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domingo, 28 de noviembre de 2021
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El neoliberalismo: el nuevo totalitarismo del siglo XXI

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Escribe:  Lic. Adriana Macchia

El poder planetario es hoy un reflejo de la concentración de las corporaciones trasnacionales  cuya  hegemonía es de-predatoria,  avanza concentrando riqueza y desequilibrando o suprimiendo sistemas  que sustentan la vida en sentido social, ecológico, institucional, político y psicológico.

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El poder concentrado actual le declara la guerra al derecho a  la subjetividad; produce la tragedia de convertir la democracia en un sistema totalitario, para lo cual avanza sobre los estados administrando terror. No se trata del terror con uso de armas convencionales sino que  la violencia  impera desde el estado,  va imponiendo la obediencia en  una sociedad donde se rompe el contrato social y se disipa la división de poderes, los  jueces y el sistema judicial – con fachada republicana- va encarcelando o deglutiendo a la oposición para imponer un estado policial  en lugar de un estado protector. 

 El totalitarismo y el neoliberalismo son en un sentido sistemas paranoicos, que eliminan la individualidad, el conflicto y la diversidad–propios de la política-en favor de la especie, cuya premisa es  lograr que se acepte su “condición natural e inevitable”, es decir  someternos mansamente, a la “ley natural”, un totalitarismo cuya  implementación y fabricación de por resultado  una “Nueva Humanidad”

Este poder que es  económico, político, mediático  y militar se adueña de múltiples aspectos de la vida social, llega a ocupar gobiernos por un proceso electoral y otras por golpes de estado con fachada institucional.

Si hacemos una génesis de este presente vemos que el imperialismo con la versión expansiva en el Neoliberalismo, nació cuando la clase dominante de la producción capitalista se opuso a toda limitación nacional de dicha  expansión, así el Neoliberalismo  acrecentó esta hegemonía planetaria con la  férrea oposición a cualquier tipo de control político.

Esta economía ficticia, financiera tiene el “diseño” de cuál es el perfil  político que deben tener las naciones para que se  imponga este neocolonialismo, para ello se sirven del  poder mediático concentrado colonizando la subjetividad y atentando contra la libertad de elección y pensamiento crítico, así  el “virrey neoliberal” puede responder al estado- céntrico externo, para el que “Todo es posible”.

Es tiempo de plantearnos una nueva institucionalidad, más firme y más republicana con un estado más fuerte, que ponga límites a la pretensión ilimitada del poder, que permite que un sujeto se  vuelva a colocar por encima del orden jurídico y someta a sus caprichos la información, los hechos y la economía de acuerdo a su conveniencia.

La pos-verdad es el nuevo diccionario que opera mediáticamente  para que la  subjetividad sea un sello de la “nueva democracia” neoliberal,  que  como dice Le Bon:

” Las masas nunca conocieron la sed de verdad. Piden ilusiones a las que no pueden renunciar. Así, la masa se mueve por el predominio de la fantasía y la ilusión- sustentada por el deseo incumplido-”

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