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jueves, 29 de febrero de 2024
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El primer error del intendente frente a la pandemia

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El intendente municipal Marcos Pisano sorprendió hoy a la comunidad bolivarense, que esperaba su palabra expresada en conferencia de prensa. Sorprendió porque la mayoría aguardaba algunas aperturas al régimen de limitaciones impuestas por la pandemia de COVID 19. Los más optimistas, incluso, soñaban con el pase a Fase 5, como una manera de poner blanco sobre negro lo que de hecho viene sucediendo en las últimas dos semanas. Otros, por el contrario, se apegaban más al mantenimiento de medidas de control más severas, toda vez que unánimemente se reconoce por cierto que hay una suerte de “desobediencia civil” que se apoderó del ánimo del vecino, cansado ya de tantos días de cuarentena, ávido del encuentro con amigos o familiares, necesitado de esparcimiento y de un retorno al ejercicio pleno de las libertades ciudadanas.

Todo podía esperarse. Era factible escuchar de boca de Pisano determinaciones llamadas a conformar a cualquiera de las opciones que estaban en juego y, creemos, cualquiera de ellas se hubiera podido entender, independientemente de gustos personales e incluso de convicciones.

Es muy cierto que la pandemia obliga a un aprendizaje permanente, diario, acerca de su manejo. Que hay opiniones discordantes en cualquier lugar del mundo, por avanzado que sea, y que nadie puede, hoy por hoy, colgarse la medalla del dueño de la verdad. También es cierto que en Bolívar vivimos todavía en una especie de burbuja en la cual, más allá de los 11 casos detectados desde que el maldito virus llegó para quedarse, todo está saliendo bien y que, entonces, hay que darle méritos a lo hecho, materia en la cual Pisano resulta aprobado.

Lo que nadie esperaba es la apelación del intendente a la instalación de un estado policíaco, persecutorio, agresivo, amenazante, con el cual no podemos de ninguna manera estar de acuerdo. No suena justo que el primer mandatario comunal advierta que nos está mirando con cara de malo a través de cámaras de vigilancia que no se instalaron para ello. Y que las utilizará para sancionar con multas de hasta $ 250.000 pesos a quien infrinja algunas de las normas establecidas, como la que prohíbe las reuniones sociales y familiares. No es propio de un estado democrático, configura sin dudas un abuso de autoridad y difícilmente resista la promoción de acciones de Amparo que podrían comenzar a llegar en cataratas a los estrados de los juzgados competentes.

Pero además importa una jugada de mucho riesgo, porque significa no reconocer que el vecino también ha sido parte del éxito hasta aquí alcanzado, reservándose para sí y para sus propios equipos los méritos y para la ciudadanía las culpas por lo que pueda suceder de malo. No es así, señor intendente. Quienes trabajamos, nos esforzamos, pagamos nuestros impuestos como y cuando podemos, todos nosotros con usted incluido, somos también parte de la solución. La mayoría de ese todos está integrada por gente que no quiere enfermarse ni enfermar a nadie, que tenemos viejos y niños por cuidar y lo hacemos todos los días, apegándonos a los cuidados y a veces también distendiéndonos, porque es imposible mantener rigideces después de 160 días de este verdadero calvario cívico.

Lo que no nos gusta de ninguna manera es que, quien conduce, en quien todos hemos delegado un liderazgo que necesitamos como sociedad, nos amenace. Preferimos que apele a nuestra conciencia, que la tenemos, que nos informe, que nos sugiera y, ante todo que nos comprenda. No está el horno para bollos de amenazas, ni nuestros espíritus dispuestos a ello.

 Usted y sus equipos están cansados, seguramente. Entendemos que habrá en su interior un debate permanente y también sabemos que por momentos lo dominará la angustia. Que es muy difícil el papel que le toca jugar, porque la órbita de sus decisiones es cruel, a veces solitaria y que con toda seguridad usted maneja información y por lo tanto temores que no puede ni quiere llevarle a la población. Comprendemos que usted se siente interpelado permanentemente, observado en sus acciones casi al modo de un panóptico invertido y, por entenderlo, nos preocupa mucho más la dureza de su mensaje de hoy.

Descanse en nosotros, entonces, señor intendente, confíe en nosotros, apóyese en su pueblo. Se ahorrará algunos errores, como éste de hoy que, con todo respeto, me permito marcarle.

 

Víctor Agustín Cabreros

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