro.

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