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El crimen de Peralta Martín, la traición del ex socio y el rol del carapintada

Por Fernando Delaiti.

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El metalúrgico fue secuestrado en su casa del Gran Buenos Aires en mayo de 1996. Tras varios pedidos de rescate, su cuerpo apareció en junio dentro de un tanque. Hubo cuatro condenados.

Pedro Peralta Martín tenía 49 años, esposa y dos hijos adolescentes, cuando fue secuestrado en mayo de 1996. Dueño de una fábrica metalúrgica ubicada en el partido de San Martín, fue raptado por un grupo de cuatro hombres entre quienes se encontraba uno que había sido socio suyo y un ex suboficial carapintada. Tras más de tres semanas de calvario familiar, su cuerpo apareció dentro de un tanque, donde fue puesto aún con vida y rociado con cal. Fue hace 25 años, en una época donde varios secuestros castigaban las calles del Gran Buenos Aires.

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El 10 de mayo de 1996 Peralta Marín llegó pasado el mediodía al taller de su amigo, el tornero Eduardo Cortiletti, en la localidad de El Palomar, partido de Morón. Mientras conversaban, doshombres ingresaron al lugar. Ataron, amordazaron y vendaron al empresario, siempre según la reconstrucción que se hizo después. Los ladrones no eran tales, sino dos cómplices de Cortiletti. Escondido en el lugar había un cuarto hombre: Emilio Cancián, un ex socio de Peralta, quien era parte de la banda.

Los “asaltantes”, el ex suboficial carapintada Carlos Pagés, y Dante Tartaglini, comenzaron a apretar al empresario para que les diga dónde tenía plata. Ese día era viernes y solía tener el dinero con el que hacía el pago semanal a sus trabajadores. Además, si bien tenía un buen pasar, no era una persona con un nivel de vida muy elevado. Confesó que tenía 3500 pesos (época del 1 a 1) en la mesita de luz de su casa. Llevado a la actualidad, algo así como si uno tuviese a mano unos 250.000 pesos.

Aunque llamaron a la esposa de Peralta Martín para que lleve el dinero a unas pocas cuadras de su hogar, la discusión en la tornería por lo poco del botín terminó por hacer estallar todo por el aire. Al parecer, el empresario reconoció las voces de Cancián y de Cortilletti, quien no era víctima de los supuestos asaltantes. Su reacción fue la sentencia de muerte.

Los captores lo golpearon con un caño hasta dejarlo inconsciente, y como pensaron que se les había ido la mano lo metieron en un tanque con capacidad para 200 litros. Lo rociaron con cal viva y lo sellaron con un planchón de metal. Luego lo cargaron en unRastrojero y lo llevaron a la casa de Tartaglini. La autopsia reveló, tiempo después, que Peralta no murió por los golpes, sino asfixiado al aspirar cal.

Llamados y desenlace

A partir de allí, los captores/asesinos decidieron que lo mejor era aprovechar la situación para “hacer plata”. Debían pedir un rescate y comenzaron con los llamados extorsivos a Norma Batagliese, la mujer de Peralta, quien recurrió a la Policía. Le pedían 600.000 pesos para liberar a su marido, de quien en ningún momento, como era lógico, entregaron una prueba de vida. Esto hacía sospechar lo peor a los investigadores.

Unos 400 efectivos de la Bonaerense participaron durante días de la búsqueda del empresario. Mientras, su esposa mantenía contacto con los captores, a través de llamados y hasta de una carta que le mandaron. Justamente los investigadores aprovecharon el teléfono para ubicar desde dónde se comunicaban.

A principios de junio, la Policía encontró a Cortiletti, Tartaglini y Pagés tras abandonar una cabina telefónica de Ciudadela, supuestamente luego de un llamado para pedir el rescate. Cancián fue detenido poco después.Fue a partir de que uno de ellos se quebró, que dieron con el lugar donde estaba el cuerpo del metalúrgico. Era en Morón, en la vivienda de Tartaglini, quien había conocido a Pagés cuando militaban en el llamado Modín Azul y Blanco, un desprendimiento de la agrupación que lideraba el entonces diputado nacional Aldo Rico.

Desde ese momento, los cuatro quedaron detenidos. El fiscal elevó la causa a juicio oral y pidió que se los condene a prisión perpetua más la pena accesoria de reclusión por tiempo indeterminado. Pero como pasaron tres años desde su detención sin condena, en 1999 la Cámara en lo Criminal de Morón, basándose en el Código Procesal bonaerense, los dejó en libertad.

Recién en mayo de 2000 llegó el juicio y la condena: reclusión perpetua. Todos adentro nuevamente. Sin embargo, a mediados de 2002 la historia tuvo otro capítulo, que suele dejar mal parada a la Justicia. La defensa de tres de ellos (Pagés, Cortileti y Tartaglini) presentó una apelación en la que reclamaba su derecho a quedar libre hasta que la condena quedara firme. Y lo consiguieron. La noticia generó indignación en la sociedad y en tiempo récord, la Suprema Corte bonaerense anuló esa libertad dispuesta por Casación. En pocos días, fueron capturados y allí continuaron sus días tras las rejas. Recién en diciembre de 2019, Pagés, quien había participado de levantamientos carapintadas y aún quedaba detenido, dejó la Unidad 42 de Florencio Varela. (DIB) FD

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