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El piano de Dios: una aproximación al arte de Keith Jarrett

Escribe: Mario Cuevas.

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Un pianista muere y va al cielo. Parece que allí hay una gran banda de jazz, paciente, hace cola para tocar su instrumento, y ve maravillado, desfilar, uno a uno:EarlHines, DukeEllington, Bill Evans, Teddy Wilson, Bud Powell, hasta que llega al piano un anciano de larga barba blanca que se mueve como loco y parece posesionado por la música. “¿Y este quién es, que no lo conozco?”, pregunta. “No, no es músico”, le contestan. “Es Dios. Pero se cree Keith Jarrett.”

Este viejo chiste demuestra la importancia de la figura del pianista norteamericano y adentrarse en la obra de Keith Jarrett es entrar a un universo vasto, casi inconmensurable que incluye desde música free jazz hasta interpretaciones de Bach; tríos, cuartetos, pianos con orquesta y otras agrupaciones. Debido a su formación ha forjado una carrera tan rica y variada que es toda una deliciosa experiencia aventurarse en su discografía.

Jarrett toca muchos instrumentos, en sus inicios utilizaba el saxo soprano, en 1986 grabó el álbum “No End” dónde toca guitarra eléctrica, bajo eléctrico, batería y percusiones surtidas, flauta dulce y también canta, pero básicamente, Jarrett es pianista, y qué pianista.

“Cuando me regalaron mi primer piano a los ocho años, yo quería un walkie-talkie, un elefante o un piano – cuenta Jarrett sobre su relación con el piano en ‘El arte de la improvisación’ (2008), documental de Mike Dibb – Lo del piano fue una sorpresa. No pensé que fuera a ser el piano, no teníamos dinero. Luego descubrí que fue el dinero de mis conciertos el que lo compró. Solía dormir debajo de él, así que a los ocho años ya tenía una relación física con el piano.”

El 20 de marzo de 1973 Jarrett brindó un concierto en la ciudad suiza de Lausanne; y el 12 de julio del mismo año tocó en Bremen, Alemania. Así nació el disco doble Solo Concerts: Bremen and Lausanne”(1973), el primer registro que marcó su periplo de conciertos improvisados, el último concierto de estas características es “Rio”, de 2011.

A partir de este álbum comenzó a hacerse célebre por sus conciertos en los cuales partía sin ninguna idea preconcebida para dar rienda suelta a su inspiración. “No debo tener ninguna idea previa para no ser víctima de mis condicionamientos más superficiales – explicaría – Lo más importante es olvidarse de todo antes de tocar. Y, sobre todo, no empezar con un tema. Eso sería demasiado condicionante. Trato de que el punto de partida sea siempre mínimo. Cuanto más insignificante, más caminos abre.”

Su siguiente disco de piano solo, “TheKölnConcert” (1975), grabado en Köln, Alemania, es el álbum de jazz más vendido de toda la historia. “Ese es un disco espantoso, el piano era horrible y yo me sentía mal ese día -aseveró un Jarrett intransigente – No sé por qué a la gente le gusta. En realidad, me duele bastante que muchos me conozcan sólo por este disco.”

Hoy se sabe que Jarrett había solicitado un Bösendorfer 290 Imperial, el Cadillac de los pianos, con 97 teclas en lugar de las 88 habituales, para su recital en Cologne Opera House, pero se encontró con un piano Bösendorfer más pequeño, que tenía un sonido metálico y no poseía el espectro tímbrico que él quería.

Cuenta ManfredEicher, responsable de ECM, el sello discográfico que ha publicado gran parte de la obra de Jarrett: “Finalmente decidió que tocaría en ese piano, intentando sacarle lo mejor. Por la tarde Keith tocó ese concierto maravilloso que hizo historia. Probablemente tocó de esa manera porque no era un buen piano. No podía enamorarse del instrumento y encontró la manera de sacar todo lo posible y lo mejor de él.”

De la edición en español de ‘Keith Jarrett: Una biografía’, del crítico alemán WofgangSandner, extraemos el siguiente concepto: “La más célebre de sus grabaciones de solista, “TheKölnConcert”, la preside esta frase desconcertante: ‘AllComposedBy Keith Jarrett’ (Todo compuesto por Keith Jarrett). ¿Compuesto? ¿No lo improvisó? ¿O es que no distingue entre improvisación y composición? Al parecer, las actividades artísticas asociadas a los respectivos conceptos se entrelazan. El caso es que lo que diga el pentagrama, o esté establecido en la cabeza, no resulta determinante para Jarrett. La improvisación siempre está ad hoc a favor de la modulación de determinados tonos y sonidos, bien como variación, modificación y recreación de una pauta, o como libre fantasía. En este sentido, la improvisación es la forma más rápida de componer.”

Jarrett tiene una relación muy especial con el público japonés, que es muy metódico, amable y puntual. Tal vez porque él es igual, hace más de treinta años que brinda conciertos en Japón y siempre se hospeda en el mismo hotel y exactamente en la misma habitación. Ya lo sabemos, Jarrett toma los riesgos y las improvisaciones en el piano, su interpretación y su obra.

No es extraño entonces que le haya rendido homenaje a ese país con una serie de conciertos. En noviembre de 1976 Jarrett se presentó en Japón: el 5 en Kyoto, el 8 en Osaka, el 12 en Nagoya, el 14 en Tokyo y el 18 de noviembre en Sapporo. Los conciertos se editaron bajo el título de “Sun Bear Concerts” (1976) en una caja de diez vinilos que contienen algo más de siete horas de música. Con la aparición del cd se convirtió en una caja de seis unidades. Eicher tenía pensado publicar un resumen de esos conciertos, pero a petición del pianista se editaron en forma completa. “La música funciona mejor como un todo coordinado…”, argumentó Jarrett.

Entre 1996 y 1999 el pianista estuvo inactivo, se le había diagnosticado un síndrome de agotamiento crónico.Volvió como pudo, lentamente. El germen de su vuelta sucedió una navidad. Keith no tenía fuerzas para salir a comprar un regalo para su esposa. De manera que hizo lo que pudo y lo que más sabe: hacer un disco para ella. “TheMelody At Night, WithYou” (1998) marcó su regreso. Cauteloso, Jarrett interpreta once canciones de autores ajenos con economía, pero desnudándose por completo.

“Prácticamente tuve que volver a tocar de cero – cuenta Jarrett en la biografía de Sandner – Mi anterior yo de pianista había desaparecido, por así decirlo. Tuve que practicar de verdad, cosa que antes no hacía nunca, o en todo caso, sólo para pulir. Y antes de dar un concierto de música improvisada a veces ni siquiera miraba el piano en dos semanas para estar completamente libre de clichés. Cuando poco a poco volví a poder tocar, me di cuenta que en realidad no tenía que hacer mucho, me concentraba en lo que había. Mis dedos tuvieron que construir una nueva memoria. Cuando escucho grabaciones mías de antes, a menudo pienso que n me gusta lo que estaba tocando, por ejemplo, con la mano izquierda. Ahora ya no tengo que decirle a mi mano izquierda: ‘No hagas eso, no me gusta’. Ahora ella toca lo que yo quiero. Estuve tres años sin tocar nada. Fue como un redescubrimiento, y tal vez ahora toco más libre porque los viejos patrones interpretativos han desaparecido.”

Aparte de su obra pianística recomendamos calurosamente el resto de su obra: con el cuarteto europeo, junto a JanGarbarek (saxo), John Christensen (batería) y PalleDanielsonn (contrabajo); con el cuarteto norteamericano, junto a Dewey Reedman (saxo), Charlie Haden (contrabajo) y Paul Motian(batería); con su trío con Gary Peacock (contrabajo) y Jack DeJohnette (batería), con 21 álbumes grabados; además de sus discos experimentales como “Spirits” (1986) y “DarkIntervals” (1988); y sus interpretaciones clásicas de obras de Johann SebastianBach, Georg Friedrich Häendel, Dimitri Shostakovich y Lou Harrison.

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