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domingo, 29 de agosto de 2021
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Columnista: De esto y aquello Nota 1488 (4ª Época)

Por el Dr. Felipe Martínez Pérez

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A estas alturas de los acontecimientos no sé qué pensar de la oposición porque está todo tan callado que llama poderosamente la atención. Pues al cabo hasta se piensa en una ausencia. Se supone que saben que con ese método ya eterno en Argentina de votar al menos malo todo se arregla y solo, sin apuros; claro que la realidad espera otra cosa. Aunque también querría decir que ninguno es bueno, porque ser menos malo tampoco dice mucho. De todas maneras hay dos arcos para tener en cuenta.  En uno, inútiles y perversos a la orden, listos para obedecer; y en el otro, los menos malos, que se convierten en casi buenos porque no son perversos, aunque la sensación térmica de la sociedad pide entre otras cosas, que para ser buenos del todo les falta publicar un plan para salvar la nación. Al menos echarlo al ruedo para saber a qué atenernos.

Sin embargo, entre tanto silencio de quienes debieran hablar, los oficialistas se van comiendo los derechos de todos; tan callando. Que entre fiesta y fiesta y quitándole el micrófono al uno y al otro, y a los otros, se han dado verdaderamente  un atracón. Y cuidado que la cuestión y el atropello no sucedían mientras el músculo duerme y la ambición descansa, sino muy por el contrario, a la luz del día, sin antifaz y sin rubores por las mejillas de ellas y ellos.  Eran los interminables momentos que las mayorías estaban encerradas, empobreciéndose  minuto a minuto, y para peor, desconociendo si su salud saldría vencedora de semejante catástrofe, tan bien concebida y tan bien llevada a cabo. Pero por las dudas ellos ya estaba vacunados después de rezarles a los aviones y poner cara de uve por la plaza moscovita.

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Todo en una cuarentena absurda, pero muy bien pensada, de manual, que recién ahora sale a luz; cuando por entre las palmeras era vox populi las fiestas de los lugareños de día y de noche sin vergüenza alguna, pues hasta se podían contar los autos participantes; y ellos mismos, u otros, lo pregonaban por las calles. Y en consecuencia, qué otra cosa que lo visto, se podía pensar de los que merodean por las alturas, si por los bajos se sucedía a diario.  Y es todo tan tétrico y trágico y a la vez tan grotesco que ya se puede esperar cualquier cosa.  Y está tan trastornada la nación y piensan tan poco de ella con cierta altura los Hunos y los otros, que un piensa que si poco importa lo local menos debe importar lo extraño. Y en consecuencia, con estos geniecillos, como para analizar la actualidad mundial con cierto rigor.

Por eso es necesario tomar conciencia que este país tiene más de cuarenta millones de habitantes y no pueden estar bajo un gabinete de inútiles y unas cámaras desinfladas de patriotismo; y ahora sí es necesario votar con el vislumbre de una nación a edificar casi desde los cimientos, porque hasta eso han corroído, quitando y poniendo próceres a discreción, para fogonear los enfrentamientos, oponiendo la x en los documentos o preguntando si es indígena, será para saber dónde vive y no con buenas intenciones, atenido a la costumbre o quitando sustento al lenguaje o inventando el género que ha terminado siendo de percal, y toda esa maraña de vividores y vividoras que se entromete en la vida nacional con estupideces muy bien pagas; para trastornar. Para lo único que tristemente sirven.

Estamos a punto de votar para salvar la nación o por última vez y por muchos años; o traducido, por cuatro o cinco generaciones de cerebros maleables,  capaces de dejarlos vacíos sus cerebros y y con ello conseguir una Argentinas sin pasado. Esta vez no es joda. Si le dicen de guardar la distancia,  pues a votar, aunque la cola llegue a Olavarría. Se trata de sus hijos y nietos y de un pasado de grandeza. Hay que saber votar bien porque los cataclismos suceden cuando menos se los espera. Por ejemplo, estamos viendo la tragedia de Kabul gracias a que la NATO para nada sirve; y sobre todo el presidente del país del norte ha quedado desnortado nada más asumir, demostrando lo que sucede en gran cantidad de países que el cargo, no importa cual, les queda demasiado grande.

Pues bien Kabul con gente cayéndose de los aviones, mujeres masacradas, mientras las feministas del mundo miran para otro mundo, ráfagas por doquier no es muy distinto a lo que sucede en Formosa. Que las diferencias son de forma. Y sin embargo nadie lo piensa, o pocos, pero así nacen infinidad de masacres y de perder estas elecciones la oposición actual, pues a no dudarlo, habrá para empezar más Formosas. Aquí nadie se caía de los aviones pero quedaban caídos a merced de los elementos al costado de la carretera  y viendo sus casas a centenares de metros. De lo que no cabe duda es que saben empezar pero después nadie sabe manejar el desmadre Lo curioso es que ante tanta zozobra de lo único que se habla es de las fotos.

Y con cierto regodeo, como si con esto ya estuviera hecha la campaña; y piensan, porque lo piensan, que en definitiva saben hasta donde llega cada uno, y todos son conscientes que a un lado o al otro salvo a un puñado les queda holgado. No dan la talla. Pero a lo que iba, parece que solo valen las fotos, pero faltan las promesas que ahora deben ser proyecto y planificación; pero eso sí, nadie dice que la salida de Argentina va de la mano de este plan o de aquel. ¿O no es este el momento para sacarlo? Es como si hoy, que se ha convertido en crucial, nadie quisiera decir qué va a hacer y hasta se puede pensar que no tienen idea o como decía el segundo de los Felipes, que ya se verá andando. Pero sin plan tanto se puede perder un país como un Imperio.

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