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sábado, 04 de diciembre de 2021
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El largo día de vivir

Escribe: Mario Cuevas.

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Casi todos los artistas tienen en su carrera discográfica ‘una figurita difícil’, un álbum inconseguible, que por diferentes motivos nos han desvelado el sueño por tener un ejemplar en nuestras manos. Uno de ésos es “Miguel Abuelo et nada” (1973), disco solista de Miguel Abuelo, que durante muchos años se elevó a la categoría de incunable. Hoy en día, que gracias a Santa Internet todo se consigue (o casi todo), se puede a tener acceso a este tipo de material.

Miguel Abuelo había dejado Argentina en 1969 buscando aires de libertad que no encontraba en su terruño (le llamaba ‘el país verde oliva’ al país de Onganía, Isabelita y Videla). Primero recaló en Cadaqués (Cataluña), luego en Madrid; en Ibiza conoció a Krisha Bogdan (cuñada de Tanguito e integrante del Instituto Di Tella). Con Krisha viajarían juntos a través de España y en 1972 recalaron Londres, allí se casaron y Krisha daría a luz al único hijo de Miguel, Gato Azul Peralta. Londres fue duro para ellos, preparan los bolsos y parten hacia París.

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En la Ciudad Luz Miguel se encuentra con Edgardo Cantón, músico electroacústico que estaba trabajando en el laboratorio de música concreta de Pierre Schaeffer. Cantón lo conecta con Moshé Naïm, un acaudalado productor, extremadamente culto, que había trabajado con Salvador Dalí y había financiado a artistas de la talla de Federico García Lorca, Rafael Alberti, Paco Ibáñez y Nana Vasconcellos. El productor israelí quedó prendado con el talento de Miguel y le propuso grabar un disco para su sello discográfico. Miguel convocó a Daniel Sbarra, en ese momento el guitarrista se hallaba ganándose la vida como folclorista en París, y venía de una gira que había realizado en Bolivia para juntar dinero para viajar a Europa con el grupo Dulce Membrillo donde cantaba Federico Moura.

Con la cabeza influenciada por el heavy metal (particularmente Deep Purple), Sbarra ingresó en la banda que pasó a llamarse ‘Nada’. La completaban un seleccionado de argentinos y chilenos exiliados en París: el violonchelista Carlos Beyris, Diego Rodríguez en batería, Juan Dalera en quena. En la grabación del disco colaboraron algunos músicos invitados como Luis Montero en batería; Gustavo Kerestesachi en mini moog; Teca y Verónica en coros y Edgardo Cantón en efectos electrónicos.

“El tipo (Moshé Naïm) lo veía como una excentricidad y pensaba que por ahí estaba el futuro – recuerda Daniel Sbarra – Era visionario y ambicioso: soñaba con que presentáramos el disco en el Palacio de los Deportes de París, ante 12.000 personas, bajando al escenario desde un globo aerostático.”

Naïm los instaló en un castillo medieval abandonado donde ensayaron durante un par de meses para después salir a tocar de gira por el circuito costero de Francia, compartiendo cartel con bandas de la talla de Van der Graaf Generador. Pero el grupo no tenía material como soporte, el disco todavía no se había editado, y muy pronto comenzaron a notarse las diferencias. “Íbamos con camiones tremendos, con generadores eléctricos y todo. Tuvimos muy buenas críticas sobre el show, pero el grupo tenía diferencias internas. Daniel quería hacer una línea Deep Purple y no nos poníamos de acuerdo, en el disco se nota que las guitarras tocan en un estilo diferentes que en las canciones. Así que a la larga nos disolvimos”, declararía Miguel Abuelo años más tarde.

Con el grupo separado, el álbum recién se editaría en 1975. “Salió sin publicidad, nadie se enteró – comentaría Sbarra años más tarde – Al poco tiempo lo veías en las bateas de oferta que se disponían en el metro de París. Visto desde hoy parece una locura que no haya comprado más ejemplares para mí. Es que lo vivía como algo muy natural y espontáneo: no era un acontecimiento.”

El disco  

“Porque somos instantes en el mundo / Porque somos amantes en el cielo

Porque a la distancia nena estas tan aquí / Porque amarte, amarte es eternidad / Porque todas las cosas traen alguna música / En la era de acuario, tirando piedras al río / Con una flor en la boca…”

Así comienza ‘Tirando piedras al río’, tema de apertura de “Miguel Abuelo et nada” (1975), que alterna la belleza psicodélica de Abuelo con la dureza guitarrística de Sbarra. En los tres últimos temas del disco, (‘Señor carnicero’; ‘Recala sabido forastero’ y ‘Octavo Sendero’), compuestos por Sbarra, se profundiza aún más el estilo deeparpleano (si se me permite el adjetivo), con sus consabidos solos de guitarras que desdibujan la estética y la lírica de Abuelo.

En ‘El muelle’ Miguel juega con su voz y su fraseo, estirando las vocales y transfigurando la letra en un típico recurso psicodélico, común en esos años.

Miguel decidió incluir ‘Estoy aquí parado, sentado y acostado’, compuesto junto a Pipo Lernoud, editado a fines de los 60’s con la primera formación de Los Abuelos de la Nada. La canción es una de las joyitas del repertorio de Abuelo y esta versión, más extensa que la original, luce imponente con los arreglos y la instrumentación que incluye cello, armónica y diferentes percusiones. En la mitad del tema entran en juego las guitarras (y los arreglos guitarrísticos) de Daniel Sbarra que en este caso sí están al servicio de la composición.

El verdadero Abuelo se profundiza en su tema, ‘El largo día de vivir’. “Tu eres farol en mi guía / Tu eres la luz de mis naves / Tu eres color en mis sueños, por ti real es la vida…” canta inspirado Miguel, sin forzarse, sobre una música cuasi pastoral coronada por flautas y cellos. Su poesía tan personal, su impronta psicodélica, su visión acústica para arropar a una canción hacen única a ‘El largo día de vivir’. Se podría afirmar que Miguel Abuelo compuso en 1975 el prólogo de lo que sería su ‘gran tema’: ‘Buen día, día’, editado en su disco solista de 1985.

Miguel Abuelo tenía veintisiete años cuando grabó “Miguel Abuelo et nada”. Su proverbial voz estaba en su apogeo: era tenor, pero alcanzaba todos los rangos con una facilidad asombrosa. Esta grabación refleja fielmente la soltura e inspiración vocal digna de su talento, y a pesar de los desacuerdos estéticos y musicales entre el cantante y el guitarrista hay momentos que logran una más que interesante sintonía.

Desmembrado el grupo, Daniel Sbarra continúo tocando folklore con el dúo Anacrusa y luego con el quenista Uña Ramos. Luego de dos años de estadía en Chile, pasó a integrar Virus, primero como guitarrista invitado en “Relax” (1984), y a partir de “Locura” (1985) como integrante estable del grupo.   

A Miguel Abuelo lo esperaba otro destino. El encuentro en Ibiza con Cachorro López producirá el retorno de Los Abuelos de la Nada con un nuevo y exitoso formato que sacudiría la modorra argentina de la década de los 80’s.

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