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sábado, 21 de mayo de 2022
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El peinado es el marco de tu esencia

Entrevista con Fede Gallo, uno de los fundadores de la Quinta Dimensión.

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Una peluquería diferente funciona en Brown 361. Pensada y fundada por Federico Gallo, Ezequiel Sánchez y Alina De Azevedo, La quinta dimensión corta el pelo magistralmente, pero además invita a lxs artistas a experimentar y trabajar, y a cualquiera con inquietudes espirituales a expandir su conciencia, descubrir quién quiere ser y expresarlo. Compartir y cuidar el espacio, “un lugar vivo”, es la única regla, bajo el precepto de que “disfrutar no es algo que se consume sino que se crea entre todos”.

Definamos La quinta dimensión. Hay quien dice que es una peluquería.

Federico Gallo: -Se acerca bastante quien dice eso.

¿Se acerca pero no es exacto?

-Esa es la parte laboral y mecánica que sostiene el emprendimiento en el plano material y económico. Pero La quinta dimensión es un concepto, propio y mezclado con la mirada de quienes definen el lugar como un espacio donde convergen las conciencias para ser una sola. Pero para no divagar tanto: hacemos peluquería y, con el arte como vehículo, invitamos a la persona a que diga quién es y quién quiere ser.

En el amplio y luminoso salón donde años atrás tuvo sede la librería Caciques, en Brown 361, hay un piano, una guitarra, una barra con máquina de café, un par de mesas con sillas al modo bar e incluso un cómodo sillón, casi como un reservado. Sombreros y otros elementos de impronta cool decoran las paredes. Podría ser una Pelu Bar, parafraseando a Charly y su célebre disco Piano Bar. Hacia un costado y atrás están las herramientas y los puestos de la peluquería, en la que una de las fundadoras del concepto ‘quinta dimensión’, la también cantante Alina de Azevedo (Cuca Feliz en las redes sociales), hace tintura y color (colorimetría queda más apropiado, con más punch mediático). Todo, enmarcado por paredes, pisos y techos en colores claros con preponderancia del blanco, tonos amigos de la paz, aunque por modernoso el ambiente no es hippie.

El otro fundador de la idea es el coiffeur y músico Ezequiel ‘Pipi’ Sánchez, hoy radicado en Baja California, México, donde desde fines del año pasado continúa con su carrera como cantante. Como veremos adelante, los tres comenzaron en un pequeño local en avenida San Martín, pero la pandemia expandió el concepto que venían acuñado, en lugar de cancelarlo, y se lanzaron a una aventura que hoy florece y promete más.

Es decir que cualquiera con inquietudes artísticas va a encontrar un lugar aquí para trabajar y experimentar, con instrumentos, una compu. ¿El reducto está abierto para la realización de shows y otras propuestas artísticas?

-Sí. Está habilitado el compartir. La única regla es que hay que cuidar el espacio, y a veces eso se hace difícil porque cada quien tiene su concepto sobre qué es cuidar, entonces cuidar para disfrutar puede volverse un tanto elevado, dado que uno está acostumbrado a la diversión, a pasar el momento y que la alegría llegue. Pero disfrutar requiere que estés presente, no es algo que se consume sino que se crea entre todos. Ha sido un gran desafío para nosotros mismos, que tampoco entendíamos bien adónde íbamos. A mí me ha pasado que no he encontrado en el cotidiano de mi vida un espacio así, ni en la ciudad ni en mi casa. Entonces La quinta dimensión nace de la necesidad nuestra de ser, a la vez contemplando que otras personas pueden sentir lo mismo y les haría bien un sitio así. Y qué mejor que renovar toda tu esencia también con un cambio de look acorde.

La quinta dimensión abrió puertas el 21 de septiembre de 2020, pleno pináculo de la pandemia, y cuando en Bolívar comenzaban a registrarse casos positivos de covid tras un tenso invierno en el que mirábamos con recelo hacia la hermana Olavarría, de donde “entraría el virus”, según la especulación que como sudor frío corría en las desoladas calles y los hogares de la ciudad. En adelante, en principio se ofreció el multiespacio para un par de streamings junto a Club Marta (sin presencia de gente), y cuando los protocolos sanitarios lo permitieron, se llevaron a cabo algunas juntadas artísticas, como un par de encuentros de poesía leída, el segundo habilitado al público, y un cónclave musical. Por su parte, Ezequiel Sánchez también protagonizó su propio streaming desde La quinta dimensión, de la mano de BTM, y registró algunos videos que circulan en redes. (Fueron sus últimas apariciones públicas antes de partir a México.) En otra ocasión proyectaron cine en el patio, y hace unas tres semanas Gabriel Silva desembarcó en Brown 361 con su espectáculo de stand up y su convite a la carcajada. “Pero la verdad es que no tenemos una grilla de propuestas, las cosas van surgiendo desde la apertura al arte y al compartir. Nosotros como espacio apoyamos al artista para que puede desplegarse y disfrutar de su momento”, resume Gallo. Como entrada, se utiliza el recurso de la ‘gorra consciente’, que ya han aplicado otros en la ciudad (pagás según tu valoración de lo que viste). Todo lo que se realiza se inscribe en un formato íntimo, ya que el salón tiene capacidad para unas veinte personas, y destila el noble sabor de lo artesanal.

Cuando la pandemia da vida

La pandemia en un sentido los ayudó, ya que quizá sin esa crisis hoy no existiría La quinta dimensión.

-Alina, ‘Pipi’ y  yo aportamos cada uno lo suyo desde su rol, y llegamos a crear un espacio que nunca habíamos pensado que podríamos generar. Fue transmutador y evolutivo para nosotros, me conmueve pensar en ese momento.

Tu amigo el barbero, el viejo local de avenida San Martín, mucho más pequeño y limitado que el actual, fue la piedra basal de La quinta dimensión. “Ahí estábamos mano a mano con ‘Pipi’, aprendiendo todo lo relativo al oficio: a cortar, a vender; todo era aprendizaje y había muchas ganas, pero lo que le faltaba a esa pelu era un vínculo con el arte”, a pesar de compartir quien habla el bote con dos músicos, como son Sánchez y Alina, que participaba esporádicamente del emprendimiento. “No había ahí un lugar para que ellos pudieran mostrar su otra faceta, o su otra versión”, y como sucede tantas veces, la necesidad produjo una oportunidad.

“Fue una rebelión contra el mandato de que había que quedarse quieto, no hacer nada”

En esos días nació la idea de La quinta dimensión, un lugar en constante evolución. Cambios que son evidentes para quien viene a cortarse una vez por mes.

-El lugar está vivo, tiene como un sentir propio. La verdad es que cuando se produjo la pandemia, entre los tres nos planteamos si seguir o no con el local, e incluso con la profesión. Yo me veía con dos meses de inactividad, y pensaba si tendría que dedicarme a algo online, a un comercio de otra índole. Por un momento pensé en cerrar. Pero cuando nos habilitaron el local, en los días en los que el comercio volvió a abrir, me di cuenta de que lo que nos sucedía era muy fuerte como para dejarlo pasar. Entonces decidimos ir por todo. Si nos iba mal, al menos lo daríamos todo. Ahí nace la propuesta. Fue como una rebelión contra el mandato de que durante la pandemia había que quedarse quieto, no hacer nada, no arriesgar. Nosotros resolvimos hacerlo todo igual, no dejarnos determinar por el contexto.

Sos el peluquero anfitrión. Le cortás el pelo a quien viene, como en cualquier peluquería, pero hay un convite tácito a algo más, si a la persona le interesa. 

-Claro, estoy como en casa.

En lo relativo a la peluquería, el sitio también tiene su impronta, que se refleja en el culto por el detalle de Federico Gallo, y en gentilezas como el lavado de cabeza, un café y una buena música en un ambiente relajado, en el que nunca hay alrededor de quien se corta el pelo cinco personas que toman mate y chusmean al modo panel de (mala) tv.

¿Proyectan algo, o eso le pone peso a las cosas y estructura demasiado el lugar?

-Tres anclas tenemos como visión: la primera es contribuir a habilitar la esencia de la gente. La segunda, trabajar de manera profesional dentro del rubro peluquería, ser buenos peluqueros, a conciencia. La tercera, generar un espacio soporte para artistas. Ese es nuestro rumbo. Y planeamos evolucionar a lo digital, a una versión online, que el concepto trascienda la ciudad. Por estar en un local uno piensa en chiquito, en el lugar en el que está y en su ciudad, pero creo que estamos listos para trascender esas fronteras y que el concepto esté en condiciones de llegar a todas partes, que en cualquier sitio pueda entenderse nuestra idea y haya quien la espere. Esa es la siguiente etapa de la evolución que prevemos, y requerirá muchísimo trabajo y todo de nosotros: que estudiemos más, que aprendamos a comunicar, que tomemos acción total en todas las direcciones. Es un desafío vigoroso, ostentoso si se quiere, y siento que si me genera todo eso es porque va bien.

Hace años, un exitoso slogan publicitario decía que el peinado, o el pelo, “es el marco de la cara”. Fede Gallo y sus compañeros de viaje van un poco más lejos, o más adentro, al combinarlo con lo espiritual, con una búsqueda en la que lo estético es sólo un plano más de un apasionante camino.

Chino Castro

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