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viernes, 24 de septiembre de 2021
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El inolvidable Plan de Talentos de Bolívar

Por Matías Rosa, especial para La Mañana.

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Sonaba de fondo el “Twist and shout” de los Beatles característico de ShowMatch aquella noche de jueves de 2004 cuando un anuncio sorprendió al mundo voleibolero nacional. Se convocaba a todos los chicos menores de 18 años a presentarse a un “casting” a través del cual podrían formar parte del mejor equipo nacional, campeón de la Liga Argentina y cuyo propietario era precisamente el conductor del ciclo televisivo. Mediante una casilla de correo electrónico se buscó terminar una búsqueda que ya había comenzado en realidad divisando las promesas del futuro del vóley argentino, con mucha información que le llegaba al entrenador Mario Martínez, santafesino del Trébol que sería un padre para muchos de esos chicos durante un largo proceso en el que se formarían no solo como jugadores profesionales sino como hombres.

Poco después, con una calurosa e impermeable camiseta de Signia los chicos demostraron sus habilidades en un “campus” realizado en el Conurbano bonaerense. Esa fue la primera vez que vi a Luciano De Cecco entrar a una cancha. Tenía 14 o 15 años y la planilla de ese momento lo describía apenas con cuatro datos: era armador, medía 1,86 metros de altura, había nacido en 1988 y venía de Santa Fe. Les juro que ese día no llamó la atención. Habían otros chicos que sí lo hicieron, como el saltarín Lucas Tell, los técnicamente dotados Cristian Imhoff y Juan Pablo Alanís; el bravo Francisco Monserrat y un carismático Esteban Cavrera. Pocos recuerdan que en ese entrenamiento estuvo Federico Pereyra.

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Ese Plan de Talentos bien podría haber presionado a los chicos solo con el nombre. La realidad es que eran muy chicos y tenían que lidiar con las expectativas de un club ganador, el desarraigo y las problemáticas propias de la adolescencia. Bolívar los contuvo, en esa concentración en el Hogar de Ancianos en la que De Cecco no estuvo ni un minuto porque rápidamente quedó en la mira de Jon Uriarte para convertirlo en el armador de la Selección Nacional. Sin embargo, y como pasó con muchos de los chicos de ese proceso, Luciano vivió y estudió en Bolívar, y comenzó un camino que lo llevó primero a Azul, luego a Italia.

De aquella camada de la cual no solo se nutrieron las Águilas sino el representativo nacional, muchos se calzaron la otra celeste y blanca: el propio “Cachete”, Juampi Alanís, Cristian Imhoff, Diego Stepanenko y Rodrigo Aschemacher. Casi todos los demás, llegaron a primera: el Mono Tell, Alex Moreno, Enrique Toppano, Andrés Martínez, Nicolás Nikcevich y Omar Mondragón. Muchos de ellos jugaron una temporada juntos en Formosa en la A2, con grandes anécdotas que aún hoy cuando virtualmente se juntan, recuerdan.

Mucho tiempo pasó, de hecho, hubo otra camada posterior en la que se destacaron otros jugadores como Sebastián Closter (un libero de gran trayectoria y reconocimiento en Francia), Facundo Imhoff (que hoy es un símbolo de la diversidad sexual en el deporte y sigue rompiéndola en Europa), Franco López (que pasó por varios equipos y jugó en la Selección), entre otros. Pero aquella fue una época de oro, no solo para los adolescentes en cuestión, sino para el vóley argentino que –está a la vista- ha dejado un legado.

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