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miércoles, 03 de agosto de 2022
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“El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”

Escribe sobre cine, Ariel Dadante.

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Pecados Capitales (Seven, 1995), ese thriller policial que encontró un director que había jurado nunca más dirigir un film y se terminó convirtiendo en un éxito tanto de taquilla como de público.

A comienzos de la década del 90, David Fincher, un joven director que venía desempeñándose en publicidad y videoclips, se le presentó la oportunidad de dirigir su primer film, nada menos que la tercera parte de Alien (Alien 3, 1992). Esta primera experiencia le resultó agotadora y muy poco satisfactoria, el director declaró en varias ocasiones que Fox lo había contratado para imprimirle su visión a la saga, pero nunca tuvo el poder creativo y el estudio lo obligó a ir en la dirección opuesta que él les había planteado en varias reuniones previas. Tanto fue así que terminó convencido de dejar la silla de director para ocupar otras actividades, que le significaban menos presiones.

Andrew Walker, un trabajador de las tiendas Tower Records de Nueva York, soñaba con escribir guiones. Había estudiado cine en la Universidad de Pennsylvania, pero su sueño parecía inalcanzable por ese entonces. Vivía en una ciudad que le producía mucha angustia a diario, debido a la inseguridad con la que convivía. Una vez declaró: “viví allí cinco años, y me sentí deprimido cada minuto de cada día”. Todas estas vivencias fueron el germen que terminaría volcando en esta historia oscura. El productor ArnoldKopelson, luego de leer el guión, recordó el nombre de David Fincher, que por ese entonces estaba con ganas de una segunda oportunidad en el cine. Y se unió codo a codo con Walker para terminar de pulir el guión.

Fincher comenzó a buscar los actores protagonistas, los primeros nombres en surgir para el papel del detective veterano William Somerset, fueron Gene Hackman, William Hurt y Al Pacino, pero por diferentes motivos se fueron bajando del proyecto, y es así como se optó por el gran Morgan Freeman. Para interpretar a su compañero impulsivo e inexperto David Mills, las primeras opciones fueron DenzelWhashington y SilvesterStallone y ninguno de los dos quisieron involucrarse. Fue ahí cuando de la productora surgió el nombre de Brad Pitt, por ese entonces, un actor en crecimiento. Con la incorporación de Brad Pitt al proyecto, el director quería a GwynethPaltrow (novia de Pitt por ese entonces) como la esposa en la ficción, pero no ella no quería y la terminó convenciendo el mismo Pitt. Y faltaba una pieza fundamental en este rompecabezas, el villano, John Doe, el asesino serial sería interpretado por Kevin Spacey, que como una jugada maestra se decidió que no participara de la campaña de promoción ni de los créditos finales, para que su aparición sorprendiera al público.

La increíble apertura de títulos del film fue realizada por el mismo David Fincher, él quería que pareciera que los había escrito un asesino serial. Quizás sean uno de los mejores títulos de apertura de un film.

Brad Pitt se lastimó su mano rodando la escena donde persigue a John Doe por el callejón, el actor se resbaló por culpa del suelo mojado y terminó atravesando un parabrisas de uno de los autos allí estacionado, y este accidente tuvo que ser incorporado al guión. Y si de Brad Pitt hablamos, el mismo actor eligió las corbatas del personaje, ¿y porque hizo esto?, porque quería mostrar que Mills no tenía buen gusto para vestir.

Uno de las características del film es la constante lluvia. Todo policial negro representa una sociedad en decadencia y sin valores y con los años esto también se fue marcando con el clima, en este caso la lluvia, como ya lo había hecho otro clásico moderno futurista, Blade Runner (Blade Runner, 1982). Para el director existieron dos razones para que lloviera casi constantemente, la primera más artística, la lluvia añadiría una sensación de terror y la otra razón, más pensada desde el presupuesto, no tendrían que preocuparse por el mal tiempo.

El climax que presenta el final del film, tuvo 10 versiones. New Line Cinema, la empresa encargada de la distribución, no estaba de acuerdo con ese final, ya que lo consideraban muy oscuro y desesperanzador. Tanto Brad Pitt como Fincher se pusieron firmes y hasta hubo amenazas de renuncia si se cambiaba el final. Gracias a ellos tenemos uno de los finales más recordados y de alto impacto del séptimo arte.

En una entrevista realizada al director David Fincher contó lo que dijo en el primer día de rodaje de Pecados Capitales al grupo involucrado en el film: “Probablemente esta no vaya a ser la película por la que sean recordados, pero probablemente sea una de las que más estén orgullosos”. Y no se equivocó.

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