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martes, 20 de julio de 2021
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De esto y aquello

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Por el Dr. Felipe Martínez Pérez

Llevamos un año hablando de lo mismo, más cuatro años antes hablando de lo mismo, más por lo menos otros veinte más hablando de lo mismo. O sea, hablando del dólar. Un dólar que siempre desaparece. Durante estos años que ya suma medio siglo, se lo han ido quedando ellos, los de siempre. Aunque hasta hace pocos meses, la verdad sea dicha, cualquiera podía comprar o vender, como debe ser, en consonancia con sus bolsillos y con su trabajo. Y ahora resulta que hemos llegado exhaustos a nadie sabe dónde,  sin dólares y sin pesos, que parece mentira pero es verdad; y todo lo que presenta este proyecto de nación es más lágrimas, y curiosamente una vacuna ideologizada. ¡Viva la patria!

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Se ha llegado a tal extremo, el distanciarse de tal manera de la realidad, que hasta el Estado sufre de ese estado causado por encumbrados estatales, que, como es harto conocido llevan medio siglo hostigando a la Argentina y medio siglo que el habitante común, el que quiere dólares y el que no, pero trabaja, se ha ido empobreciendo. Quizás el desastre sustentable, en principio lo ha sido por mala praxis, que es lo acostumbrado desde años y a años. Pero a lo último y viendo como echan al ruedo enfrentamientos enfurecidos y retrógrados, como todo planteo de la cosa pública, no cabe duda que solo rezuma perversión. Los economistas imberbes de edad y sin peso en el cerebro, entran con las posaderas al aire y salen con los dólares que los demás no pueden comprar; y ahora si es el país el que queda con las posaderas al aire.

     Da miedo pensarhasta cuando ha de subsistir este panorama, porque al cabo, mucho blabla y mucha bandera y tan campantes los unos y los otros, es decir, los elegidos del oficialismo y los elegidosde la oposición. Porque el problema es que al parecer unos no sirven para nada y los otros para poco. Y que nadie se enoje pues en el horizonte no se columbraotra cosa. Lo único que falta es que el acuerdo sea ese. Para no herir la democracia correcta y que los incorrectos no surjan. Y paralelo a esa costumbre indignante, a diario el expolio a los jubilados. Por supuesto desde hace tiempo. Y eso que se había arreglado algo con el anterior. Sin embargo, es curioso que en este desastre solo importa  que los últimos sean los jubilados; y la verdad que poco les interesa si viven o no. Para los politiquillos de siempre, es una ficha que mejor caiga cuanto antes. No hay que olvidar el famoso experimento de hace unos meses de sacar a casi nueve millones a la calle  con frío y pandemia y al alba.

Y dado como se va escorando el mundo, el jubilado padece un tremendo pecado; diríamos mortal, para entendernos. ES VIEJO. Pero aunque no se lo crean los acostumbrados a no trabajar, este jubilado ha trabajado, salvo claro, que haya sido político. Pero lo que de  verdad les duele y entra en su conocimiento, pasa por el hecho de que los viejos tienen memoria. No lo pueden tolerar. Un viejo es la memoria propia y de los demás. Un viejo honesto es su historia y la de de sus ancestros. Un viejo es memoria. Por eso, estos políticos   amigos de mentiras y pucherazos desearían que los viejos de estos años a nivel mundial tuvieran metido en sus cabezas al famoso alemán. O sea,  la aterosclerosis de siempre. Eso es lo que les condena. Y durante una docena de años tendrán memoria; después vienen los contagiados. Un viejo argentino, a pesar de las continuas penurias conoce muy bien el pasado que quieren borrar. Y que quieren borrar y están borrando, quines nada saben del pasado. Basta entrar al baradelioclub.

Pensar y tener memoria es algo que pone  nerviosos a estos correctos que jamás se agacharon a darle un palo al agua. Que todos conocemos personajillos que nunca han trabajado en algo, salvo de políticos; y que cuanto peores son mejor les va. Y si son más o menos jóvenes, se espera de ellos, que hagan trizas la nación que les vio nacer.Así como lo lee. Porque esto es algo que está escrito.Y en definitiva hemos pasado del cuento de cuidar al jubilado a descuidarlo del todo. El economista más los tres poderes del Estado,con los impuestos al trabajo y al mérito le ha dado el golpe de gracia al jubilado. Que ganas les tenían, pues al parecer parece que votaron al anterior. Pero en definitiva no pueden vivir sin odiar al jubilado. Hay que suponer  que no tienen padres, que vienen de un berzal. Y entran a la política a robar al jubilado subiendo los peldaños de ambas instituciones y al cabo no falla, y cuando llega el descalabro, o sea, siempre, terminan sacando el dinero de las Cajas de los jubilados.

Como ahora. Que los viejos le han prestado al joven economista y sucedáneos. Odian que hayan trabajado y que vivan. Ya  quisieron hacerlo en la pandemia dejando de lado a los viejos, y los amigos españoles lo consiguieron y ahí están y son gobierno. Al punto que el vicepresidente de allí, el de la coleta, a pedrada limpia y entre tantas, esos “viejos de mierda que se mueran”; al menos, por aquí, al parecer no se ha llegado a tanto.  Del bienestar se ha pasado al malestar. No hace falta ser muy avispado, basta leer los diarios con los mismos titulares de siempre. Había uno el otro día  “Señales al FMI. El gobierno avanza con medidas de ajuste”, que significa que usted tiene que pagar los platos rotos, Sin embargo, una legislatura sale o salía mil hectáreas. Cuantos miles y miles de hectáreas han surgido de la traición a la patria. Medio siglo sin aviones sin trenes sin carreteras sin fábricas. Nada  no hay nada. ¿Entonces el dinero dónde está? Pues el que esta con la vaca se toma la leche.

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