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lunes, 22 de julio de 2024
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El ‘pistolero de la emoción’ ve un mañana rico en colores

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Luis María Martínez compone fotos hace poco. Justamente por eso al hacerlo se siente un pibe, ya que ‘enfoca’ mucho cielo por delante con su nuevo oficio-pasión. (Si se dedicara a la costura, diríamos que dispone de mucho hilo en el carretel, ja.) Comprarse una cámara y cursar algún segmento formativo son los planes que más fuerte titilan en su cabeza para cuando se jubile como empleado público en agosto del año que viene; lo espera con ansiedad. Mientras, continuará trajinando la ciudad a la caza  de esa imagen que le toque el corazón.

‘Lucho’ tomó su primera foto hace apenas ocho años. Salía a caminar, y por algún motivo que desconoce, en uno de esos recorridos rutinarios una imagen convocó su sensibilidad. El por qué es lo de menos, a las chispas no se las discute. Algo empezaba a cambiar, o a nacer, sin que él aún lo advirtiera. Quizá haya sido en el parque, zona de promesas de este pueblo tan nuestro. Entonces tomó su teléfono celular, gatilló y el instante eternizó; estaba convirtiéndose en un pistolero de la emoción. Yo no buscaba a nadie y te vi, escribió alguna vez Fito Páez, y lo de ‘Lucho’ también fue amor: no a una persona, no es que vio a Cecilia Roth radiante caminando entre las palmeras, sino a un oficio. Amor al fin. Pero esencialmente, aquella primera burbuja atrapada intacta (¿o qué otra cosa es una foto?) dibujó una puerta para un inesperado mañana en una vida ya hecha, que hasta entonces nada tenía que ver con la fotografía ni con los lenguajes artísticos desde la trinchera del hacedor.

Un sabor que no fue un flash

Esa imagen gustó. Primero a él, después a quienes la vieron. Tanto, que ni recuerda de qué se trataba, porque seguramente ya estaba pensando en la siguiente. “Le tomé el sabor enseguida”, afirma él en charla con el diario. Esos primeros comentarios elogiosos constituyeron un combustible y “un orgullo”, y desde entonces no ha parado. Se prendió fuego, en el buen sentido. Siempre con el teléfono, siempre en la ciudad, al aire libre, o en ciudades cuando puede viajar. Nada de retratos ni de interiores (en sus fotos casi no aparecen personas); no es su asunto, al menos hoy. Y sí con intervención digital, en esa grieta ‘el pistolero de la emoción’ está del lado de los que explotan el potencial de la obra, o una nueva capa de sentido, metiendo mano con programas como el Photoshop. Sólo a veces.

Su producción también interesó en el certamen bonaerense que cada año realiza FEBA, la Federación Económica de la provincia de Buenos Aires, donde en la edición 2024 el bolivarense fue distinguido junto a un montón de artistas del interior, de todos los rubros. (También alcanzaron esa instancia esta vez Gustavo Alaimo, en Plástica; Sandra Norma Santos, en Música, y Antonela Vidarte, en Artes Visuales.) No ganó el ‘premio gordo’, pero estuvo ahí, llegó hasta el alargue. Además, la gran final, el ‘rubro por rubro’, fue obtenida por una fotógrafa, mejor aún en términos relativos parta todos los que compitieron en la categoría. “Fue un reconocimiento que me hizo muy feliz”, remarca con simpleza Martínez.

Lo que más le gusta, lo publica en su cuenta de Facebook. Por ahora toma imágenes para él y compartir con su gente, no para desarrollar un emprendimiento comercial.

El parque y la estación del ferrocarril han sido todos estos años, ya casi una década ganada, dos lugares de cabecera, junto a alguna plaza. ‘Lucho’ es un pibe clásico. Retrata amaneceres y atardeceres. También en la playa. Cuando puede volver a la costa, es un plan que va tan fijo en su ‘hoja de ruta’ mental como meterse al mar y tirarse a descansar mientras contempla el paisaje. Y cuando hay niebla, ahí está como un boy scout, cual un émulo de Fernando Valdez, motejado en estas páginas ‘El Señor de la Niebla’, su referente local junto a Patricia Gutiérrez. “Dos genios”, enfatiza el realizador.

Vaya donde vaya, mientras camina va alerta: el fotógrafo tiene un ojo especial, que entrena día a día con la disciplina del deportista, una antena extra, como podría ser la de un músico pero orientada en otra dirección. Cuando amasó una suerte de emprendimiento con su pasión (aunque no persiga un rédito comercial), comenzó a armarse rutinas de trabajo, más allá de que siempre lleva su celu a ‘tiro’, amartillado a lo John Wayne. Entonces hay días de la semana, según sus horarios de laburo y compromisos, o dependiendo de la condición climática, que se lanza a una aventura fotográfica en algún camino rural, una laguna o un rincón de la ciudad, allende el elemental Las Acollaradas. A pie o en moto. El Perito Moreno, Ushuaia y El Chaltén, son destinos con los que sueña. Quién sabe cuando se jubile, es decir dentro de muy poco… “Veo unas fotos tremendas de esos lugares”, dice ‘Lucho’, ya con el corazón mirando al sur, mientras empieza a acomodar todos los bártulos de su vida para dedicarse de lleno a su amor por fotografiar.

Chino Castro

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