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jueves, 01 de diciembre de 2022
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De esto y aquello

Columna del Dr. Felipe Martínez Pérez.

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El ministro de economía que no es economista ni sabe de economía, ha sido puesto para que arregle la economía; aunque suene a mentira, pero es lo acostumbrado. Es la costumbre que no cesa. Y ni siquiera al salir a la calle, que otra no quedaba, a buscar un economista, con que dar la cara, pues nada. Que ninguno ha querido. Cosa curiosa en un país donde cualquier funcionario sirve tanto para un roto como para un descosido. Pero nada o poco y eso, que no dan puntada sin hilo. O sea, sirven para todo, aunque depende de las condiciones ambientales. Que no está la zorra para bailes. Y no encuentran porque no quieren ser buscados. De todas maneras en cualquiera de los distintos escritorios sirven para lo que les ordenen, aunque solo aciertan para sí; que las tribunas poco ven.

En el último cuarto de siglo han aparecido por doquier los patriotas  avezados de ojo avizor, y a toneladas, curiosamente, ha desaparecido el dinero; ynunca un peso para la felicidad de la gente.He visto como cualquiera que quiera ver los destrozos de los últimos años.  Pero hablando de años, cualquiera que hoy ande entre sesenta y ochenta años y mire hacia sus adentros en profundidad y con cierta amargura se dará cuenta que le han robado el treinta por ciento de su vida. Y ha vivido bien, o más o menos o bien, pero con la desilusión constante. En los últimos treinta años se vive muy mal en Argentina y no me refiero a la simple economía sino que gracias a los políticos desfasados y a los economistas sin patria, el país se ha convertido en una añagaza sin ilusiones o mejor dicho, con ilusiones perdidas. Y todo lo que le ha cambiado a esos hombres y mujeres es que cuando eran más jóvenes, se querían ir los hijos al extranjero y algunos se fueron; y ahora resulta que se quieren ir sus nietos. Ese es el cambio, mientras los señalados, se han quedado con lo que hay bajo tierra y con la tierra.Y por si no bastare andan poniendo cuñas cizañeras para dejar bien enderezado el quilombo, para que sus bisnietos ya sean extranjeros dependiendo donde hayan nacido.

Pues así como para llegar a esto se inventaron los extremos de los que manó sangre, para la faena en juego basta con cuatro indios truchos. Pero en el presente, que es hoy, no dan con la tecla para arreglar lo que ellos no solo han desarreglado sino destruido en totalidad. Pero así como siempre ha sido el otro, ahora  resulta que para la gente el otro son ellos Y lo natural, no quieren ser los señalados olvidando que no pasa minuto sin que estén vigilados. Porque para esta gente del mal siempre había sol y ahora resulta que hay bruma y oscurece y no les queda tiempo para arreglar, aún a sabiendas que no solo lo pagaremos todos  como siempre pero ahora con un plus mayor, elde continuar descendiendo en la pirámide social.Y ahora perdidos toman conciencia. Al elegido para quitar el nublo le surge una sonrisa que de a poco se le escurre y acaba en mueca. Y como consecuencia visajes y gestos que ocultan la mueca que a su vez oculta la desesperación. La mueca y el miedo. Y tras el miedo nada.

Y sin embargo, hay que arreglar todo. Es un país, en que cotiza mejor romper que construir y en ello ha pasado un cuarto de siglo. Y se ha llegado a un extremo grotesco que ni siquiera hay presidente y en su lugar media docena de advenedizos que de nada entienden,  salvo en romper. Y el recién llegado hasta se cree el salvador y solo se diferencia de los anteriores en que por lo regular lleva corbata. No es para aplaudir,pero algo es algo, dijo un calvo y se encontró un peine. De manera que se podría pensar  con cierta alegría, que estefuera el último en romper el país con sus paisanos adentroPues mirado por el reverso ha sido un trabajo redituable, que les ha salido de maravilla. En los últimos veinticinco años lo único que ha salido bien, y hasta sobresaliente ha sido romper el país y fabricar treinta millones de pobres, recontrapobres, con punteros bien adornados y los que mueven al puntero recontra ricos.

Y para más inri de esos depende la patria Los que trabajan votan igual que los que no trabajan y lo curioso es que ganan los que no trabajan. Las expectativas del locatario actual se perdieron en dos o tres horas; ya la puesta de escena demostraba que todo era un jolgorio sin sustento que no se lo creían ni los punteros. Es que no  cabe duda, son zafios para todo, Para vestir una embajada o lucir un salvador. Zafios y deslucidos es todo lo que usaron para presentar a un señor que se caía al rato de una tramoya tan burdamente ideada. Y van días y días anunciando lo que no sabe anunciar y terminan haciéndolo  de una forma bastante deslucida. Porque lo que están anunciando no saben cómo camuflarlo pues son conscientes  que la fiesta  en que todos ellos han salido  pudientes, la vamos a pagar en consonancia con la tablilla y la humillación para entrar en la tablilla.

Falta que le pregunten si se visualiza como indígena o como se ve desde la perspectiva de género; que por supuesto importa  sobremanera  para abrir la canilla, prender la luz o el gesto con el fósforo ante la hornalla. Todo precioso al punto que los obreros, los obreros ricos, le hacen un paro o lo que sea, al gobierno para tranquilizarlo, que la culpa es de Macri. Y lo más indecente es que con esta gentuza que son eternos y nunca  se van hay que arreglar el país. Menos mal que la esposa del ministro sabe cómo enredarse en el esperpento, para al menos poner un poquito de gracia. O sea, lo de siempre la risa ante la lágrima.

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