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sábado, 17 de julio de 2021
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De esto y aquello

Escribe, Felipe Martínez Pérez.

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Se están permitiendo el lujo lacerante de incidir en la sociedad hasta cansarla y en el menor descuido llevársela por delante, que por ahora va por buen camino. Son maestros en insistir a diario. Parece mentira que cuarenta y dos millones de personas estén en manos de media docena de mediocres, que a diario hablan y hablan sin ton ni son. Y con alegría han sumido a la gente en la pobreza; expoliados en el bolsillo y en la salud.

Hieren lo que tocan. Y lo curioso y atroz, es que ni la oposición despierta a pesar de tanto ruido, ni la gente sabe qué hacer ni a qué atenerse aunque se empiezan a ver vestigios de tomar el toro por las astas. Destruyen, desde las cosas hasta las relaciones; y todo lo que hablan es inconcebible puedan decirlo, por falta de sustento en cualquier materia dedicada a la cosa pública.

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Llevamos catorce meses de desaciertos y bochornos adentro y afuera. Y para muestra, basta con el último botón. El ridículo fracaso adjunto que han dejado a su paso por tierras europeas, sin nada o muy poco de lo que a último momento quisieron construir para las graderías. Y nada por aquí nada por allí. Y hay que decir que no les han dicho lo debido porque está Argentina de por medio. Mal que les pese. Porque a pesar de un montón de personajillos, Argentina pesa. Y no es por hoy ni hace un rato. Aunque lo peor se dilata desde un cuarto de siglo. Y Europa y el mundo esperan despierte la Argentina de siempre, sin entender la imagen actual que no se tiene en pie.

La Argentina de los grandes momentos se construyó a fuerza de integración y eso la hizo grande porque hombres y mujeres tuvieron conciencia de ser partícipes de esa grandeza y que el sudor fuera recompensado. Y de ese sueño hecho realidad salieron grandes hombres y mujeres; y algunos hasta deseados por otros países.Y ha habido grandes escritores, y premios nobel y trigo y vacas y autos y caminos y trenes. Trabajo e integración hasta hace algo más de veinte años en que se da comienzo y sin tropiezos, a la desintegración de libro, perfectamente ensamblada por gentecillas sin estructura intelectual niética.

Y en consecuencia cada cual desarticulado tira para su lado, algunos con más fuerza que otros ahondando en la diferencia, que ni siquiera eso ha de quedar pues gustan de nivelar para abajo. La verdad que para hacer lo que han hecho, incordiar a todo el que encontraban a su paso, bien podía haber sido vía streaming que tanto les gusta, al menos, para que los niños sean tontos y sufran sus cerebros. Y los del hemiciclo no se contagien a pesar de la vacuna entre gallos y medianoche. Por otra parte, iban en busca de la sonrisa y ni siquiera el Papa los ha casado, como si lo hizo otro Papa de mayor estatura, casando a los famosos peregrinitos del romance que habían caminado sin boato, con humildad y habiendo pecado con un beso; y sin salirse de madre. Algo que no se ve a diario. Aunque siendo los dos personajes argentinos, y uno presidente y el otro descendiente de Pedro, debería haber tenido mayor boato y merecido. Y porque buscaban la sonrisa perdida de lo cual son ambos partícipes necesarios del fracaso.

La Argentina no se merece veintitantos minutos y de mala gana, pero se lo han ganado a pulmón. Y al cabo solo se esperaba la foto, pues nada podía salir de esos píos aposentos porque todo está dicho y hecho desde el día de Habemus Papa, en que el espanto les atrapa. Por ende promesas además de la foto y esperar, que todo se andará que diría el segundo de los Felipes. Pero la gente igual ha quedado con un gusto amargo de boca, aunque ya sabía de qué iba el viaje montado a última hora y por las fotos. Y las apariencias surgen con cierta osadía de estas emocionantes charlas. O sea, los políticos, la gran mayoría, siempre muestran una apariencia y tal vocablo no es otra cosa que lo exterior, lo que parece y en consecuencia en la práctica se ve si se salvan las apariencias. Como esa mueca que algunos diputados se zurcen a la mañana y no se la quitan.

En catorce meses han desatendido a la población hasta el punto perverso de profundizar la incisión del próximo. Han llegado a vacunarse ellos en desmedro de la población. Y están contentos, y les importa tres pimientos haber atentado contra la población en lo que más duele que es la salud. Han dejado en la calle a la gente y están contentos. Han tirado a la basura a los jubilados y están contentos. Han llegado a un estado tal que las diarias ofensas que sirven en bandeja son dejadas de lado por la oposición, sin contestación, en una mirada irracional que nos llevará otra vez a lo peor y ya no hay vuelta atrás, porque la elecciones que habrá o no habrá, no son para jugar como se está haciendo, en un juego macabro por parte de los políticos, los unos y los otros, despedazando el tiempo.

Se trata de Argentina o la actual Venezuela. Curiosamente al oficialismo solo le queda el grito, pues al día de hoy no posee otra cosa salvo el miedo y por eso gritan pero no son fuertes. Son conscientes de su debilidad Y sin embargo, ahí anda el pasado malogrado cuando era una ilusión. Es inconcebible que a diario Macri salte al ruedo sin saber torear; curiosamente solo sabe y ha sabido cabrear al personal.

Otro tanto sucede con la gobernadora que se creía que basta con el rostro. No pueden con su genio. Pero ni él ni ella pueden seguir saliendo a la palestra porque el pasado se los ha comido; y cada salida rompe la oposición y otra vez trabajarán como cuatros atrás para la señora. Eso lo saben hacer bien.

Felipe Martínez Pérez.

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