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lunes, 19 de julio de 2021
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De esto y aquello

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Es curioso como los políticos al uso te cuidan de una cosa y te descuidan otra; o hacen hincapié en asuntos de poca importancia, sin considerar los que de verdad la tienen, sobre todo cuando son gobierno, y en consonancia con las políticas acordes a los tiempos que corren, en realidad, plenos de lastres y hueros de sustancia. Y por ejemplo recibir a pequeños grupos que pueden tener cierta importancia pero que no vienen al caso en las circunstancias actuales. En consecuencia les da por apoyar cuestiones muy particulares sin densidad social, tal el veganismo al que nadie se opone, y olvida que en el país de la carne la mitad del país es pobre y buena parte de ella pasa hambre. No le llega la carne y mucho menos una verdura o una fruta o un huevo.

Por otra parte pueden martillar con los mosquitos para que parezca que están en todo pero curiosamente los aerosoles no matan y al mosquito se lo sique matando con el aplauso; y por si no bastare el ministro del ramo es vegano lo cual no estaría mal si no fuera porque debe ocuparse básicamente de las vacas dado el país en que vivimos. O sea, un tanto grotesco dado que son muy combativos y gritones y en consecuencia da que pensar. Pero nada, que se puede equilibrar una zanahoria con una vaca. Otro de los asuntos diarios es contar muertos o asesinatos. Desde que se habla de femicidio hay más mujeres asesinadas porque las circunstancias sociales se han degradado de tal manera que la víctima pasa a ser la degradada y ni que decir si no es del palo y el victimario al rato sale de su problema sin importar si es grande o pequeño. La justicia se encarga, sola, con los nuevos adelantos éticos y morales de ser injusticia.

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Y al cabo resulta bueno el malo, y a la víctima le aseguran que el victimario no se acercará a su casa, por eso que llaman el perimetral, pero no falla nunca, termina violando lo prohibido al darse unos garbeos por la casa, y hasta después de incordiarla la matará; y un buen día, y pronto, se enteran que está suelto porque ha cometido otro crimen. Y no vaya uno a poner los puntos sobre las íes porque al punto te dejan sin punto. Sin embargo, creo hay que volver a los viejos cánones. Como antaño, las famosas tablitas en las puertas de las iglesias  iban los nombres de los indeseables para que todo el mundo supiera como se llama el malo. Que de alguna manera se sigue haciendo pero de forma vergonzante por ejemplo acallando al que molesta por pensar o ir en contra. Que no se hable de él ni mal ni bien; y llegada la ocasión y es necesario, mal solamente y acentuando. Y sin embargo,  lo tremendo es que hoy es tan malo el victimario como algunos defensores y en consecuencia se tumba a la víctima.

Y para cambiar esto propio de mentes mal entrazadas, se necesita que cambie la manera de pensar y actuar de la gente en general, pero sobre todo de los políticos en particular, y cada cual en su quintita, pues gracias a su manera de llevar adelante la política han dejado en comisión o por omisión que todo se venga al suelo, a la vez que han crecido los hunos, que ha vuelto el poderoso Atila; pero ahora divulgando y pagando con creces la destrucción. Y entre semejantes tristes asuntos, está por un lado la alteración de la historia, y borrarla cuando no se puede adulterar. Para ambas cosas son especialistas y con varias maestrías. Basta salir a la calle y observar. Tal  como se ve en España y Argentina donde desgobiernan los mismos, y vive y medra el descaro. Por ejemplo durante meses se han opuesto a la apertura de las escuelas y ahora ante lo inevitable se creen los salvadores de la educación. Eso sí, el trabajo sucio se lo dejan a algunos sindicatos; y al gobernador.

Pero la realidad me cambia  el sentido de la columna, pues ha llegado lo anunciado. He escrito hace más de doce meses que si politizaban el virus, éste se los llevaría puestos; y en eso estamos. Y he escrito en varias oportunidades que en esta Argentina, desde hace medio siglo ante cualquier suceso, sucede, que el que venga atrás que arree, que es muy español; y ambas frases vienen a cuento de las vacunas haciendo con ellas lo que solo mentes menguadas de moral pueden hacer. Birlar la vida a los otros, mientras los camporitas vacunan a los suyos y se vacunan entre ellos, y hasta con la V de la victoria en ristre para la foto porque son dioses y mandan. O sea la triste faena de mequetrefes y mozalbetes hueros, más los mandamás, también hueros, de todos los estamentos que bailan al compás del desgobierno.

Ya desde el primer día metían el miedo y no dejaban ni salir a caminar, quizás de esa manera no los veían a ellos caminar. Mientras el común sufría la cuarentena, ellos en nocturnidad salidos de madre, y sin barbijo. Cínicos e inhumanos perversos e inmorales, lo hecho, con los mayores. Porque señor jubilado en usted reside el futuro y pasa por su voto. Su voto son ocho millones. Con usted señor jubilado cualquier partido gana las elecciones. Supongo se ha dado cuenta que estos no solo le han robado parte de su jubilación. Se han reído de su vida en sus narices. Y ahora ha sido el otro, el de más abajo. Y resulta que ha sido todo el ejecutivo y el gabinete y los senadores y los diputados y los intendentes y los concejales y las secretarias y secretarios y los gremialistas y quienes con ellos andan. Y algunos incluso por entre las palmeras publicitando la vacuna que se aplicaban con las cámaras al frente. Y al cabo el acontecimiento de la inmoralidad. Y pretenden arreglar quitando al más tonto; que era ministro, casualmente.

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